junio 29, 2009

El hombre que salvó del caos a Internet

El hombre que puede haber salvado a Internet del caos cibernético total es un informático de 29 años de Seattle llamado Dan Kaminsky. En febrero, por pura casualidad, se encontró con un error en el sistema de asignación de direcciones de Internet del que todavía no quiere revelar demasiados detalles. “Es pronto –dice–. Primero quiero que el problema se haya solucionado a gran escala y luego descubriré los detalles.”

Lo que Kaminsky descubrió es un error de dimensiones titánicas, presente en la red desde el mismo día de su nacimiento formal en los años ochenta, que permitiría a cualquier hacker, o pirata informático, secuestrar la libreta de direcciones web, conocida como Sistema de Nombres de Dominio, y redireccionar el tráfico de Internet a sitios falsos en los que se podrían hacer con datos valiosísimos, como números de cuentas bancarias, datos privados o contraseñas personales. Cuando lo descubrió, Kaminsky, director de Penetración de Pruebas de Seguridad en la consultora IOActive, decidió colaborar con dos frentes.

“Primero me puse en contacto con los grandes proveedores de Internet y luego con el Departamento de Seguridad Interior”, explica. “La respuesta de ambas partes fue magnífica.” El 31 de marzo se reunió con representantes de los 16 grandes de Internet de Estados Unidos en el cuartel general de Microsoft en Redmond, en el Estado de Washington. “Les expuse la situación y decidieron que no había más opción que cooperar y trabajar conjuntamente en parches de seguridad idénticos, para evitar una catástrofe”, contó.

Este investigador avisó también al gobierno, a través del Equipo de Emergencia y Respuesta Informática del Departamento de Seguridad Interior. Colaborando con Kaminsky, estos agentes del gobierno de Estados Unidos revelaron la existencia de este fallo el pasado 8 de julio, y advirtieron que “el tráfico web, el correo electrónico y otros datos importantes de la red pueden ser redireccionados bajo el control de los atacantes”.

En ese momento, Microsoft, Cisco y otras empresas proveedoras de Internet comenzaron a proporcionar sus parches de seguridad, como descargas y actualizaciones automáticas de los sistemas operativos. “Que el gobierno haya tomado cartas en este asunto y que lo haya hecho de este modo revela la gravedad del asunto”, explica Kaminsky. “Además, es la primera vez que las grandes empresas de la red se coordinan de esta manera y trabajan de forma conjunta y a marchas forzadas”, acota.

Por supuesto, ésta no es la primera ocasión en que se descubre un fallo en la red. “Pero hasta ahora, los hackers eran capaces de atacar los terminales. Podían secuestrar tu computadora, podían hacerse con el control de una red”, añade. “Pero ahora, lo que hemos descubierto no es un fallo local, sino un gran envenenamiento de la red a través del cual estas personas podrían secuestrar todas las páginas web, aprovechando un agujero en la libreta de direcciones de Internet, su banco de datos primordial.”

Muchos son los casos de ciberterrorismo que se viven a diario. A principios de julio, los servidores de Icann, organización no lucrativa que administra las correspondencias entre nombres de páginas web y direcciones IP, fueron atacados por un grupo de hackers turcos autodenominados NetDevilz, o Diablos de la Red.

Kaminsky prometió revelar más detalles sobre su descubrimiento “cuando la resolución del problema esté más avanzada”. Lo hará mañana en la conferencia sobre informática Black Hat, la mayor del mundo en materia de seguridad cibernética. Su testimonio se podrá seguir en directo a través de la dirección blackhat.com.

El masivo fallo descubierto, que todavía contamina a millones de computadoras en todo el mundo, puede ser detectado por los usuarios. Kaminsky creó una página web en la que pueden comprobar si su computadora es vulnerable. En doxpara.com se accede a un botón denominado check my DNS. Si el internauta confirma que su nombre de servidor es susceptible de ser atacado dispone de una solución fácil de implementar.

La página web opendns.com creó una red entre Estados Unidos y Europa en la que se proporciona un sistema de nombres de dominio blindado. Es, en otras palabras, un listín telefónico alternativo al que no afecta el fallo descubierto por Kaminsky. En esta dirección se ofrecen, de forma gratuita, dos direcciones de servidores de nombres de dominio seguras: 208.67.222.222 y 208.67.220.220. Ambas se pueden introducir en la correspondiente casilla en las Propiedades de Protocolo de Internet de cualquier computadora.

David Alandete / El País de Madrid.
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Dejate de Joker

Es posible que Batman, el caballero de la noche sea la más ambiciosa de las muchas películas de superhéroes filmadas y estrenadas en las últimas dos décadas. Si las historietas de los paladines de la justicia más conspicuos y perdurables nacieron y a menudo funcionaron como reflejos y productos de sus tiempos, la segunda versión cinematográfica del hombre murciélago diseñada por el director Christopher Nolan es lo más explícitamente político que se haya hecho con el personaje. Una película que nos enrostra como ninguna otra sus aspiraciones de artefacto cultural importante, su perfecta autoconciencia de que esto es mucho más que un juego evasivo para nenes. De ser signo y marca de su época.

Y no es que la película esté siempre a la altura de sus propias ambiciones, pero hay que concederle al menos una cosa: la mayor parte del tiempo consigue ser perturbadora en sus ideas y –un poco menos– en su forma de exponerlas. The Dark Night –ése es su título original– es algo así como la evolución final de un personaje que en 69 años de historia ha sufrido muchas vueltas, infinitos giros y renacimientos, y en especial muchos retrocesos; y a la vez es una suerte de regreso a su punto de partida. Algo se intuye en las escenas iniciales de la película, cuando se hace presente en la escena del crimen un tipo vestido de traje de goma y capa oscura y manejando un arma de fuego, y que no es Batman sino uno de los muchos imitadores que –entre Batman inicia y esta continuación directa– salieron a hacer justicia por mano propia. “Vigilantes” nocturnos probablemente tan locos como el superhéroe cuya imagen tomaron prestada, pero con mucha menos preparación. Es apenas un detalle argumental que después no se desarrolla, pero que alcanza para establecer el estado de situación y la atmósfera espesa que cae sobre esa Chicago retro-futurista que es Ciudad Gótica: la densidad de una sociedad enferma de violencia, paranoica, permanentemente en estado de alerta y al borde de una histeria explosiva. Y a su vez remite al primer Batman del historietista Bob Kane, el que apareció en las páginas de la revista Detective Comics a partir de mayo de 1939: un sujeto vestido de rata voladora que sale por las noches con una pistola cargada y dispuesto a usarla. Un escuadrón de la muerte de un solo hombre.

Mi noche triste

Aunque nació como encargo de una editorial que buscaba capitalizar el éxito de Superman (creado apenas un año antes), aquel hombre murciélago original fue menos deudor de la ciencia ficción de su época que de la literatura policial de consumo rápido y barato, un género que había encontrado su lugar entre las angustias de la década que arrastró los coletazos de la Depresión. El personaje en principio solitario, delineado por Kane con la asistencia (insuficientemente acreditada) del guionista Bill Finger, fue un éxito, y el año siguiente tuvo su propia revista, pero en una versión un poco aligerada. Ya había sido ablandado por la incorporación de Robin, que le daba al psicópata nocturno alguien con quien hablar, evitándoles a los guionistas tener que englobar (poner en globitos) cada uno de sus soliloquios mentales, y a la vez haciéndolo un poquito menos demente, más accesible para la identificación con el lector. Los tiempos duros siguieron, y al terminar la Segunda Guerra las editoriales, lejos de permitir que sus comics canalizaran el nuevo repertorio de temores y ansiedades de toda una generación, decidieron reformularlos como un espacio de evasión. El resultado (sumado al Comics Code que impuso una autocensura generalizada) fue cierta infantilización del medio, cuyos argumentos se perfilaron cada vez más hacia la ciencia ficción y la especulación fantástica más ingenua. Para los años ’60, muchos superhéroes empezaron a cotizar en baja: en ese contexto fue posible que la primera encarnación de Batman para el cine o la televisión, desde los tempranos seriales estrenados en 1943 y 1949, fuera esa parodia pop que devino uno de los programas de culto más recordados de la televisión norteamericana, pero que a la vez pareció acabar para siempre con toda posibilidad de volver a tomarse en serio al personaje. La serie con Adam West y Burt Ward, que se extendió a razón de dos capítulos semanales (siempre “a la misma batihora y por el mismo baticanal”) entre 1966 y 1968, era brillante, no sólo en sus colores y en sus diseños de arte psicodélicos sino también por sus guiones, que seguían funcionando como una fantasía paladinesca para los chicos más chicos, y simultáneamente como comedia para los adultos, tematizando los desbordes de la imaginación tecnocientífica de su época, pero con un evidente optimismo y fe en el progreso y en la humanidad, aunque todavía no hubieran transcurrido tres años desde el asesinato de JFK, y en una década con no pocas convulsiones políticas y sociales. El mundo criminal quedó, al menos por dos años, reducido a una pandilla de coloridos chiflados que en el fondo no eran más que asaltantes de bancos y ladrones de joyas con cierto gusto por los gestos teatrales.

Mientras tanto, las historietas hicieron lo que pudieron para mantener una franquicia moribunda lo suficientemente “seria”, pero no fue hasta entrados los ’80, después de dos salvajes ciclos de reaganomics, que un par de guionistas consiguieron devolverle al tipo de las orejas puntiagudas algo de la negritud de sus orígenes. En 1986, el dibujante y guionista Frank Miller (el responsable de las historietas Sin City y 300) creó la serie El regreso del Señor de la Noche, que junto con Año Uno (1987) y The Killing Joke (1988), del guionista Alan Moore (el creador de al menos tres “novelas gráficas” adultas: Watchmen, V de Vendetta y Desde el infierno), relanzaron al personaje. Habían hecho falta casi 50 años, atravesar toda la Guerra Fría y que el alerta se volviera una vez más hacia adentro, hacia las calles y la economía doméstica, para que Batman, el vigilante callejero, volviera a recobrar su razón de ser. Las amenazas externas siempre fueron, en todo caso, un trabajo para Superman, afincado en Metrópolis, pero ciudadano del mundo; las motivaciones de Bruno Díaz están arraigadas en la mugre cotidiana.

Entonces, con esos nuevos referentes de historieta a mano, la Warner finalmente produjo la primera película de Batman para un público más o menos adulto; y Tim Burton pudo desplegar su pasión por el diseño de producción dark, pero esencialmente inocente alrededor de Michael Keaton y Jack Nicholson. La película de Burton era irremediablemente nocturna: cuando no es de noche en Ciudad Gótica, el cielo está nublado; y el disfraz de su personaje le permitía moverse a discreción en las sombras. Burton logró capturar el rediseño visual del personaje, la oscuridad circundante como proyección de una oscuridad interior insondable. Aunque no dejaba de ser una negrura de diseño, de dirección de arte, puramente estética, en esta película empezaron a definirse algunos detalles conceptuales que perdurarían en cada una de las siguientes versiones cinematográficas: el batidisfraz como suerte de armadura a prueba de balas, y el batimóvil como vehículo blindado, porque ya no se trata tan sólo de tiempos criminales; hay una guerra en las calles.

Batman vuelve (también de Burton, 1992) ahondó un poco en esa senda: el enmascarado ya no está acá para meter presos a unos cuantos pandilleros sueltos más o menos maníacos sino que va en busca del crimen organizado. Y el crimen a gran escala es el que teje alianzas con el poder político: el inescrupuloso empresario Max Shreck (Christopher Walken) le inventaba al Pingüino (Danny DeVito) una carrera de funcionario público, con la meta de incrustarlo en la intendencia y así tomar por asalto Ciudad Gótica a través de sus negociados espurios (ladrón de guante blanco, proveedor de la patria contratista, el maquiavélico plan de Shreck consistía en robarle a la ciudad su suministro de energía eléctrica para después revendérselo más caro). El verdadero crimen es la corrupción de alto nivel, entretejida con las redes burocráticas del Estado.

Después de los dos despropósitos del director Joel Schumacher (Batman eternamente y Batman y Robin, con Val Kilmer y George Clooney, respectivamente), que volvieron a sumir al personaje en un ridículo sin fondo, la saga debió ser reanudada, una vez más. Christopher Nolan, que venía de hacer Memento y Noches blancas, devolvió al personaje a sus tiempos: si, al igual que la Ciudad Gótica de Burton o incluso todavía más, la nueva y caótica urbe tiene bastante de la Chicago años ’40, Batman inicia (2005) fue una película insoslayablemente post 11 de septiembre. Batman inicia creó un mundo repleto de freaks peligrosos e intentó saldar cuentas abiertas desde los comienzos del personaje, interrogándose sobre el origen de esos freaks, dedicándole un rato importante al trauma originario del héroe freak (Bruce Wayne/Bruno Díaz, en su infancia, testigo del asesinato a sangre fría de sus padres), y preguntándose por todos esos juguetes hi-tech que hasta entonces dimos por sentados: ¿cómo hace para fabricarse el batimóvil, el batitraje, la baticomputadora, sin exponer su doble identidad? La respuesta está en un departamento marginal de las Wayne Industries consagrado a desarrollos científicos militares. Las cosas se vuelven menos cool y más funcionales, utilitarias: en lugar y bien lejos del batimóvil con súper onda de los ’60, entra en escena un pequeño tanque todo terreno, apto para la guerra en el desierto como en el asfalto. Lo mismo vale para su nueva armadura negra, con sus alas de kevlar que se extienden para permitirle volar. También se les provee a los padres de Bruce Wayne una enorme conciencia de clase: proveniente de una familia que ha sido multimillonaria por al menos seis generaciones, el padre de Bruno Díaz educa a su hijo en las injusticias distributivas del capitalismo, le señala a aquellos que han nacido sin sus privilegios y la necesidad de hacer siempre algo por ellos. Un elemento central de Batman inicia es el monorriel que provee un sistema de transporte y comunicación económico, moderno y popular alrededor del cual se organiza la urbe y que, se nos informa, nació de un proyecto de Wayne padre. La fatal ironía de la historia es que a los padres de Bruce los mata justamente uno de esos desarrapados a los que intentaba ayudar en esa sociedad golpeada por la depresión. Y hay más: las explicaciones siguen acumulándose a medida que avanza la película. Si siempre pudo sonar un poco arbitrario que un personaje con semejantes poderes (nunca sobrenaturales sino económicos, tecnológicos, de recursos informativos y de formación intelectual y física) se dedicara a combatir el crimen tan sólo en una ciudad, ahora Ciudad Gótica ya no es una pequeña gran urbe sino la capital misma de la maldad, la corrupción, la podredumbre humana; donde la policía está comprada, donde no quedan instituciones sanas. Una secta milenaria que se hace llamar La Liga de las Sombras, con su ejército de ninjas liderado por un tal Ra’s Al Ghul y que se autoadjudica la prerrogativa de mantener a raya el mal en el mundo (“incendiamos Roma, incendiamos Londres; a Ciudad Gótica intentamos destruirla a través de la economía”), planea hundirla en el terror y borrarla del mapa. Con un plan secreto e invisible: envenenar el aire y el agua con un alucinógeno capaz de desquiciar a toda la población. Aquella primera película de Nolan hizo del terrorismo –y el gas venenoso particularmente, tres años después de la paranoia del ántrax– una presencia explícita y una referencia obvia a terrores contemporáneos.

La nueva película retoma las cosas exactamente donde las dejó aquel inicio: el teniente –todavía no ascendido a comisionado– Gordon (Fierro para los seguidores de la serie televisiva) le da las gracias a Batman por evitar la hecatombe, pero se permite dejarle una inquietud: ahora que las autoridades han debido valerse de una pequeña gran ayuda parapolicial para detener un poco el caos, ¿qué pasará con la “escalada” entre justicieros y criminales? Armas cada vez más grandes y poderosas, explosiones más destructivas, ambos bandos subiendo la apuesta. Nolan pareció decidido a hablar –como no lo hicieron las resurrecciones de Superman, ni de Hulk, ni de Spiderman– bien directamente del Occidente contemporáneo, de sus terrores internos, su todos contra todos y la falta de una respuesta institucional sólida, a partir de una línea argumental casi tan vieja como la propia historieta de Batman: la del payaso terrorista.

EL PAYASO TERRORISTA
El Guasón, el Joker de Batman, el caballero de la noche, es, sin vueltas, un terrorista. Y lo que es más importante todavía en medio del virus que ha obligado a inventar orígenes y explicaciones a todo y a todos (superhéroes extraterrestres, freaks urbanos, monstruos verdes, caníbales) en el Hollywood actual: es un terrorista fabricado puertas adentro. Podría ser el tipo que un día entró a la universidad decidido a vaciar su ametralladora sobre sus compañeros y sus docentes. A este Joker no le interesa el dinero: apenas lo usa para fabricarse chascos más grandes y más siniestros, para seguir provocando terror. Hay una escena muy elocuente en la que junta una enorme montaña de dólares, la usa de colchón y luego le prende fuego. Lo que busca el Guasón es desestabilizar; hacer estallar lo que ya está latente entre la ciudadanía. En un par de momentos de resonancias demasiado obvias, el Guasón comunica sus amenazas con videítos de baja resolución, acaso a lo Al Qaida. Ya no es el

freak que se crea mutuamente con Batman sino un tipo con una historia personal terrible, pero perfectamente cotidiana (al parecer, papá era un tipo violento), que es peligroso porque, como un hombre bomba, se comporta como si no tuviera nada que perder. El modus operandi del Joker consiste en poner a civiles contra civiles: “Hacelos tener miedo un par de días y vas a ver cómo se matan entre ellos”. El guión de El caballero de la noche juega con la misma tesis de la reciente La niebla, la película de Frank Darabont basada en un relato de Stephen King, en la que un grupo de personas queda atrapado en un supermercado, rodeadas por una neblina que oculta una amenaza que no alcanzan a distinguir, y entre quienes enseguida surgen recelos y se forman facciones, y antes de que hayan pasado siquiera dos días, ya asoman los fanáticos religiosos desesperados, capaces de reclamar sacrificios humanos para salvarse. Pero (la de Batman es una franquicia muy grande que está generando películas demasiado caras como para animarse a ser condenada por misántropa), a diferencia de La niebla, El caballero de la noche no lleva su oscura, peligrosa propuesta hasta las últimas consecuencias.

LAS ULTIMAS CONSECUENCIAS
Un aire de gravedad recorre todas estas instancias de Batman, el caballero de la noche, una película desprovista de todo sentido del humor (con algunas excepciones a cargo del Joker), la más oscura que se le ha dedicado al personaje. No se propicia ninguna simpatía por los personajes del “bando del bien”; Batman está cada vez más aislado del mundo, frío, insoportable; todo el tiempo parece proponerse la posibilidad de que se está volviendo loco y peligroso, quizás hasta fascista, y de que esté a punto de perder el control y de ponerse por encima del resto de los mortales. Nolan eleva la apuesta poniéndole un villano a su medida. “No quisimos hacer todo de noche”, dijo en una entrevista. “Si Batman controla la noche en Ciudad Gótica, entonces el Joker es mucho más peligroso de día, y por lo tanto las escenas diurnas se vuelven mucho más amenazantes y más interesantes. ¿Cómo hace Bruce Wayne para lidiar con todo esto también durante el día?”

El otro gran tema del nuevo Batman es el fin de las instituciones. A falta de una respuesta efectiva por parte de las autoridades, aparecen por todos lados justicieros individuales que se mueven al margen de la ley. Entre policías comprados por la mafia y alcaldes que parecen atados de manos, el comisionado recurre a uno de estos psicópatas de doble personalidad como si lo tuviera a sueldo (¡la batiseñal!). En El caballero de la noche se presenta al personaje del fiscal Harvey Dent (actuación consagratoria de Aaron Eckhardt), que en plena campaña, dice algo así como: “Cuando recuperemos la paz civil y volvamos al orden, ya se ajustarán cuentas con Batman por todas las veces que violó la ley; pero mientras tanto, es lo mejor que tenemos”. Dent es, a su vez, el Caballero Blanco de Ciudad Gótica, el hombre en el que la ley ve una esperanza, una posibilidad de devolverle la administración de justicia al sector público. Hasta Bruce Wayne ve en Dent alguna chance de retirar a su otro yo de una buena vez, lo que lo decide a bancarle su campaña política. Pero antes queda un pequeño trabajo por hacer: retirar al payaso terrorista de las calles. Para eso habrá que violar una o dos reglas más: a sus batijuguetes, Batman suma esta vez un “sonar” que le permite guiarse en la oscuridad, pero que además opera como un sistema de vigilancia panóptico, a través de la red de comunicaciones por telefonía celular de Ciudad Gótica. En otras palabras: sí, Batman puede, si quiere, escuchar las conversaciones privadas de todos sus conciudadanos. Su experto-en-tecnología de confianza, Lucius Fox (el tipo que le proveyó el batimóvil, el batitraje y el resto de sus baticosas, interpretado de vuelta por Morgan Freeman), le advierte que esta vez está yendo demasiado lejos; que su nuevo artilugio implica la concentración de demasiado poder en una sola persona. Y aunque Batman insiste en que es sólo por esta vez, en que es por un bien mayor, su discurso suena conocido: “Para defender la libertad y el bienestar de los habitantes de Ciudad Gótica es necesario violar algunos de sus derechos básicos, como el de su privacidad”. Corren tiempos de guerra, y Batman se está volviendo más Halcón que murciélago.

Una carta marcada

Si es cierto aquello de que una película es tan interesante como lo es su villano, Batman, el caballero de la noche va por el podio de las películas de superhéroes. The Joker, El Guasón, apareció por primera vez en el número 1 de la revista Batman, en abril de 1940, y lleva casi siete décadas sobreviviendo a todos los cambios y las versiones que jalonaron la saga, mostrándose a prueba de chistes malos y reinvenciones serias con cara de poker.

Durante mucho tiempo, tres personas se disputaron su autoría: Bob Kane, Bill Finger (respectivamente, el creador de Batman y su co-creador no acreditado) y el dibujante Jerry Robinson. Su imagen original estuvo directamente inspirada en la caracterización del actor alemán Conrad Veidt (el mayor Strasser de Casablanca) en la película muda de 1928 The Man who Laughs, adaptación de la novela de Victor Hugo en la que el protagonista lleva una sonrisa permanente que el rey de Francia le ha marcado con violencia en la cara. El único aporte de Robinson al personaje habría sido el naipe con el comodín que el Joker deja a modo de firma cerca de sus víctimas mortales; o al menos eso decía Kane en los ’90 para terminar con el mito sobre la paternidad del personaje. Aunque no son pocos los que consideran que Kane era un auténtico ladrón que jamás accedió a compartir crédito con sus colaboradores.

En sus primeras apariciones, el Guasón dejó más de 35 cadáveres. Desde aquella historieta inicial fue retratado como un sociópata, un asesino serial que mata por diversión, dejando los rostros de sus víctimas paralizados en una grotesca sonrisa. Pero el Comics Code que censuró las historietas en Norteamérica en los años ’50 forzó a los editores de la serie a volver menos peligroso al personaje, cuyos rasgos más siniestros fueron entonces suavizados hasta convertirlo en la figura mucho más vulgar de un asaltante con un par de señas de identidad propias. Se le han dado varios orígenes, pero el más recurrente es ese en el que cae en una pileta de desechos tóxicos que deja su rostro blanco, su cabello verde, sus labios rojos y en esa mueca fatal permanente.

El primer actor que encarnó al Joker fue César Romero en la serie camp de los años ’60 (y en la película que se hizo en el ’66 con el reparto televisivo). Romero interpretó a su villano con la misma convicción que le hubiera entregado de haberse tratado de una serie policial adulta en vez de un programa paródico, haciendo evidente la potencia dramática del personaje. Su risa histérica, su sonrisa imborrable (sobre la que, en los primeros planos, podía detectarse el bigote anchoíta que el actor se resistía a afeitarse, debajo del maquillaje blanco), sus movimientos de muñeco maldito: todo lo convertía en el mayor y más temible de los freaks disfrazados a los que el bueno de Batman debía hacer frente ayudando a un departamento de policía que parecía no servir para nada. En los años ’70 comenzó el ciclo de resurrecciones viñeta a viñeta que intentaron devolverle su espesor inicial: primero fue The Joker’s Five Way Revenge (guión de Dennis O’Neil y dibujos de Neal Adams, dos responsables de toda una etapa más o menos seria del “encapotado”), en donde se lo mostró como un maníaco que asesina un poco al azar, y se le confirió una mandíbula puntiaguda destinada a darle un perfil tenebroso. Más tarde, El regreso del Señor de la Noche (The Dark Night Returns, 1986, de Frank Miller) lo proyectó al futuro: recién salido del hospital psiquiátrico, el Arkham Asylum, el Guasón se declaraba curado y reformado en público para, apenas después, sembrar de bombas un parque de diversiones lleno de nenes. En La broma asesina (The Killing Joke, 1988, del guionista Alan Moore y el dibujante Brian Bolland) se redefinió el origen del personaje: “A veces –dice el Guasón sobre su propio trauma originario– lo recuerdo de una manera, a veces de otra. Si debo tener un pasado, prefiero que sea multiple choice”. El inglés Moore, que hizo su aporte desde la Inglaterra del thatcherismo y los altos niveles de desempleo, retrató al Joker como un comediante de stand up fracasado y que, con un hijo en camino y ahogado por sus penurias económicas, acepta un encargo presuntamente menor de una banda criminal: el golpe a una fábrica de naipes cuyo acceso es a través de un laboratorio. Todo lo que puede salir mal sale mal y, en plena fuga de la ley, se produce el accidente en el tanque tóxico que lo deforma de por vida. Lo fundamental es que el personaje es humanizado al conocerse su historia previa: “Lo único que se necesita para reducir al hombre más cuerdo del mundo a la locura, es un mal día. ¿Vos tuviste un mal día una vez, no es cierto? Tuviste un mal día en el que todo cambió”, le dice el psicópata a su contraparte vestido de murciélago.

Cuando Batman volvió al cine por primera vez en más de dos décadas y con estas historietas trágicas (y Año 1, de Miller) como referentes cercanos, el primer villano invitado fue, inevitablemente, el Guasón. El guión de la película de Tim Burton (1989) sumergía a Batman y a su archinémesis en una calesita psicologista al crearles orígenes cruzados: cerca del final, en un flashback, se nos revela que así como Batman es en parte responsable por el accidente del Guasón en la planta química, fue el Guasón quien, años atrás, cuando era un joven delincuente callejero, mató de dos tiros a los padres de Bruno Díaz. El Joker de Jack Nicholson conseguía ser perturbador –mucho humor negro y esa sonrisa acentuada por la cara de asco que el actor venía entrenando desde El resplandor, de Kubrick–, pero corría con desventaja: nunca dejábamos de ver a Jack Nicholson detrás del maquillaje. En eso Batman, el caballero de la noche encontró algo enteramente nuevo: Heath Ledger –en la última actuación que llegó a completar antes de morir por sobredosis de tranquilizantes, en enero pasado– realmente desaparece en su personaje. Inspirado, se dice, en el Alex de La naranja mecánica y en Sid Vicious, de la historia previa del Joker sólo conocemos la versión que él nos cuenta –que papá, de chico, le habría abierto con un cuchillo esa sonrisa de la que no pudo descansar nunca más– y apenas atisbamos su cara lavada en un único plano. La versión para la prensa cuenta que Ledger realmente se obsesionó por sacar adelante una creación original y que se encerró en una habitación de hotel por un mes tratando de encontrar gestos y una voz propia. Y los resultados están a la vista. Es el primer Guasón que no está sonriendo todo el tiempo, pero que tiene permanentemente presente su desfiguración: Ledger se esmeró en cada uno de sus pequeños tics, como el de pasarse la lengua por los labios, como si la mueca violenta que porta en la cara le resecara la boca todo el tiempo. Su Joker está en sintonía con las aspiraciones “realistas” de Christopher Nolan; menos circo colorinche y más locura verdadera. Un Guasón que no quiere dinero, no quiere un puesto político; un fundamentalista del Mal que sólo quiere destrucción; el producto de una sociedad violenta que quiere que esta misma sociedad se autodestruya. Un loco peligroso, como su mayor enemigo; pero en el fondo apenas más que un tipo con la cara y el pelo medio despintados; un anormal perfectamente normal. “El Joker para nosotros no tiene arco dramático, no tiene desarrollo, no aprende nada a lo largo de la película”, explicó Nolan en una entrevista. “Es un absoluto: atraviesa la película un poco como el tiburón de Spielberg; es antes que nada un catalizador de la acción, y la gente reacciona a lo que él hace. Para esto necesitaba un actor que no tuviera miedo, que estuviera completamente preparado para tomar un papel icónico y apropiárselo. Antes de que tuviéramos siquiera un guión, Heath Ledger me dijo que él podía hacerlo. Ambos lo vimos de la misma manera: un personaje enteramente consagrado a la idea de pura anarquía, al deseo de buscar el caos, de echar abajo todo a su alrededor sólo para su diversión.” Y un temerario que desdeña las armas de fuego con un argumento noble aprendido de su propia experiencia personal: de cara al cuchillo, las víctimas revelan, en el último instante, su rostro verdadero.


Mariano Kairuz
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Homofobia.com

Internet funciona como un espejo del mundo real, y un espejo amplificado, que como en un juego se repite hasta el infinito. Es decir: claro que hay homofobia en el mundo real. Por lo tanto, hay homofobia en Internet. Pero lo que la red permite es una ampliación del discurso de odio y una difusión que, en la gran mayoría de los casos, estos grupos o individuos no tendrían. Y aunque cada país tiene su odio incubándose, y en muchos casos expresado, los sitios con más frecuencia aparecen originados en países que hace poco han tenido una acción afirmativa hacia la comunidad gay. En este momento, gracias a la ley que aprueba el matrimonio entre personas del mismo sexo en España y Estados Unidos, sitios de ambos países arden de prejuicio y rabia, y se propagan; no debería sorprenderle a nadie que, además, estos sitios pertenezcan por lo general a grupos religiosos, en su mayoría cristianos evangélicos en pico de fanatismo exaltado.

Dios es odio

El sitio homofóbico más famoso de la red es www.godhatesfags.com

Y si no fuera por la red, es dudoso que sus fundadores hubieran podido conseguir su extraña celebridad fuera de Estados Unidos. Se trata, entonces, del sitio de la Iglesia de Westboro en Topeka, Kansas, organización religiosa cuya historia es tan retorcida que merece un cuento de Flannery O’Connor, por lo menos. Fue fundada en 1995 por el reverendo calvinista Fred Phelps, y casi la totalidad de los fieles está compuesta por la familia del ya anciano predicador, quien no les permite a sus devotos matrimonios fuera de la iglesia (son en total 71 personas, aunque algunos estiman que con algunos parientes más la cifra sería de 150). El principal enemigo de Phelps, desde sus inicios, fue la homosexualidad: parece que lo que lo enloqueció en su momento fue la actividad sexual de hombres gays en un parque cercano a su casa. ¿Fred se habrá sentido atraído? Como sea, el lugar de encuentro, que el reverendo visitaba en paseos, fue el disparador de la locura (así consta en un documental escalofriante sobre la iglesia llamado Fall from Grace). Desde que existe Internet, los de Westboro han lanzado una campaña espeluznante desde su sitio: para Phelps, toda actividad sexual fuera de la cama matrimonial es una abominación, pero yacer con alguien del mismo sexo directamente envía a los participantes al infierno y, para él, es un crimen que merece la pena de muerte. Su misión como ministro de Dios en esta tierra, cree Phelps, es hacérselo saber a los pecadores.

¿Cómo? Bueno, tiene varias tácticas, pero la más cruel es hacer piquetes en los funerales de hombres y mujeres gays. En muchos casos, sobre todo en los años ‘80, se trataba de gente que había muerto como consecuencia del sida (que, para Phelps, es por supuesto una maldición divina). Allí se paraban y se siguen parando, con sus carteles que dicen cosas como: “Dos derechos gays: sida e infierno” o “Cuando los maricas mueren, Dios se ríe”. No sólo hacen “protestas” en funerales de personas gays: también lo hacen en los servicios para aquellos que “promueven ese estilo de vida”. Hace seis meses, cuando murió el actor Heath Ledger (de 29 años), que interpretó a un vaquero gay en la película de Ang Lee, Brokeback Mountain, la iglesia de Westboro amenazó con aparecerse por ahí (el video de Phelps anunciando su acción e insultando a Ledger puede verse en http://www.signmovies.net/videos/signmovies/hih.html). El cuerpo fue enterrado en Australia, país natal de actor, así que la familia se ahorró este espanto agregado. Pero lo sufren demasiado seguido muchísimas personas anónimas en todo el país: hasta hoy, la iglesia ha gastado 250 mil dólares en viajes para sus piquetes.

Pero quizá lo más escandaloso no sea toda esta locura. Lo más escandaloso es que la iglesia de Phelps se hizo aún más “famosa” —es decir, alcanzó a los canales de televisión y consiguió varios documentales (uno puede verse en YouTube y se llama The Most Hated Family in America)— cuando comenzó a hacer demostraciones en funerales de veteranos de Irak. ¿Por qué los odia también Phelps? Porque odia a todo el mundo, y porque dice que el estado federal le puso una bomba en el patio para detener su prédica. Y porque está convencido de que Dios es un Dios de odio, tal como según él lo demuestra el Antiguo Testamento, y que no tendrá piedad con sus detestadas criaturas. Es sintomático que, recién cuando se trató de los jóvenes héroes soldados, la intolerancia de este anciano demente y su familia llegó a la televisión. Antes proliferaban las denuncias, pero los de Westboro se consideraban poco más que un chiste de mal gusto. Aunque están monitoreados por la Liga Anti-Difamación de Estados Unidos, que los consideran un grupo de “odio”, no se ha encontrado (o buscado) la forma legal de detenerlos.

La voz de la reforma

Y la Iglesia de Westboro además se encarga, por supuesto, de brindar asilo para quienes son rechazados por lo que ellos consideran “censura” a su libertad de expresión, mientras que quienes detienen sus discursos de odio sencillamente hablan de delito. Es el caso de Donnie Davis, un pastor de Houston, Texas, que además es músico y “homosexual reformado”. Tiene una canción llamada “The Bible Song” que fue rechazada por servicios online como YouTube o MySpace. La Iglesia de Westboro le prestó lugar, por supuesto. El sitio de Donnie se llama www.lovegodsway.org (“amor a la manera de Dios”) y él es un hombre de unos cuarenta años, de rostro redondo y bonachón; está un poco excedido de peso, toca la guitarra y sonríe todo el tiempo. Pero la canción de marras, escondida detrás de ese título genérico, tiene una letra que seguro hace las delicias del reverendo Phelps, y que fue el motivo de rechazo para su difusión online en los sitios más populares: “Dios odia a los putos / Si vos los sos, te odia también / Leé la Biblia, asegurate de entrar al cielo, no hay puerta de atrás / Jesús, el salvador, es el único hombre para mí”. En su sitio tiene una guía para padres donde los orienta sobre las bandas y músicos “gays” que deben prohibirles a sus hijos: ahí, en tierno montón, están desde los Rolling Stones hasta ¡Kansas!, pasando por The Cure (Donnie acota “usan maquillaje”) y Rufus Wainwright. Además tiene un programa de rehabilitación llamado C.H.O.P.S. cuyo subtítulo es “Cambiando a los homosexuales en gente normal”. No explica mucho el método, sólo dice que se trabaja con el testimonio y la plegaria. Predecible. Donnie, además, está un poco confundido. Su héroe es Oscar Wilde, de quien dice: “Fue un homosexual reformado. Vio sus errores en prisión, se arrepintió y murió como cristiano”. El pobre Oscar, malentendido una vez más.

Donnie Davis es lo que podríamos llamar un loco suelto, y su sitio es tan ofensivo como patético, y hasta gracioso. Pero hay otras organizaciones que tienen fuerte presencia y difusión en Internet que no son ningún chiste. Forman parte de la Mayoría Moral de Estados Unidos, la misma que tiene en jaque el derecho al aborto en ese país, la misma que hará muy difícil que se consiga la unión entre personas del mismo sexo fuera de los estados menos conservadores, la misma que defiende el derecho a portar armas, niega la evolución darwiniana y el calentamiento global.

Los lobbistas bíblicos

El sitio de la American Family News Network es www.onenewsnow.com y de lo que se encarga es de “traducir” las noticias para los cristianos del mundo de habla inglesa y de dar su propia perspectiva con columnas de opinión, y demás. El director es un canadiense llamado Fred Jackson, lo que viene a demostrar que esta suerte de integrismo cristiano no es exclusiva de EE.UU. Todo parece muy respetuoso, empezando por el sobrio diseño de la página. Pero basta con cliquear sobre alguna de las columnas especializadas en género para ver de qué va esta gente. Escribe en la última edición un señor abogado llamado Matt Barber: “Probablemente han escuchado la frase relativista que dice ‘el casamiento gay no le hará daño a nadie. ¡Vivan y dejen vivir!’. Bueno, no compren esto por un minuto. Recientemente, la Suprema Corte de California, con cuatro doctores Frankenstein vestidos con trajes negros, han soltado la paradójica abominación llamada ‘matrimonio del mismo sexo’ en el país. ¿No es la palabra abominación un poco fuerte? No, señor. Dios la usó. Y les voy a dar un ejemplo de por qué lo hizo. La ciudadana de Virginia, Lisa Miller, madre de una niña de seis años llamada Isabella, estuvo ‘envuelta’ en la homosexualidad por un corto tiempo. Por suerte encontró la libertad del destructivo modo de vida gay —como lo han hecho otros muchos— a través de una relación personal con Jesucristo; y hoy, junto a Isabella, es cristiana. Desde hace cinco años, Lisa e Isabella han estado intentando vivir sus vidas en paz en su casa de Virginia. Pero desafortunadamente no han podido porque el oscuro pasado de Lisa vuelve para atormentarla. Están siendo el blanco de un vicioso ataque legal de parte de militantes homosexuales. Escandalosamente, y gracias a la presión de estos grupos, la Suprema Corte de Vermont sentenció en marzo que Lisa debe compartir la custodia de su propia hija con Janet Jenkins, una mujer que, por un corto período de tiempo, fue la ‘compañera civil’ de Lisa. Jenkins no es familiar de Isabella, y es una extraña para la niña. A pesar de esto, la Corte le concedió visitas parentales. La pequeña Isabella, que le tiene terror a esta extraña y está comprensiblemente confundida por su bizarro estilo de vida, ha sufrido un tremendo trauma emocional. Incluso hay preocupaciones sobre su bienestar físico”.

No hace falta enumerar, porque están clarísimas, las infamias que incluye esta infame columna. Pero sí hay que aclarar que grupos como éste no son excepciones: son organizaciones con intereses y poder político que encuentran militancia y votos en los ciudadanos más conservadores e intolerantes; y hay que decir que consiguen ese poder con pasmosa frecuencia.

Otro grupo particularmente desagradable —porque, al menos, se podría esperar de ellas cierta solidaridad por género, pero ¡todo lo contrario!— son las Concerned Women of America, que están en www.cwfa.org. Traducimos: son las “Mujeres Preocupadas de América” y se ocupan de una amplia agenda pasmosamente conservadora y anacrónica, con especial énfasis en el tema gay. ¿Cuál es su estrategia básica? Demostrar que el movimiento y el activismo gay son un lobby de poder maquiavélico, y así dar vuelta el argumento que se esgrime contra estas organizaciones conservadoras: “Ellos son los poderosos, no nosotros”. (El movimiento gay de EE.UU. es muy poderoso, ciertamente, ¡pero eso no es algo malo!) Dicen, por ejemplo: “Los americanos que se identifican como gays o lesbianas son apenas el 3 por ciento de la población. Aun así el movimiento homosexual, liderado por grupos de presión extremista como la Campaña por los Derechos Humanos (HRC), representa, per capita, uno de los más poderosos y ricos lobbies políticos, con un presupuesto anual de 50 millones”.

Las mujeres no son las únicas que sorprenden por su falta de solidaridad. Una de las voces homófobas más clamorosas es la del reverendo Ken Hutcherson, ex jugador de los Dallas Cowboys —la homofobia en el deporte es tema aparte y merece su propia nota—, hombre de raza negra que lidera la iglesia Antioch Bible Search (http://www.abchurch.org/); hace poco amenazó con que sus fieles “abandonarían” los servicios de Microsoft porque la empresa acepta empleados homosexuales. En una nota le preguntaron por qué un hombre negro, teniendo en cuenta la historia de su gente, era homofóbico. Y dijo: “¿Usted vio a algún homosexual que tuviera que sentarse en la parte de atrás de un ómnibus, como nos pasó a los negros? Bueno, yo nunca vi ninguno. No se los discrimina”.

La homofobia, se sabe, no conoce de límites, ni de razones.

En la Madre Patria

Muchos arden de furia y odio en España. Claro, recién salió el matrimonio, que fue la excusa perfecta para darle voz a tanto resentimiento semiadormecido: han encontrado una causa. Sus voces se pueden encontrar sobre todo en el sitio http://hazteoir.org o “la web del ciudadano activo”. De tendencia católica furibunda, también tiene una pátina de sentido común que se desmorona ante una breve navegación. Llaman a protestar ante iniciativas como ésta: “El Ayuntamiento de Toledo promueve este año la ‘Semana del Orgullo Gay’ bajo el lema ‘Toledo entiende’, con un programa de actividades en el que se incluyen iniciativas orientadas a los niños y adolescentes, y con propuestas de actuación en el ámbito escolar. Envía al alcalde de Toledo tu más firme rechazo a esta iniciativa que atenta contra la infancia”. O hace una crónica de la marcha del orgullo gay de esta manera: “Veréis que hay ofensas a los católicos (alusiones a los curas, a monseñor Rouco Varela, a Su Santidad el Papa), al rey, al PP, a la familia. Y eso sin contar lo que no se ve: aparte de ‘carrozas’ desde las que sonaba a todo trapo ‘La Internacional’, o los ataques a gritos contra la Iglesia y sus miembros, o a la familia, a mí personalmente me llamó la atención una familia formada por, al menos, el matrimonio y un hijo de unos cinco años, al que se acercó una persona que desfilaba a decirle algo, y el padre de la criatura dijo a voz en grito: ‘Es gay’ (refiriéndose al niño) ¡Hasta ese punto llega el adoctrinamiento que propugna esta gente y sus simpatizantes!”. HazteOir se define como una organización civil formada por “amigos”, que pretende involucrar a la gente en la política. Aceptan donaciones con tarjeta de crédito, cheque o transferencia bancaria, y el sitio se traduce automáticamente al catalán, euskera, gallego, valenciano, portugués, inglés, francés, italiano, alemán, rumano, polaco, ruso, y hasta tiene versión para ciegos. Entre otros servicios, ofrecen un modelo para escribir cartas de lectores a diarios: automáticamente, desde el sitio, se envían cadenas de mails a 120 medios entre los que se cuentan El País, El Mundo, La Razón, ABC, La Vanguardia, El Periódico de Catalunya, 20 Minutos, Metro Madrid, La Gaceta de los Negocios, La Voz de Galicia, El Diario Vasco, El Correo Español, Heraldo de Aragón, El Norte de Castilla, La Voz de Asturias, y muchos más. La parte más escalofriante de HazteOir es, como suele ocurrir en Internet, el foro. Basta un ejemplo: un comentario de Roberto Baldini, miembro del foro que no se oculta bajo ningún anonimato, y escribe: “Lo dijimos cien mil veces: los niños criados por homosexuales (los pocos adoptados y los que provienen de paternizaciones fraudulentas —inseminación de lesbianas por sementales y arrendamiento de vientres por gays—) no salen monstruos, ni les crece el rabo o aparecen con un tercer ojo, pero de seguro tienen y tendrán graves problemas de conducta, adaptación, bajo rendimiento escolar, rebeldía, sexualidad reprimida (en los varones), sinergia sexual excesiva (en las niñas), mayor exposición para imitar conductas homosexuales y un relajamiento del tabú del incesto. Sólo la inhumana militancia del lobby gay puede someter a los niños a tal experimento envidiable por los ‘científicos’ nazis”.

Y todo esto dedicándoles apenas un párrafo a los bloggers homófobos, que proliferan como hongos y que son imparables. Algunos mantienen una fachada, como www.elentir.info, que es católico y publica textos titulados “Orgullo intolerante”, donde sólo pone foto de una marcha gay en la que se ve una pancarta que incluye la foto de un obispo en llamas... y linkea a los ya ubicuos HazteOir. Otros son más kamikazes, no permiten comentarios y sólo dejan su odio ahí, fermentando en el ciberespacio: es el caso del blogger peruano Fucking Life: “Esos malnacidos, y al decir malnacidos lo digo en serio, ¿gustarles alguien de su mismo sexo? Y, a veces, más patético aun, ¿vestirse como el sexo opuesto? Pero más me voy a referir a los maricones, no a las lesbianas, porque aunque igual son denigrantes, más odio y asco me causan los hombres que creen e intentan (de una manera grotesca, ridícula y deficiente) imitar a una mujer (llegando a ser una copia barata y mal hecha de una mujer). Y luego estos desgraciados hijos de la grandísima perra exigen respeto y tolerancia con desfiles más denigrantes y nauseabundos que pueden haber, cargando sus cartelitos y vestidos con plumas, tops, ¡shorts! ¡Exigiendo respeto! ¡Exigiendo respeto los muy hijos de puta! Los primeros que faltan el respeto a toda la población son ellos, con su forma de vestir y de actuar. ¿Acaso no se dan cuenta de que no son personas normales, y que más bien son la causa de un trauma sufrido en algún momento de su vida? Son sólo bodrios repulsivos e inmundos ante la sociedad”. ¿Un consuelo? El demente de Fucking Life también odia a los pobres, los “cholos”, la Iglesia, Dios y a los tarotistas; apenas postea desde febrero de este año y no permite comments, así que no intenten ir a darle una patada simbólica en la cabeza, porque tiene inhabilitada la interacción.

Mariana Enriquez
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La yegua y el montañista

En el banco, frente a las ventanillas, había tres colas y ninguna era muy larga, pero la de la izquierda estaba casi desierta. Era la que estaba disponible para los clientes VIP. Llegué y leí los tres letreros: VIP, Personas y Empresas. Hice un rápido repaso mental sobre mi propia condición y me paré en la de Personas. Delante de mí, último en esa fila, acababa de ubicarse un hombre alto, apenas canoso pero de aspecto juvenil, vestido con jeans y campera de montañista. Colgaba de su espalda una mochila de una marca muy cara, que le daba un aire de turista o extranjero; supuse que era un hombre de paso por ese microcentro atestado de mediodía. Ni tuve tiempo de pararme con todo el peso en una de mis piernas, que es lo que uno hace cuando se autoacomoda en una cola de banco atrás de una docena de personas. Llegó otro hombre, más viejo y trajeado, que sobre mi oído preguntó:

–¿Las tres colas son iguales? ¿Por qué en ésta no hay nadie?

El hombre alto con campera de montañista se dio vuelta y le dijo:

–Esa es para los giles que pagan quince pesos más por mes para que los atiendan más rápido.

–No me digas –le dijo el viejo trajeado, ubicándose en mi fila. Quedé hecha un sandwich entre ambos, lo cual no habría sido grave si los dos se hubiesen quedado callados como corresponde en una cola de banco, caray, que uno va al banco a hacer un trámite que siempre prefiere obviar, y en todo caso cualquier persona normal comenta o bien que el clima de Buenos Aires está tremendo, o bien que es una vergüenza que haya tan pocos cajeros en todos los bancos. ¿O hay acaso alguien en este mundo que se sienta a sus anchas en una cola de banco? Yo pensaba que no, pero me equivocaba. El montañista era un hombre que se sentía a sus anchas en todas partes, se diría que el mundo era suyo por la seguridad con la que hablaba, y también por el tono de voz elevado que hacía que todos escucháramos lo que decía. Sobre todo yo, que estaba hecha un jamón entre el montañista y el viejo trajeado. El montañista era una de esas personas que no pueden controlar su incontinencia verbal y cerebral. Y su flujo mental era tremendo.

–En Chile esto no pasa –le dijo el montañista al viejo trajeado. Era tan alto y yo soy tan petisa que el tipo ni siquiera tenía que hacer un mínimo gesto para mirar al viejo. Sencillamente, me salteaba.

–¿En Chile? ¡No! ¡Qué va a pasar! –dijo el viejo.

–¿Conocés Chile? –le preguntó el montañista, que debía tener unos treinta años menos que el viejo, pero que como se sentía tan seguro de sí mismo y era tan comunicativo, tuteó al viejo durante toda esa conversación, dándole incluso ánimo, con el tuteo, para que el viejo de-senrollara la lengua.

–Sí, estuve muchas veces en Chile. Tengo dos grandes amigos. Viven en Las Condes.

–Yo tengo mi oficina en Las Condes, mirá qué casualidad. ¿A qué se dedican tus amigos? Conozco mucha gente por ahí.

–Son generales. De carabineros.

–¡Ah, qué bien! ¡Generales! –dijo el montañista. Yo ya empezaba a mirar para el costado, a la fila que decía Empresas. Había menos gente. Un jovencito también trajeado y con una escarapela en la solapa revisaba unas boletas. Un cadete, seguro.

–Sí, son dos grandes amigos. Dos caballeros –dijo el viejo–. Si los paran con el auto, ¿vos te creés que sacan la credencial para presentarse como generales? Eso haría un milico de acá. ¡No! Primero escuchan si estuvieron en falta, escuchan con todo respeto y ojo, que los carabineros que los paran también son muy respetuosos. Por favor, señor, si es tan amable, tenga usted la amabilidad, ¿viste? Mucha educación.

–Típico de Chile, claro. Una educación increíble.

–Recién si les están por hacer una boleta o es muy necesario, ahí sí se dan a conocer. Pero no como acá, que todo el mundo saca chapa antes de tiempo.

–Es que este país es el peor del mundo, hermano –le dijo el montañista–. Y que me perdone si hay algún peronista presente, pero el cáncer de este país se llamó Juan Domingo Perón. No sé si estás de acuerdo –dijo, chequeando, aunque era evidente que su “que me perdone” era equivalente a un “me cago en que haya un peronista en esta fila”.

El montañista era, definitivamente, un camorrero. Y yo, que agarro no sólo los guantes que me tiran sino también los que se caen, me empecé a morder la lengua. Y eso que no soy peronista.

–¡Pero sí! –dijo el viejo, creo que sin haber prestado mucha atención a aquello con lo que estaba de acuerdo, incluso más allá de estar de acuerdo, porque estaba perdido en sus evocaciones–. Mis amigos son dos tipos de primera. Qué bien la hemos pasado cada vez que los fui a visitar. Fuimos a Valparaíso un verano.

–Las Condes es el barrio más fashion, diríamos –dijo el montañista, que estaba atrapado a su vez en su propio relato y al que era evidente que el hermoso verano del que amenazaba hablarle el viejo le importaba tres pitos.

–Las Condes. Muy lindo barrio. Fuimos una vez a Reñaca también.

–Yo tengo mi oficina en Las Condes –repitió el montañista–, la abrimos hace poco. Un lujo. En Chile nadie le tiene miedo al lujo, como acá, que hay que pedir disculpas si uno es más capaz que los demás para hacer guita. ¿Vos qué hacés?

–Soy jubilado. Hago trámites –dijo el viejo. Yo pensé que su lugar estaba entonces en la fila de al lado, pero a esa altura no iba a meterme en esa conversación ni aunque bajara Dios en persona a ofrecerme crecer quince centímetros de golpe. Y eso que para mí sería importante.

–Te voy a decir una cosa –le dijo el montañista–. La culpa de cómo nos van las cosas la tenemos todos, todos, todos, todos, todos.

–Todos –sintetizó el viejo.

–Porque no nos ponemos los pantalones largos –agregó el montañista–. Mirá: yo soy sanjuanino, mi familia tiene una calera y estamos trabajando en Chile pero, qué te puedo decir, de maravillas. Vendemos a lo loco. Los chilenos no miran para arriba. Miran todos para abajo. Es un país que tiene mucho que agradecerle a un señor, a un verdadero señor que se llamó Augusto Pinochet.

A esa altura yo quería ser más petisa de lo que soy. Hundirme en la junta de las baldosas de porcelanato, hacerme engrudo, evaporarme, porque me venían unas ganas feroces de ser varón y de decirle vamos afuera, macho, que te cago a trompadas. Pero últimamente, con todo esto del campo, estoy muy irritable. Y no sé si ustedes lo advirtieron, pero salvo la gente muy descarada, la gente muy jodida o la gente muy de mierda, en general, hasta en los taxis, reina un silencio de radio para no herir susceptibilidades ajenas o acaso para evitar irse a las manos. Ese clima de distensión que hemos logrado gracias al voto no positivo de Cobos (y del que hablan sobre todo los radicales y Chiche Duhalde) es una escenografía a la que en cualquier momento se le cae el techo o una puerta. Lo que hay es discreción y hartazgo de estar tan enemistados. Pero queda gente como este montañista, al que me tuve que seguir aguantando. Ya me pasó de levantarme precipitadamente de la mesa de un bar, después de pedirle a un mozo:

–Cobrame pronto porque si esta vieja de la mesa de al lado sigue hablando le parto un sifón en la cabeza.

Vuelvo al banco. Yo estaba haciendo ejercicios de respiración que nunca aprendí en yoga, porque yoga no hice, pero bueno, me imagino cómo serán: uno respira profundo, profundo, con el diafragma, y se concentra en el aire que inspira, y después lo va soltando despacio, tratando de concentrarse sólo en el aire, tratando de no escuchar a un montañista que dice:

–Tenemos a esta yegua gobernando, ¿te das cuenta? ¡Una yegua! ¿Y no hacemos nada? ¿Por qué aguantamos? –parecía estar interpelando a todo ser viviente que lo escuchara en el banco.

–Y... –dijo el viejo, que a pesar de tener amigos carabineros no había ido al banco a buscar roña. Hasta él se empezó a sentir incómodo. Eran varios los que daban vuelta las cabezas, y cada uno parecía calibrar su reacción, porque ninguno lo miraba asintiendo. Es que más allá de lo que decía el montañista, su prepotencia y su inadecuación lo hacían un blanco perfecto de hipotéticos escupitajos, que yo me imaginaba por millones. El pendejo de la cola de al lado, el de la escarapela, me puso cara de “qué pelotudo” y yo le hice cara de “impresionante”.

Por suerte la cola había ido avanzando y le tocó a él. Fue hasta la ventanilla y dijo, fuerte, para que nadie se lo perdiera:

–Quiero retirar diez mil pesos de mi cuenta.

La cajera le dijo algo que no se escuchó. El montañista habló fuerte:

–¿Tanto problema por diez mil pesos? ¿Qué son diez mil pesos? Qué país de mierda.

La cajera acercó la boca a la ventanilla y dijo, también en tono alto:

–Tiene que esperar veinte minutos. Si no va a hacer el trámite déjele el turno al que sigue.

–Bueno, nena, dale. En este país...

–Lo de nena se lo guarda. Ponga el pin –le dijo ella.

El montañista puso el pin y lo mandaron a sentarse y a esperar veinte minutos. Me tocó a mí. Hice mi trámite. Salí de ahí y me fui a terapia. Cuando llegué le dije a mi analista:

–Yo no sé qué me pasa. Ando con ganas de patear montañistas con la calle.

Mi analista se acomodó en su sillón y preguntó:

–¿En qué sentido?

Sandra Russo
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No pasarán

Para la Iglesia Católica, las mujeres tenemos dos opciones. Ser vírgenes o pecaminosas. Desde el principio ha sido así y parece imposible modificar el estereotipo. Se pueden elegir entonces dos modelitos básicos: castidad, pureza y mutismo a la manera de la Virgen María, o desobediencia y provocación de Eva con manzana en la boca y diablo entre las piernas, al tono.

Si arrancamos tirando el paraíso por la borda, muy difícilmente seamos aceptadas para dirigir un rebaño. Ni siquiera postularíamos para oveja. Y si aceptamos la castidad, menos. Hay que permanecer en silencio. Así que pura o depravada es igual, las limitaciones son claras: se niega absolutamente la participación activa de las mujeres en las élites de poder eclesiástico. Y fundamentalmente, se prohíbe abrir la boca. Sin voz propia, la interpretación de la palabra divina es un imposible.

El Nuevo Testamento nos alecciona así:

“...pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz. Como en todas las iglesias de los santos, vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación. ¿Acaso ha salido de vosotros la palabra de Dios, o sólo a vosotros ha llegado? Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor. Mas el que ignora, ignore” (1ª Cor. 14:33-40).

“La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio” (1ª Timoteo 2:11-12).

Pero tranquilas, no solamente nos cierran las puertas del Vaticano. La Iglesia Anglicana enfrenta en este momento una amenaza de ruptura, encabezada por 500 sacerdotes, que abandonarían la comunidad si prospera la propuesta de ordenar mujeres obispos en el sínodo general previsto para este mes de julio. Unas 15 provincias episcopales votaron a favor del nombramiento de mujeres obispos incluyendo Australia, Brasil, Canadá, América Central, México, Filipinas, Sudáfrica y Estados Unidos, pero el ala conservadora provocaría un cisma antes que aceptar semejante posibilidad.

LA HISTORIA DE JUANA
Las versiones acerca de la existencia de la papisa la sitúan a mediados del 800 después de Cristo y fueron publicadas en el siglo XIII por varios historiadores de la época. Su existencia fue aceptada por la Iglesia Católica hasta el siglo XVI, momento en el que decidieron negar el asunto. A partir de entonces llegaron a decir que la fantasía habría surgido como una burla al papa Juan VIII, de mano blanda y carácter ambiguo, al que sus detractores llamaban Papisa Juana. El papa Juan VIII murió en 882, en circunstancias extrañas. Algunos apuntan que fue envenenado y que tardaba tanto en morir que fue rematado a martillazos. Otros aseguran que la mujer era Benedicto III. Sin embargo, en varias representaciones medievales de la papisa Juana, aparece con el nombre de Juan VII. Su imagen se encuentra en multitud de grabados y tablas medievales, o en crónicas de la época, como “Crónica Universal de Metz”, escrita alrededor de 1250 y en ediciones subsecuentes de la “Mirabilia Urbis Romae” del siglo XII.

Juana, Agnes, Gilberta o Margarita, era hija de un clérigo y desde muy chica fue instruida por su padre en las artes liberales: gramática, dialéctica, retórica, aritmética, geometría, astronomía y música, además de estudiar latín y otras lenguas modernas.

Como Juana deseaba continuar sus estudios fuera de la casa paterna, la única opción posible era la carrera eclesiástica, absolutamente vedada para las mujeres. Por lo que decidió modificar su aspecto con un hábito de fraile y adoptar un nombre masculino. Como Johannes Anglicus –Juan el Inglés– consiguió un trabajo de copista. Más tarde, viajó por distintos monasterios de Europa y se relacionó con las figuras más influyentes del momento, sorprendiendo a todos con su carisma y erudición. Después de codearse con la emperatriz Teodora de Constantinopla, pasó por la corte alemana y llegó por fin a Roma.

Según algunos cronistas, en Roma fue admitida como profesor de la Schola Graecorum, antiguo colegio de diáconos, donde enseñó y obtuvo el título de Príncipe de los sabios. Gracias a sus brillantes disertaciones, la nobleza, los cardenales y los sacerdotes admiradores de su palabra la postularon como sucesora de León IV, del que había sido secretario de asuntos internacionales. Fue consagrada en San Pedro en el año 855 por unanimidad.

Los problemas para Juana habrían comenzado en el segundo año de su papado.

VISITA INOPORTUNA
Nadie había notado sus facciones femeninas, ni su inmaculada palidez, lo único destacable era su tamaño. El Papa crecía como el Nilo. Pero es sabido que los altos cargos provocan ensanchamiento de estómago y apetito sin freno. Sin embargo, Juana no había engordado. Estaba embarazada, uno de sus asistentes era el padre de la criatura y la criatura no tuvo mejor idea que nacer en una procesión de rogaciones desde San Pedro a Letrán, en el camino que va del Coliseo a San Clemente.

Imagine usted al cortejo solemne interrumpido por la caída intempestiva del líquido amniótico, los dolores de parto y los berridos del recién llegado. El espanto se dibujó en las sotanas, las palabras sacrilegio y demonio llenaron las bocas beatas y aquello pasó de procesión a vía crucis, en menos que canta un gallo. Las versiones hablan de turbas enfurecidas, piedras, caballos desbocados con la papisa a la rastra, muerte instantánea, prisión, convento y otras formas de castigo non sanctas. Según Martín de Troppau, quien fuera capellán penitenciario en Roma hasta 1278, tras el parto Juana fue destituida e hizo penitencia hasta el último de sus días. Su hijo sobrevivió y llegó a ser obispo de Ostia, donde fue enterrada la rebelde.

Otros aseguran que en el lugar del nacimiento fue enterrada junto a su hijo, oportunamente ahogado por los sacerdotes, y que sobre su tumba erigieron más tarde una capillita con estatua de mármol alusiva, donde aparecía la papisa con hábitos sacerdotales y bebé en brazos. Benedicto III habría ordenado destruir la construcción, aunque las ruinas se conservaron hasta el siglo XV.

El caso es que a partir de entonces las procesiones papales esquivaban el camino donde se había producido el hecho. Tal vez para evitar nuevos alumbramientos o quizá para negar el insólito suceso.

DEL VATICANO AL TAROT
La figura de Juana era conversación recurrente a la salida de la iglesia medieval. Su existencia no era puesta en duda, aunque se multiplicaran principios y finales para ella o su descendencia. Si bien la historia está llena de interrogantes, no es fácil desmentir la existencia de la papisa. Una cantidad nada despreciable de documentos –alrededor de 500– dan cuenta de su papado. Autores como Petrarca o Boccaccio la mencionan en sus escritos, documentos del siglo XV hablan de la estatua de “La mujer papa con su hijo en brazos”.

El monje benedictino Marianus Scotus (1028-86), en algunos de sus manuscritos de su Historiographia escribe sobre lo acontecido en el año 854: “El Papa León murió en las Calendas de agosto. Fue reemplazado por Juana, una mujer, que reinó por dos años, cinco meses, y cuatro días”.

Gotfrid de Viterbo, secretario de la Corte Imperial, en su obra el Pantheon, de 1185, señala que “después del papa León IV, Juana, el papa femenino, reinó durante dos años”.

A partir de la reforma católica en el XVI, la Iglesia comienza a negar progresivamente a Juana, mientras los protestantes aseguran su existencia. Algunos autores han llegado a decir que fue un invento luterano para desprestigiar a la Iglesia romana. También se comentaba que estando camino a San Pedro, Lutero se encontró frente a una estatua ubicada en una de las vías, en la que aparecía una mujer con el cetro y la mitra papal, sosteniendo a un niño. “Estoy sorprendido –habría declarado– de cómo los papas permiten que la estatua permanezca allí.” Cuarenta años más tarde, la estatua había desaparecido.

Hay quien afirma que la aventura femenina fue la causante de esa fea costumbre vigente hasta el siglo XVI de palpar las partes pudendas de los aspirantes a papa antes de ser consagrados. Sin embargo, otros sostienen que la silla en cuestión era para desalentar a eunucos. En una ceremonia conocida como de “inspección”, el candidato a Papa ocupaba la Sella Stercoraria y un diácono sopesaba genitales, verificaba que estaba todo en su lugar y declaraba por fin: “Habet!”, mientras la concurrencia daba gracias al Señor.

En fin, algunos negaban y otros afirmaban su existencia, pero el acervo popular la inmortalizó en forma de naipe. Efectivamente, el tarot de Marsella, nacido en la Edad Media, concedió a la Papesse la carta número dos de los Arcanos mayores. El naipe que representa la sabiduría femenina. Aunque años más tarde su figura fuera rebautizada, oportunamente, como la Sacerdotisa.

ESCLARECIMIENTO PAPAL
Por si alguna despistada no hubiera comprendido que las mujeres están excluidas de las jerarquías de gobierno y de las estructuras del poder católico, y frente a reclamos femeninos de igualdad en los estamentos religiosos, Juan Pablo II emitió el siguiente comunicado, antes de abandonarnos:

“...con el fin de alejar toda duda sobre una cuestión de gran importancia, que atañe a la misma constitución divina de la Iglesia, en virtud de mi ministerio de confirmar en la fe a los hermanos (cf. Lc 22,32), declaro que la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres, y que este dictamen debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia”.

Carta Apostólica. Ordinatio sacerdotalis del papa Juan Pablo II, sobre la ordenación sacerdotal reservada sólo a los hombres.

No sorprende que frente a este panorama se niegue la existencia de Juana. Tal vez fue sólo una violenta alegoría para demostrar lo que podía esperar una mujer si se atrevía a ocupar el sillón de San Pedro.

Lo que sí sorprende es cómo han resistido hasta nuestros días algunas estructuras tan explícitamente misóginas.

Fernanda García Lao
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Hollywood y el viejo truco del 3-D

Semanas atrás, con el lanzamiento de cerca de dos mil copias de Viaje al centro de la Tierra, quedó oficialmente inaugurada, en Estados Unidos, la nueva era del cine tridimensional. En Argentina, como por el momento una sola sala cuenta con el equipamiento necesario, cuando la película se estrene aquí habrá que conformarse con verla plana. Ante la pérdida de espectadores, Hollywood echa mano del cine en tres dimensiones, la misma arma secreta a la que recurrió medio siglo atrás, cuando la televisión lo puso en aprietos. Lo hace apostando cientos de millones de dólares y lanzando gran cantidad de producciones clase-A, mientras los gurúes del formato anuncian lisa y llanamente que el 3-D va a cambiar para siempre el modo de ver el cine. En una palabra, Hollywood vuelve a calzarse los anteojitos, mientras que por aquí (y por ahora) habrá que seguir yendo al cine a ojo desnudo.

En los años ’50, cuando la tele empezó a retener al público en sus livings, para volver a sacarlo de casa la industria del cine apeló a un variado arsenal tecnológico: el CinemaScope, el Technicolor, el Cinerama. Y el cine estereoscópico o tridimensional, que la jerga de la industria abrevia como 3-D. Ahora, con el DVD y los home theaters torciéndole el brazo, la Meca del Cine vuelve a echar mano del viejo y querido 3-D. Con una diferencia: esta vez viene en versión digital. Lo cual, según aseguran sus defensores, representa un gigantesco salto cualitativo con respecto a lo conocido. En 2003 lo había intentado Robert Rodríguez, con Spy Kids 3-D, pero técnicamente los resultados no fueron del todo buenos. Al año siguiente la cosa mejoró, cuando Robert Zemeckis lanzó copias estereoscópicas de El expreso polar.

De allí en más, Chicken Little, Superman vuelve, Monster House, La familia Robinson y Beowulf tuvieron sus versiones tridimensionales. Lo decisivo fue que esas copias recaudaron tres o cuatro veces más que las “planas”, estrenadas en las mismas salas. Ahí sí, a tridimensionalizarse todo el mundo.

Tridimensionalizándonos
A tridimensionalizarse todo el mundo, pero Argentina no tanto. De todas las películas nombradas en el apartado anterior, sólo El expreso polar y Beowulf se estrenaron aquí en tres dimensiones, con una sola copia y en una sola sala. Es que para poder proyectar películas en este formato es necesario instalar previamente un sistema ad hoc, cuyo costo oscila entre los 20.000 y 30.000 dólares. Eso, al norte del río Grande. Acá habría que hablar de más o menos el doble de esa cifra, siempre y cuando se cuente previamente con la instalación para proyectar en digital. Algo que recién ahora, empujados por la fiebre del 3-D, los representantes locales de las grandes cadenas están empezando a considerar. Si sirve de consuelo, habrá que señalar que incluso en economías infinitamente más florecientes, como las de los principales países europeos y asiáticos, el monto requerido hace que la invasión tridimensional tenga lugar a paso lento.

Hasta el momento una sola sala porteña, ubicada en los límites del perímetro urbano, cuenta con un sistema de proyección tridimensional, aunque no digital. Se trata de la sala IMAx, emplazada en el Showcase Norcenter de Pa-namericana y Debenedetti. Allí suelen estrenarse, en 3-D, tanto los típicos “documentales IMAx” como algunas, contadas, películas de ficción. Desde marzo y hasta hace pocas semanas estuvo en cartel U23D, documental en tres dimensiones que registra la gira The Vertigo Tour de U2. La sala IMAx fue, por otra parte, la única de la Argentina donde El expreso polar, Open Season: Amigos salvajes y Beowulf se estrenaron en ese formato. Además de otras como Superman vuelve y la última Harry Po-tter, que contenían algunas secuencias tridimensionales.

¿Cuáles son las perspectivas en el resto de las salas porteñas? Teniendo en cuenta que tanto en términos locales como internacionales el negocio del cine viene perdiendo alrededor de un 10 por ciento del total de espectadores año tras año, se entiende que la proyección estereoscópica avance hacia aquí a paso de mamut cansado. En principio, ya se sabe que Viaje al centro de la Tierra se verá sólo en versión bidimensional. Y es difícil que la nueva era de proyecciones tridimensionales en Argentina se inaugure con Bolt, la nueva de Disney, cuyo estreno se anuncia para enero del año próximo. De allí en más, se supone que en algún momento desembarcarán los nuevos proyectores, en salas de las grandes cadenas.

Mientras tanto, en Hollywood, varios cineastas de cabecera filman sus nuevas películas en 3-D, y sellos enteros como Disney, Pixar y Dreamworks ya anunciaron que de aquí en más pasarán toda su producción al formato tridimensional.

Los nombres del asunto
Viaje al centro de la Tierra es la película fundacional de esta nueva era, por la sencilla razón de que es la primera que se filma en 3-D (todas las anteriores, de El expreso polar en adelante, fueron rodadas en dos dimensiones, y proyectadas en tres). Según los corrillos de la industria, la siguiente fecha decisiva para el formato será diciembre de 2009. En esa fecha se estrenará Avatar, la épica de ciencia ficción que, con un costo estimado en 200 millones de dólares, marcará el regreso al cine de James Cameron, tras una larga década sabática. Al igual que Viaje al centro de la Tierra (y también a diferencia de las anteriores, lanzadas en ambos formatos) se estrenará sólo en versión 3-D.

En algún momento del año próximo debería estar lista otra de las puntas de lanza del nuevo sistema. Se trata de la primera parte de Tintín, trilogía live action basada en el célebre comic de Hergé, coproducida por Steven Spielberg y Peter Jackson y dirigida por el primero. Tridimensionales serán también, además de Bolt, todos los tanques de animación programados para 2010: Toy Story 3, Shrek Goes Fourth y la tercera parte de La era del hielo. Henry Selick, realizador de El extraño mundo de Jack, se encuentra filmando el largo animado Coraline, que reúne dos proezas técnicas: el 3-D y la stop motion.

A la vez, desde que en el otoño boreal de 2006 la versión 3-D de El extraño mundo de Jack logró una recaudación que hizo sonreír a los ejecutivos de Disney-Buena Vista, cada vez son más las películas que se reciclan en versión estereoscópica. Además de Toy Story, dos grandes sagas esperan turno para su relanzamiento tridimensional: La guerra de las galaxias, completa, y la trilogía El señor de los anillos.

3-D Tercer Milenio
¿Qué pasa con los célebres anteojitos de cartón y plástico flexible, que nunca calzaban del todo bien? Fueron reemplazados por coquetos lentes de diseño, de cristales polarizados, que se entregan a la entrada y hay que devolver a la salida. Hablando de entradas, el costo del ticket para asistir a una proyección en 3-D llega a duplicar el de uno standard, ascendiendo hasta los 15 dólares per capita: otra de las razones para que en Argentina no cunda el furor tridimensionalista. Si ya el espectador lo piensa dos veces antes de pagar una entrada de 20 pesos, ¿cuánta gente vería con simpatía pagar 40? Claro que, a diferencia de las películas bidimensionales, lo que no existe es la posibilidad de ahorrarse la mitad o más, recurriendo a una copia trucha en DVD. Por el momento, al menos.

Una de las desventajas del sistema era, hasta ahora, la complicación técnica que entrañaba, ya que para producir el efecto tridimensional es necesario filmar cada plano con dos cámaras. Según dicen sus propagandistas, al haberse aligerado el peso de las cámaras eso ya no representa un obstáculo. Siempre adelantado en términos tecnológicos, James Cameron filmó Avatar con una cámara doble que él mismo inventó hace años. Le puso el nombre de Fusion System y la probó en un par de documentales submarinos. Otra contra del viejo sistema era que las imágenes no siempre se mantenían estables, produciéndose distorsiones, fantasmas y virajes de color. Eso fue lo que mató al formato, a mediados de los ’50. “La gente empezó a sufrir mareos y dolores de cabeza, y los grandes estudios suspendieron la producción”, recordaba el realizador Jack Arnold, que filmó dos películas en 3-D: la célebre El monstruo de la laguna negra y su secuela, El regreso del monstruo. Según las referencias, la nueva tecnología digital hace que toda esta sintomatología pase a mejor vida.

¿Un futuro en anteojitos?
Jeffrey Katzenberg, dueño de la poderosa Dreamworks y ex socio de Spielberg, es el máximo profeta del formato. Además de anunciar que de aquí en más no habrá producción animada de Dreamworks que no se lance en versión tridimensional, proclama a los cuatro vientos que “el 3-D digital permite generar en el espectador una sensación de inmersión, redefiniendo el sentido de la experiencia cinematográfica”. Totalmente convencido de que se trata de la máxima innovación de la tecnología cinematográfica desde la invención del color, Katzenberg anuncia que “en un futuro, estas innovaciones van a ser aplicadas en otros medios, como la televisión y las pantallas de computación”.

Otro que se calzó los anteojos a fondo es Jon Landau, productor de Avatar. “La pantalla cinematográfica siempre representó una barrera para los espectadores”, sostiene. “La tridimensión de calidad está en condiciones de derribar esa barrera, permitiendo atravesar la pantalla y toparse con un mundo detrás de ella”, afirma Landau, con la convicción de quien está a punto de hacer realidad Alicia a través del espejo. Pero igual mantiene la suficiente calma como para no dejarse arrastrar por el furor estereoscópico. “Filmamos Avatar en este formato porque hay algo que la sostiene, y es la increíble historia que concibió James Cameron. No lo hicimos porque quisiéramos filmar a toda costa una película en 3-D. Como toda tecnología, la tridimensión debe estar al servicio de la historia que se cuenta, y no al revés.”

En una palabra, el chiche puede servir para generar curiosidad y llevar gente a los cines. Pero si lo único que encuentran en la sala son un par de lentes y un montón de objetos que parecen salirse de la pantalla y venírseles encima, tarde o temprano esos espectadores volverán a casa, a ver esas viejas y buenas películas planas que se consiguen en DVD. Mientras tanto, Argentina espera.

Horacio Bernades
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Miradas a la escenografía, el arte de la ilusión

Tengo la impresión de que tímidamente están volviendo a los escenarios porteños las antiguas escenografías pintadas sobre papel o tela, aquellas que, pese a su fragilidad y a las huellas evidentes del mucho trajinar, mostraban una pericia notable en la evocación de perspectivas remotas, en el arte de fingir, sólo con pintura, las luces y las sombras de esos mundos imaginarios. Con afecto, y con emoción, he vuelto a verlas, en Las mujeres sabias, en el San Martín, y en la dupla de óperas breves recientemente montadas en el Avenida, por cuenta de Juventus Lyrica y con dirección de Oscar Barney Finn: La serva padrona, de Pergolesi, y Acis y Galatea , de Haendel.

Cuando los pintores del Renacimiento italiano encontraron, a partir del siglo XV, la perspectiva ortogonal y abrieron la famosa ventana a las líneas convergentes en el punto de fuga de un horizonte lejano, el procedimiento se transportó al teatro. Fue la base del tradicional escenario "a la italiana". La reproducción minuciosa de paisajes o de interiores de edificios prestigiosos -templos, palacios- exigió la mano de obra de pintores realmente admirables (muchos de ellos fueron también arquitectos), diestros en sugerir distancias y recrear las texturas de las más diversas materias y los juegos de la luz sobre ellas. Se escalonaban así, ante el ojo del espectador, en las superficies planas de sucesivos bastidores, aperturas ficticias hacia una inalcanzable lejanía. Auténticos alardes de ilusionismo, llevados a la perfección en el siglo XVIII por artistas como el italiano Servandoni, cuyas escenografías fascinaron a los súbditos de Luis XV.

El siglo siguiente, con su afán de realismo a ultranza y su pasión arqueológica, llevó esa ilusión a extremos incompatibles, precisamente, con la realidad que pretendía representar. Basta leer las indicaciones escenográficas de Ibsen, por ejemplo, para darse cuenta de que hay algo que no funciona. En Las columnas de la sociedad pide, entre otras cosas: "Al foro, vitral con puerta abierta a una ancha escalinata sombreada por un toldo. Se ve parte del jardín, rodeado de verja, con entrada. A lo largo de la verja, una calle, y en la acera opuesta, casitas de madera. Es verano y hay sol". Toda la habilidad del escenógrafo pintor debió vacilar ante semejantes exigencias. El espectador aceptó la convención, hasta que se hartó de ella. El armado y desarmado frecuente de los decorados, plegar y desplegar a cada rato esos papeles pintados, terminaba por arrugarlos y cuartearlos: las paredes se tambaleaban; las puertas de tela denunciaban su flaqueza; las columnas de los templos vacilaban al menor soplo. Adolph Appia y Gordon Craig reaccionaron a tiempo: propusieron el predominio de la luz y de simples elementos corpóreos para sugerir las atmósferas requeridas. Max Reinhardt logró una práctica síntesis de ambos sistemas de representación.

No obstante, hay en las escenografías pintadas un encanto (ingenuo, si se quiere) que conviene a ciertas obras, sobre todo de época. En Las mujeres sabias , el propio director Willy Landín diseñó el decorado del jardín, justo como lo necesita la evocación del siglo XVIII (al que, sin sobresaltos, trasladó el original del XVII). En las óperas de Juventus, el director escenográfico del Argentino de La Plata, Raúl Bongiorno, hizo algo similar, al crear, según las indicaciones de Finn, un solo ámbito -un salón palaciego, barroco-, donde transcurre la acción de las dos óperas. En este caso, no se recurrió a la pintura tradicional sino a las técnicas más avanzadas: confieso no entender gran cosa del procedimiento; sólo sé que se trata de algo así como proyecciones logradas mediante la electrónica. Pero el resultado es semejante: ahí están las columnas, sus capiteles muy ornamentados, las cornisas, los frisos, que parecen sólidos y que en realidad son -como corresponde al arte del teatro- ilusión pura.

Ernesto Schoo
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Escándalo en Italia por un macabro espectáculo

Un euro para ver la muerte. Esto es lo que se pagaba en un parque de diversiones de Milán, en el norte de Italia, para ver la ejecución en una silla eléctrica de un maniquí de látex. En este juego más que exitoso que simulaba a la perfección la pena capital, el muñeco, durante un minuto, gritaba, se retorcía, se freía y finalmente quedaba inmóvil.
La noticia de la existencia de algo tan tétrico, publicada ayer por el diario La Repubblica , desató una gigantesca polémica en Italia, donde cientos de voces se levantaron, horrorizadas, en contra del juego.

La protesta fue tan fuerte que el director del Luna Park de Milán, puesto sobre el banquillo, comunicó ayer el inmediato cierre del "show de la silla eléctrica".

El juego había llegado hacía unos días desde Las Vegas, la capital mundial de la diversión. Desde entonces, tuvo muchísimo éxito entre niños y adultos, que todas las noches formaban fila para contemplar la espantosa agonía del muñeco de látex.

La gente colocaba la moneda de 1 euro y se entusiasmaba al ver cómo falsas descargas eléctricas ejecutaban al maniquí, con el torso desnudo, rapado y con electrodos en la cabeza. Y se deleitaba, con risas, entre las nubes de humo y los gritos del condenado a muerte amplificados por los parlantes, mezclados con música rock.

"Es un juego espeluznante; no contribuye para nada con la educación", protestó Tiziana Maiolo, una de las fundadoras de Nessuno Tocchi Caino (Nadie Toque Caín), una famosa asociación italiana que desde años lucha por la abolición de la pena capital, que consideró que la atracción es "pornografía macabra".

Se sumaron cientos de voces, espantadas ante semejante barbarie.

"La verdad es que un adulto que lleva a sus niños a ver este juego es una persona que no está bien consigo misma", dijo, por su parte, Don Gino Rigoldi, capellán de una cárcel de menores de Milán.

Pese a la indignación generalizada, el dueño de la polémica atracción, Renzo Biancato, defendió "su" juego, único en Italia, que compró por Internet en 5000 euros después de haberlo descubierto en una revista especializada.

En el centro de una repentina atención mediática (el clamor de la noticia hizo que hasta periodistas japoneses fueran a ver al condenado en la silla eléctrica), Biancato explicó a la agencia ANSA que "se trata sólo de un juego de terror". "La gente se ríe -agregó-, y nunca se quejó ningún padre."

Elisabetta Piqué
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Leonardo Moledo: Al infinito y más allá

La ciencia busca saber. ¿Siempre es mejor saber?
–Calma un poquito la angustia: no saber produce pánico, a veces. Aunque lo que sepas pueda ser terrible, como que va a haber un terremoto, siempre permite tomar algunas medidas. No sé si es mejor saber o no que te vas a morir en seis meses, en cambio. Con respecto al conocimiento del Universo, siempre es mejor saber. Si conocés el mecanismo que está detrás del fenómeno, lo podés explicar y deja de asustarte. Si en la noche sentís un golpe en el vidrio, que se repite a intervalos regulares, te asustás; pero si averiguás y resulta que es un pájaro, te calmás.

En los tres ejemplos que puso aparece el miedo.
–Claro, lo desconocido produce miedo. Incluso se vive como amenazador. Y eso, supongo, es una vieja técnica de supervivencia de la especie. Es más seguro considerar a lo desconocido como peligroso que como amistoso. Ante algo que viene de afuera es más seguro cuidarse. Eso habrá constituido nuestra subjetividad.

¿Y los mitos ocupan esos espacios?
–Muchas veces, sí. El mito es el lugar más seguro, porque sabés exactamente qué va a pasar. Es la representación o la puesta en acto de una leyenda, de algo que no se conoce. Con pautas muy bien trazadas: sabés qué va a venir después de cada cosa y que en un momento se restablece el orden. Después, en el mundo exterior, es más difícil, porque las cosas resultan imprevisibles. Todas las religiones tienen mitos en forma de celebraciones que buscan dar seguridad.

Y hay un placer, un regodeo, en el mito.
–Además de la seguridad, el mito da el placer de arrancarte al espacio y al tiempo cotidiano. Te lleva a otro escenario y a otro tiempo. Se realiza en recintos sagrados: suelen desarrollarse en la iglesia, en la escuela, en distintos templos. La escuela es el templo del saber: ¿por qué? Porque hay un corte mental con el afuera.

Leonardo Moledo habla en el bar La Orquídea, una esquina de Corrientes y Acuña de Figueroa, Almagro. Este matemático, profesor y periodista, editor del suplemento Futuro de este diario, pasa mucho tiempo en este sitio. Aquí, de hecho, es que el Comisario Inspector Díaz Cornejo, el protagonista de Los mitos de la ciencia, uno de los dos libros que acaba de publicar, explica a Moledo, a los parroquianos, a los lectores, sobre el origen y la razón de ser de asuntos tales como la alquimia, los extraterrestres, la tierra plana, la Atlántida, la brujería. “Estamos condenados al conocimiento –escribe–. Si Occidente fabricó una historia mitológica que comienza con el delito de conocer, el pecado en su forma más pura, no existe otra redención posible que llevarlo hasta sus últimos esfuerzos a devorar una tras otra las manzanas del árbol; al fin y al cabo fue precisamente una de esas manzanas la que cayó a los pies de Newton y le permitió tomar las riendas del mundo.”

El otro libro se llama Lavar los platos, fue escrito a dúo con el periodista científico Ignacio Jawtuschenko y se trata de una respuesta inspirada en aquella célebre frase del ex mítico Domingo Cavallo, un ex funcionario de la dictadura y ex ministro de Economía menemista y aliancista. En 1994, ante la advertencia de la investigadora Susana Torrado en cuanto a que los indicadores de desocupación habían crecido, Cavallo le recomendó a esta socióloga especializada en Demografía que se dedicara a fregar la vajilla. El exabrupto es el punto de partida y la excusa para entrelazar diez entrevistas a científicos de diversas áreas: la propia Torrado para evocar aquel suceso devenido en escándalo, el arqueólogo Daniel Schávelzon para contar sobre el uso de los platos a través de la historia, la química Lidia Galagovsky para explicar las propiedades del jabón y el detergente, el doctor en Ciencias Naturales Fernando Novas para hablar sobre los orígenes del agua en el planeta, y así.

¿Qué signó aquella frase de Cavallo?
–Quedó en la historia como un superministro que despreciaba lo más genuino que hay en el saber, la investigación científica. La desocupación venía creciendo despacio, pero en ese momento dio un salto y Susana Torrado lo advirtió públicamente: acá está pasando algo grave. Fue un antecedente de lo que iba a pasar después. Cavallo reaccionó: “Que esa mujer se vaya a lavar los platos”. Nunca la nombró: “Esa mujer”, decía. Y después involucró a todos los científicos. Querían privatizar el Conicet. Entonces se nos ocurrió este libro, donde queda demostrado que a través de los platos y la tarea de lavarlos podés conocer el Universo, averiguar de todo. En el siglo XIX, Faraday daba conferencias en las que prendía una vela y a partir de ahí explicaba todo. Y lo hacía, curiosamente, ante obreros. En ese momento, un poco como ahora, la ciencia era un factor de ascenso social. Durante mucho tiempo este tipo de conferencias era un juego de aristócratas, pero éstas eran populares.

¿La idea del libro es reciente?
–Sí. Esa frase quedó, es histórica. Es un hito, porque además la predicción de Torrado se cumplió estrictamente. Cada vez que habla un secretario o un ministro de Ciencia, cita La Noche de los Bastones Largos y la frase de Cavallo.

¿Cambió mucho el panorama desde entonces?
–Desde ya. Que se haya pasado de secretaría a ministerio habla de una política de Estado. O sea, la aplicación de la ciencia al desarrollo y la constitución de empresas con un fuerte componente tecnológico que no haya que comprar llave en mano. El problema del campo que surgió ahora se debe en parte a que la soja transgénica tiene una facilidad tremebunda para ser sembrada y cosechada, y entonces avanza sobre los otros cultivos. Esta soja es puro desarrollo científico, se banca todo y da más plata. Pero esto es una visión de corto plazo, porque a la larga se agota la tierra.

¿Le mandó el libro a Cavallo?
–No. Es una buena idea, aunque no me cae simpático. Cuando uno piensa lo que hizo, al servicio de quién estuvo, el desastre que dejó, no dan ganas de mandárselo. De alguna manera el libro es una réplica.

En comparación con los ‘90, parece haber mucho más espacio para la ciencia en los medios, incluso en la televisión abierta. ¿Lo percibe así?
–Creo que se debe a dos cosas. La ciencia y la literatura, a lo largo de mucho tiempo, dio la ciencia ficción: más o menos dura o fantástica, entre Asimov y Ursula K. LeGuin. Yo creo que el género ya no está produciendo tanto. Y por otro lado hay, felizmente, un retroceso de la posmodernidad, el correlato cultural del capitalismo liberal. Todo era asimilable a relatos, que después se elegían como en una góndola de supermercado. Nada tenía valor especial. Ahí surgió un movimiento anticientífico que asimiló el discurso oficial al de la religión, algo que en este momento sostienen los grupos más reaccionarios de Estados Unidos, los creacionistas, o los de la ciencia cristiana, grupos de derecha que tratan de impedir que se enseñe la teoría de Darwin. La posmodernidad tomó la parte mística de la ciencia, agitó ese costado especial que tiene, de dar cuenta de algunos fenómenos del Universo, y dejó de lado lo que tiene de valor de verdad y de mejoramiento real de la vida humana. Aunque puede producir catástrofes, también. En general, de todos modos, veo progreso.

¿A la Iglesia le molesta mucho la ciencia?
–Ahora no parece molestarle demasiado. Algunos grupos de ultraderecha, especialmente protestantes, están armando lío acerca de la Teoría de la Evolución, la espina más terrible que tienen clavada. Y en la Iglesia y los colegios católicos el tema se maneja con mucho cuidado. Pero en el Vaticano tienen un elenco científico muy importante. Y no nos olvidemos que los países musulmanes, incluso integristas, han hecho desarrollos fabulosos de energía nuclear. La religión y la ciencia chocaron en el siglo XVII, con el emblemático juicio a Galileo. Pero eso está quedando atrás.

¿Pero el relato de la ciencia no desmiente todo el tiempo al relato de la religión?
–Desde ya. Pero salvo en grupos muy integristas, el relato religioso se toma como mitológico. Nadie pretende leer la Biblia al pie de la letra.

¿Le parece?
–En algunos grupos, no: los testigos de Jehová, los integristas norteamericanos.

¿No cree, entonces, que el relato religioso es tomado y creído literalmente por multitudes, todavía, en el mundo?
–No sé si es así. Una persona que haya cursado el secundario, que paradójicamente recibió toda la información científica que se conoce, por ahí maneja códigos de acuerdo con el ámbito: un adolescente habla de un modo con sus amigos y de otro con los padres o profesores. Y no necesita identificar eso, decir “bueno, ahora estoy hablando con...”, lo hace automáticamente, una cosa bastante asombrosa. Sospecho que con el tema de la religión pasa algo por el estilo. La jerarquía eclesiástica es muy ignorante y en la Argentina, además, es muy reaccionaria: ejerce presión sobre el sistema educativo. Estamos, sí, en una época de resurgimiento de fundamentalismos: hay más religión ahora que hace cincuenta años. Espero que sea un fenómeno transitorio. La religión, de todos modos, da respuestas que no se pueden encontrar de otra manera: un dolor muy grande, no encontrar trabajo. Entre gente muy cultivada, incluso científicamente, hay rituales como ponerse una corbata o usar un amuleto. Esos rituales socializados y condensados producen peregrinaciones como la de San Cayetano. Es lógico que ante ciertas cosas, como la impotencia de la medicina, que despejó montones de enfermedades que pasaron al olvido pero todavía no puede con el cáncer o el Alzheimer, los desesperados vayan a consultar a quienes les hacen creer que se van a curar, manosantas, santos. Es obvio que no sirve para nada, a menos que la autoconfianza, ese tipo de cosa, tenga algún efecto temporal del que todavía no se sabe. Es tanto lo que no se sabe que hay márgenes para todo. Incluso hay gente que cree en los extraterrestres y que se le aparecen. En Estados Unidos hay una sociedad de abducidos.

Yo tenía una vecina, ya fallecida, que también estaba convencida de que en cualquier momento la iban a contactar.
–En general son abducciones muy raras. Suele ser medio absurda la conducta de los extraterrestres: en vez de llevarse a alguien que les pueda contar, se llevan a viejitas que miraban todo el tiempo televisión.

Vuelvo al asunto de la divulgación: busca, en sus libros, y también lo observo en los programas de cable y televisión, ser entretenido, contar con humor. Esquivan la solemnidad.
–La ciencia es un relato y cuenta historias. Siempre digo que la divulgación científica es la continuación de la ciencia por otros medios. La masificación de la ciencia es otro elemento; empiezan a aparecer películas que muestran a los científicos como tipos ordinarios, que se corren del estereotipo del sabio loco que por un lado es distraído y por otro reúne todo el saber, lo consultan cuando nadie sabe qué hacer. En este momento, el movimiento científico es enorme, se publican muchos libros, hay programas.

¿Cómo surgió ese personaje, Díaz Cornejo?
–Es un viejo personaje, ya actuaba en mis novelas y en una sección del suplemento Futuro. Es un policía muy particular al que le gusta la metafísica, que tiene dificultades con la institución y una visión escéptica del mundo. Yo diría que su antecedente es Isidro Parodi, el peluquero-detective de Bustos Domecq. El Comisario Inspector dice que la policía regula la metafísica de la sociedad, que su intención no es reprimir el delito sino regular.

¿Pero por qué un policía? ¿Por el enganche que genera el registro del género?
–Claro. Muchas veces los detectives prototípicos del género tienen otra vida, vienen de otro lado, no se trata estrictamente de la máquina policial. Pepe Carvalho, el detective de Vázquez Montalbán, es un tipo cultísimo, amante de la cocina, que ha luchado contra el franquismo: no es un mero engranaje detectivesco. Montalbano, el de Camilieri, ha leído mucho y tiene también la historia de la comida. En cambio Wallander, el de Mankell, es un policía cualquiera y refleja lo que sería una investigación científica. La tarea detectivesca es racional, casi una teoría matemática.

Da la impresión de que la ciencia ha dado un salto muy grande en los últimos diez o quince años. ¿Qué opina?
–Bueno, siempre parece eso. Obviamente, hay épocas con más desarrollo que otras. Esta es una época de mucho, pero no sé si más que a principios del XIX, con la máquina de vapor, la locomotora. Hay cosas que se ven con el tiempo: hace 3 millones de años, el homínido empezó a adoptar la posición erecta, bípeda, que todavía no está totalmente consolidada, como lo muestran los numerosos problemas de espalda; bueno, de ese período, la vida se alargó especialmente en los últimos 10 mil años. Mirando el todo te das cuenta de que tenemos raíces profundas que no se ven.

La ciencia es subversiva, dice.
–Sí, porque cuestiona y no acepta el principio de autoridad. No alcanza con que se diga que algo es así: necesita contrastación pública. Pero a partir de resultados erróneos también se abren caminos: Tycho Brahe, por ejemplo, con razones bastante sensatas rechaza el sistema de Copérnico y arma uno propio que no resultó correcto, pero sirvió para desbancar el otro y para nutrir de datos a Kepler, que no tiene miedo de pensar en elipses porque ya no cree en las esferas. Otro ejemplo es el del flogisto, un concepto erróneo que, sin embargo, organizó toda la química.

¿Cuáles son las preguntas que la ciencia se propone responder que le generan más expectativas?
–Están las grandes preguntas cosmológicas, si el Universo se está acelerando en su expansión o no, cómo fueron los primeros instantes. Después están las preguntas del mesomundo, que no están nada resueltas; los problemas relacionados a la física del sólido. En medicina, qué es la conciencia, el estado consciente. En biología todavía hay bastante que saber. El problema de la geología planetaria, cuántas estrellas tienen o no planetas, el hallazgo de alguno parecido a la Tierra que todavía no se puede observar con los métodos actuales, porque son muy chiquitos. Va por ahí.

La ciencia, en perspectiva, ¿tiene componentes de mito?
–El científico, en general, trabaja con los mitos, con un sustrato que contiene los mitos, los prejuicios de la época. A algunos los conoce y a otros no. Copérnico no podía imaginarse que no fueran circulares las órbitas, porque eso era un prejuicio en su época y él no lo sabía. Y así supongo que vivimos nosotros también en torno de cosas que ni nos imaginamos y las damos como ciertas. Romper con los prejuicios lleva años.

Angel Berlanga
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Sacude a Italia la indiferencia ante dos niñas gitanas ahogadas

Dos chicas gitanas murieron ahogadas el sábado pasado en una playa de Nápoles, y mientras sus cuerpos, cubiertos por toallones, estaban tirados en la arena la gente siguió tomando sol como si no hubiera pasado nada.
Publicadas en las portadas de los principales diarios del país, las fotos que registraron este escalofriante episodio de indiferencia ante la tragedia causaron gran conmoción en Italia.

Todo ocurrió el sábado, en la playa de Torregaveta, en el litoral norte de Nápoles. Allí habían ido a vender sus chucherías Violetta y Cristinia Ibramovic, dos gitanitas de 12 y 11 años que vivían en el campo roma de Secondigliano-Scampia.

Probablemente las dos niñas, que eran primas, no sabían nadar. Pero cerca del mediodía, cuando el sol pegaba fuerte, decidieron bañarse.

Una corriente fuerte, que las arrastró mar adentro, y una ola muy grande, que las tiró con violencia contra un grupo de rocas, provocaron la tragedia. Según la prensa local, desde la playa se oyeron gritos y un equipo de bomberos intentó salvarlas con una lancha, pero todo fue en vano.

Lo peor vino después. Como las dos chicas estaban solas, no hubo escenas de parientes desesperados ante los cuerpos sin vida de las niñas, que fueron llevados a la orilla. Los curiosos que presenciaron el drama enseguida se dispersaron. Y aunque los sus cuerpos yacían sobre la arena, tapados por toallones, la actividad balnearia siguió normalmente.

Unos decidieron almorzar, otros ponerse el bronceador, otros contar por celular qué había pasado. Y la gente siguió tomando sol hasta que, una hora más tarde, la policía fúnebre se llevó los cuerpos de las niñas en cajones, en medio de la indiferencia total, tal como demostraron terribles imágenes que dieron la vuelta al mundo y crearon gran indignación.

"Son éstas las imágenes que nunca querríamos ver de nuestra ciudad, más aún de las que han mostrado por el mundo cuando Nápoles estaba sumergida en la basura", lamentó el cardenal Crescenzio Sepe, arzobispo de la ciudad del Vesubio, al condenar duramente la indiferencia que rodeó la muerte de las niñas gitanas.

"La tristeza no sólo proviene de esos cuerpos debajo de los toallones, señal de una tragedia penosa, sino de la gente sobre la arena, que no tomaba parte y que no se sentía involucrada: darse vuelta hacia otro lado a veces puede ser más devastador que los mismos eventos que suceden", denunció el prelado. "No quisiéramos que justamente la indiferencia se perfilara como una, y más grave, emergencia para Nápoles", agregó, al aludir a la conocida y crónica crisis de la basura.

Más allá de la cuestión residuos -que se convirtió en una prioridad del gobierno de derecha de Silvio Berlusconi-, la reputación de Nápoles también se vio manchada hace unos meses por una oleada inédita de violencia en contra de gitanos, cuyos campos fueron asaltados y quemados después de que una niña de esa etnia fue acusada de intentar robar una beba de un barrio de la periferia.

Entonces, hasta los bomberos y la policía debieron salir a defender a los gitanos, que ante la furia popular -quizá manipulada por la Camorra, la mafia napolitana, que quería apoderarse de sus terrenos- se vieron obligados a abandonar sus campos.

Se estima que en Italia hay unos 140.000 nómades, de los cuales 70.000 tienen la ciudadanía italiana. La mayoría vive en precarios campos -algunos legales, otros ilegales- en las principales ciudades del país (Milán, Nápoles y esta capital) y es percibida por la opinión pública como culpable del aumento de delincuencia que hubo en los últimos años. No por nada la cuestión de los "rom" -como les dicen aquí a los gitanos- también se ha convertido en una prioridad del gobierno de Berlusconi, que ha sido blanco en el exterior de arduas críticas por su plan de tomarles a todos ellos las huellas digitales, incluso a los niños.

Si bien la semana última el Parlamento Europeo consideró esta medida "racista y discriminatoria", el ministro del Interior, Roberto Maroni (de la xenófoba Liga Norte), defendió su plan, que aseguró que servirá para censar a los gitanos "no por cuestiones étnicas", sino para que tengan "una vida más digna".

En sintonía con este objetivo, el mismo Maroni -quizás impactado por la trágica historia de las gitanitas de Nápoles- anunció ayer que en los próximos días propondrá que se reconozca la ciudadanía italiana "por razones humanitarias" a los niños gitanos que nacen en la península sin padres.

"Tenemos que tutelar (a estos niños), que viven en estos campos nómades en condiciones subhumanas y cuyo destino es trágico, ya que algunos son usados en el mercado de trasplante de órganos", dijo Maroni.

"En cambio, el primer derecho de un niño, cualquier niño, es tener una identidad", agregó el funcionario.

Elisabetta Piqué

Polemica:
Las fotos que toman la indiferencia de algunas personas ante los cadáveres de dos niñas gitanas en un playa cercana a Nápoles han causado hoy estupor en el país y las críticas del arzobispo de la ciudad, Crescenzo Sepe.

La prensa italiana publica hoy fotos en las que se ve a dos personas que toman el sol a pocos metros de los cadáveres, cubiertos por unas toallas de playa, de Cristina y Violeta, de 11 y 13 años, que se ahogaron el pasado 19 de julio tras ser arrastradas por la olas.

"Estas son las imágenes de nuestra ciudad que no querríamos ver nunca", afirmó el arzobispo Sepe, quien consideró que la idea que dan estas instantáneas sobre Nápoles es peor que la que dio la vuelta al mundo a causa de la crisis de las basuras que inundaban las calles de la provincia.

El cardenal añadió que "mirar hacia otra parte o pasar del tema en algunas ocasiones puede ser más devastador que los acontecimientos".

Los servicios de rescate intentaron reanimarlas, pero fue imposible y sus cadáveres permanecieron en la playa alrededor de una hora mientras se esperaba la llegada de la empresa de pompas fúnebres.

Por su parte, Franco Iannuzzi, alcalde de Monte di Procida, localidad donde se produjo el suceso, aseguró que, según habían explicado testigos presenciales, los bañistas que se encontraban en la playa habían intentado salvar a las niñas.

La Guardia Costera informó de que las dos muchachas acompañadas por dos amigas habrían decidido bañarse, pero las olas y las fuertes corrientes las arrastraron mar adentro.

El aviso de los bañistas permitió además que los socorristas pudieran rescatar a dos de las niñas con vida, mientras que las otras dos fueron llevadas hasta la costa donde intentaron reanimarlas sin éxito.


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Un viaje a la Argentina del siglo pasado, a 30 minutos del Obelisco

Estamos en el momento más crítico. Con el frío, los chicos se nos mueren como moscas. Y acá no hay remedios "Yo vi mucha pobreza, pero esto... esto es miseria humana", dice Victoria con un hilo de voz. Es un comentario, pero suena a advertencia. Internarse en las calles de piedras de Villa Lamadrid, en Ingeniero Budge, es como desandar el camino del progreso.

No sólo por las carencias materiales. Esas están a la vista, con toda su crudeza. Allí se esconden, silenciosas, la tuberculosis, la lepra, infecciones y una desnutrición que deja a los niños chiquitos para siempre. Es que el aire y el agua enferman a los vecinos.

Alejandra González espera a LA NACION sentada en una silla, escondida debajo de su enorme campera rosa.

Tiene 12 años, pero parece de ocho o nueve. Con esfuerzo, llegó al Centro Comunitario Padre Reinaldo Conforti, donde estaba prevista la cita. "Camina unos pasos y se agita. No puede respirar", dice Graciela, su madre.

Bajo peso, baja talla y dos años de atraso en la escuela son parte del diagnóstico de la niña.

En el momento del encuentro, hacía una semana que no iba a clases por sus problemas respiratorios.

Ariel, su hermanito de siete años, también camina con cierta dificultad: según explica el médico, sus huesos no se desarrollaron bien.

Los dos crecen hasta donde los deja una desnutrición de tercer grado que los acompaña desde la cuna. O antes... desde el vientre de su madre.

Graciela López es petisita y cuenta que siempre tuvo problemas de salud. Leucemia, ahora; hambre, siempre.

"Ya de chica tenía bajo peso", dice y se lamenta de que ésa sea la herencia que les legó a sus hijos.

Ella trajo el hambre de su Misiones natal. "Yo misma peso 45 kilos y tendría que pesar al menos unos 60", confiesa.

Ellos son apenas un ejemplo de las deficientes políticas alimentarias que, durante años, perpetúan la desnutrición que se transmite de padres a hijos.

El pediatra de la salita del barrio es casi parte de la familia de los González. Hay semanas en las que Graciela y sus hijos lo visitan tres o cuatro veces. Osvaldo Núñez es médico en el barrio desde hace unos 18 años.

Pelea diariamente contra la desnutrición, la bronquiolitis, las pestes...

"Acá pesan las razones ambientales -dice el pediatra-. Hay muchos problemas respiratorios, de la piel, por estar en contacto con las aguas servidas... ¿Desnutrición? Sí, sí, también hay. La falta de recursos económicos pega fuerte en esta zona. Pero las mamás responden muy bien. Y los chicos van saliendo adelante", aporta con esperanza.

La humedad es tanta que, aunque la mañana es fresca, dentro de las casas se siente frío.

Y proliferan los mosquitos. "Estamos rodeados de arroyos contaminados. Nadie habla de lo que vivimos acá", se enoja el presidente del centro, Máximo Lera.

Rincón del olvido
"Estamos en el momento más crítico. Con el frío, los chicos se nos mueren como moscas. Y acá no hay remedios", asegura Victoria, antes de contar que llegó a este rincón olvidado hace siete años.

"Vine con la idea de abrir un centro de capacitación en informática y mirá... -dice y señala unas computadoras arrumbadas, tapadas con unos trapos polvorientos-. Tuvimos que abrir siete comedores, acá las respuestas nunca llegan y hay cosas que no pueden esperar."

Estamos a sólo unas diez cuadras de la avenida General Paz, a media hora del centro porteño, en auto. Y, sin embargo, parece que se hubiera retrocedido dos siglos.

Formosa: $400 para alimentar a 6 hijos

Es una familia de ocho integrantes del barrio La Floresta, a 30 cuadras del centro, al norte de esta ciudad. Estela González, de 34 años aunque aparenta muchos más, tiene en la fe cristiana el soporte para sus carencias, como también para los imprevistos que le plantea la vida. No sorprende que con su esposo, Alberto Torres, hayan decidido inscribir a dos de sus seis hijos con los nombres de Milagros y Jesús.

Con ellos dos, de ocho y seis años, ocurrió algo curioso hace dos años. Jesús tenía cuatro años y pesaba 13 kilos, y Milagros, con seis, solamente 15. "Yo creí que era flaquito, como había nacido con problemas en los pulmones... Pero cuando lo llevamos al centro de salud para que lo controlaran nos llevamos una sorpresa, porque saltó el problema de su escaso peso", contó Torres. "El mismo problema tuvimos con Milagros. Por suerte, a menos de un año de un tratamiento intensivo los dos comenzaron a recuperarse", comenta. Este caso de la familia Torres se repite en otros barrios y en pueblos del interior. "Lo bueno es que los doctores vienen a tu casa si que faltás a la sala", destaca Alberto, que tiene un ingreso de 400 pesos para alimentar a toda la familia.

Desde 2002, los organismos públicos comenzaron una batalla para combatir la desnutrición y su incidencia en la evolución neurológica de los chicos afectados. Marcelo Villarroel, un médico que está a cargo del programa Nutrir, dice que hace seis años el riesgo nutricional era del 12 por ciento. "En 2004, bajamos al 8,4%. Actualmente se llegó al 4,2%", asegura.

Justo Urbieta

Demuestran como fracasaron los planes alimentarios estatales

Como si se tratara del apellido, en muchas familias argentinas el hambre pasa de generación en generación. Y aunque ningún rincón del país escape a esta realidad, el bajo peso, la desnutrición crónica y la anemia no afectan por igual a todas las regiones.

Para poder entender las causas de esas deficiencias nutricionales, el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec, una organización no gubernamental) hizo una investigación que se propuso analizar si los programas alimentarios habían logrado revertir la desigualdad entre las provincias.

La realidad que encontró fue que, lejos de ser eficaces, esos planes continúan acentuando en el país las brechas de inequidad; que la coordinación entre los gobiernos nacional, provinciales y municipales para atacar ese flagelo es débil, y que, en muchos casos, las cajas de comida, por la insuficiente cantidad de nutrientes que contienen, terminaron creando un nuevo problema: la obesidad infantil.

?Después de 25 años de democracia, nos pareció interesante evaluar las intervenciones que se habían hecho en este tema?, explica Daniel Maceira, director del Programa Salud del Cippec y responsable del estudio.

El principal insumo del trabajo fue la última Encuesta Nacional de Nutrición y Salud de la Nación.

Los datos de ese sondeo dan cuenta de dicha inequidad: "Las provincias del Norte presentan peores condiciones socioeconómicas, como también nutricionales. En las del Sur los indicadores muestran datos menos alarmantes. Misiones y Corrientes tienen la mayor proporción de menores de seis años con bajo peso, y en Santa Fe y Corrientes están los mayores porcentajes de desnutrición crónica", dice el informe.

Las conclusiones a las que arribaron los investigadores del Cippec parecen claras: "Luego de 25 años de acciones, no se ha logrado generar una articulación aceptable entre los distintos actores que participan en el diseño y la ejecución de dichas políticas".

Según la investigación, las provincias del NEA y del NOA son las que tienen los mayores índices de mortalidad infantil en la franja de 1 a 14 años. También son las que ostentan mayores porcentajes de mortalidad materna y una población con necesidades básicas insatisfechas.

Pero la desnutrición no es el único problema señalado por los especialistas del Cippec: "La obesidad, producto de la malnutrición, es cada vez más importante en términos estadísticos. En este caso, también se manifiestan desigualdades entre las provincias. Los extremos los representan el Chaco, con la menor proporción, y Santa Fe, con la mayor del país", afirma el estudio, que, además, destaca una supuesta paradoja. "Contrariamente a la creencia popular, los sectores de menores recursos son los más afectados por la obesidad, ya que no pueden acceder a alimentos cuantitativa y cualitativamente adecuados para una correcta nutrición."

La anemia, otro problema derivado de la mala alimentación, también llama la atención: afecta principalmente a niños menores de dos años y a mujeres embarazadas.

Hay un punto clave en este tema: "La política de nutrición debería estar inserta en una política sanitaria porque hay un vínculo claro entre salud y nutrición. Los cortocircuitos de una estrategia conjunta reducen el impacto de la planificación nutricional y hacen que esa población demande más políticas de salud", señala Maceira.

"La articulación entre los distintos actores que participan en el diseño y ejecución de las políticas para paliar esta situación se presenta como uno de los desafíos más importantes, así como la definición de mecanismos que permitan transferir capacidades a la población afectada más allá de estas intervenciones", acotó Maceira.

Las bolsas de la discordia

Una de las principales críticas del estudio es el recurrente mecanismo de los distintos gobiernos democráticos para intentar solucionar estos temas: las bolsas con alimentos, que a juicio de los especialistas no resuelven la desnutrición crónica y, lo que es peor aún, favorecen la aparición de la obesidad infantil.

"Las bolsas con alimentos hacen que los chicos recuperen peso, los engordan y salen de las tablas de la desnutrición aguda, pero no revierten la situación en cuanto a la talla o a los problemas neurológicos y de desarrollo que implica una mala alimentación", sostiene Maceira.

Pero, entonces, ¿cuál es el mecanismo ideal? Según Maceira, sin dudas es la distribución de alimentos frescos, pero es muy complejo desde el punto de vista operativo y necesita identificar las necesidades puntuales. "Por eso se fueron eligiendo otras acciones menos satisfactorias, que resuelven problemas de gestión pero no ofrecen una dieta balanceada -explica el experto del Cippec-. Como las cajas no se entregan con la frecuencia preestablecida, el valor nutricional que aportan sus componentes no resulta suficiente."

Otra de las preguntas que se hicieron los investigadores era saber quién llevaba adelante los mecanismos para aplicar cada programa. Y encontraron que las organizaciones civiles, asociadas con el Estado, son las responsables de poner en práctica los proyectos. "Son flexibles y tienen un contacto directo con la gente, pero, una vez que se terminan los proyectos, el Estado y las organizaciones no consiguen articularse y no se logra capitalizar ese aprendizaje", se lamentó Maceira.

Al mismo tiempo, los programas alimentarios tienen un reducido seguimiento y escasean las evaluaciones de impacto una vez finalizadas las acciones puntuales.

"La débil coordinación entre los tres niveles de gobierno (nacional, provincial y municipal) profundizó la ineficiencia en la aplicación de los programas por la superposición y la fragmentación de esfuerzos", señala el estudio.

Y es concluyente: "Los programas alimentarios distan de ser eficaces en el logro de mejores condiciones nutricionales y continúan acentuándose las brechas de inequidad entre las provincias".

Cynthia Palacios
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Google, o el cambio en la capacidad de pensar

Algo que no sabía: Friedrich Nietzsche usaba una máquina de escribir. Muchos de esos aforismos tersos y meditaciones impenetrables fueron producidos aporreando una Malling-Hansen Writing Ball de 1882. Y un amigo suyo notó en aquel momento un cambio en el estilo del filósofo alemán, al pasar de la escritura a mano a la mecanografía. "Quizás a través de este instrumento incluso adoptes un nuevo idioma", escribió el amigo. Nietzsche respondió: -Tienes razón. Nuestro equipo de escritura participa en la formación de nuestros pensamientos."

¡Oh, no!
El comentarista sobre tecnología Nicholas Carr, que llamó la atención sobre este ítem de trivio relacionado con Nietzsche en la nueva edición de The Atlantic, procedió a decir algo aún más preocupante. Si una máquina de escribir pudo afectar así a una mente tan profunda y poderosa como la de Nietzsche, ¿hasta dónde llega la influencia de Google sobre nosotros actualmente?

¿Estamos perdiendo rápidamente la capacidad de pensar de manera profunda, calma y seria? ¿Hemos sucumbido todos a un de­sorden o un déficit de atención provocado por Internet? O, para decirlo de modo más directo: si en este momento usted está mirando un monitor, ¿sigue leyendo o está a punto de hacer clic en otro vínculo?

No vale la pena repetir los beneficios asombrosos que ofrece Google. Cuando comencé a escribir estas columnas tenía una pila de un mes de ediciones de The New York Times en mi estudio. Si recordaba un artículo o un informe al que quería referirme, pasaba unos cuantos minutos alegremente revolviendo papeles ajados, manchándome los dedos con tinta, y por lo general terminaba leyendo un artículo que no tenía nada que ver con mi búsqueda.

Necesitaba buena memoria -incluso visual- para rastrear el origen de un vago recuerdo. Necesitaba tiempo. Necesitaba pensar un poco antes de iniciar la búsqueda. Ahora todo lo que necesito hacer es pulsar el botón derecho y tipear unas pocas palabras. Y todo se revela instantáneamente.

Paso la mayor parte del día en un blog, a un ritmo actual de casi 300 aportes a la semana. Por cierto que no soy más estúpido que antes; y estoy mucho mejor informado y mucho más instantáneamente.

Recorrer la blogósfera
Sin embargo, la manera como ahora pienso y escribo se ha visto alterada de manera sutil o no tan sutil. Proceso información mucho más rápido y aparentemente soy capaz de absorber fuentes múltiples de información simultáneamente de maneras que me hubieran asombrado de adolescente.

Al estudiar para un tema, o simplemente cuando recorro la blogósfera, mi mente da triples saltos mortales de una fuente a otra. La multitarea mental -un dato aquí, un video de YouTube por allí, un vínculo más allá, un e-mail, un mensaje instantáneo, un nuevo PDF- asusta cuando uno se para a analizarla tomando un poco de distancia y, sin embargo, resulta perfectamente natural cuando uno está en medio de un blog.

Pero cuando se trata de sentarse y realmente leer varias páginas impresas, o incluso -que Dios nos ayude- un libro, mi mente sufre un paro momentáneo. Luego de un párrafo estoy listo para seguir un nuevo vínculo. Pero la prosa frente a mi nariz se alarga. Siento inquietud. Miro las notas al pie en busca del golpe de adrenalina al que estoy acostumbrado. No sirve. Recorro la página de agradecimientos esperando encontrar algún nombre conocido. Vuelvo a empezar.

Pocos párrafos más adelante extiendo la mano para encender la laptop. No es que no tenga tiempo para leer de verdad, para permitirme el placer de un argumento o una narrativa. Más bien se trata de que mi mente está condicionada para resistirse a ello.

¿Es una nueva manera de pensar? ¿Y afectará la manera en que leemos y escribimos? Si bloguear es corrosivo, lo mismo puede decirse del videojuego Grand Theft Auto, la elaboración de textos y el envío de mensajes dentro de Facebook, con los que se está criando una generación más joven. La respuesta seguramente es afirmativa: nuestro pensamiento está cambiando de maneras que aún no entendemos plenamente. Puede ser que estemos perdiendo tranquilidad y profundidad en nuestra vida literaria e intelectual y espiritual.

El dramaturgo Richard Foreman, citado por Carr, hizo el elogio de una cultura en la que en un tiempo se sintió cómodo: -Provengo de una tradición de cultura occidental, en la que mi ideal era la estructura compleja, densa, y similar a una catedral, de una personalidad altamente educada y capaz de expresarse: un hombre o mujer que llevaba a su interior una versión única y personal de toda la herencia de Occidente. -[Ahora] veo en nuestro interior (me incluyo) el reemplazo de la densidad compleja con un nuevo tipo de ser que evoluciona bajo la presión de una sobrecarga de información y la tecnología de lo «disponible instantáneamente»-.

Lo que corremos el riesgo de perder es la experiencia de leer sólo un buen libro por un tiempo, permitiendo que sus temas resuenen en nuestra mente. Cuando era joven llevaba conmigo un solo libro por días, durante los cuales sus ideas chapoteaban en mi cabeza, no formando un juicio instantáneo (a favor o en contra), sino permitiendo que el libro se asentara por un tiempo mientras el resto del mundo aportaba lo suyo: el campo o el pavimento, la multitud o el tren, el sillón o el bar. A veces los seres humanos necesitan tiempo para analizar las cosas, permitirse dar vueltas alrededor de una idea antes de aceptarla.

El ruido blanco de la carretera informática cada vez más veloz puede -lo temo- estar impidiendo esto. La pequeña voz tranquila que renueva una civilización tal vez esté en proceso de ser eliminada por infinitas distracciones.

Superficiales o profundos
No quiero ser fatalista aquí. Como señala Carr, anteriores innovaciones -la escritura misma, la imprenta, la radio, la televisión- han modificado el tono de nuestra civilización sin destruirla. Y la capacidad de la Red de recuperar lo antiguo, renovarlo y volverlo nuevamente accesible es un pequeño milagro.

Quizás ahora estemos exageradamente abrumados por toda esta información accesible, pero puede llegar el momento en que nuestro dominio del nuevo mundo nos permita verlo con mayor perspectiva.

Espero que sí. La superficialidad, a fin de cuentas, no necesariamente descarta la profundidad. Simplemente tenemos que encontrar un nuevo equilibrio entre ambas. Tenemos que ser tanto patinadores de laguna chica como buzos de profundidades. Tenemos que dominar la capacidad de acceder a los datos mientras reservamos tiempo y espacio para hacer algo significativo con ellos.

Es inevitable que esto le lleve un poco de tiempo a nuestra especie siempre en evolución y a nuestros cerebros siempre maleables, y la era de Google en términos masivos no tiene siquiera una década. Algunos sugieren que haya un sabbat de la Red, un día o dos en la semana en que nos forcemos a no leer e-mails o escribir en blogs o enviar mensajes de texto; un alto para pensar de nuevo a la manera antigua: mirar rostros humanos presentes en vez de los que aparecen en Facebook, leer un libro en vez de un blog, rezar en vez de navegar. Creo que comenzaré a leer a Nietzsche en algún momento. Pero en este momento tengo que poner una respuesta en un blog.

Andrew Sullivan (Sunday Times News Service)
revista@lanacion.com.ar
Traducción: Gabriel Zadunaisky
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Exigen frente a la plaza de toros de Valencia el fin de este espectáculo 'para psicópatas'

Decenas de personas se concentraron este domingo frente a la plaza de toros de Valencia para exigir el fin de este espectáculo "para psicópatas" que "camufla la tortura mortal de una criatura con la palabra 'arte'", según señaló a Europa Press el presidente de la Asociación Contra la Tortura y el Maltrato Animal (Actyma), Arturo Pérez.
Este acto de protesta, organizado por el Partit Antitauri contra el Maltractamente Animal (Pacma), Actyma y por la Plataforma Iniciativa Animalista, así como por las organizaciones Fulgancha y Lidera, se llevó a cabo esta tarde en la puerta del coso de la calle Xàtiva, cuando en el interior se encontraban toreando Víctor M. Blázquez, Angel de la Rosa y José Calvo.

Los manifestantes, acompañados por pancartas como 'Stop, corridas de toros' o 'Basta, tauromaquia abolición', gritaban varias consignas como 'Tortura animal, código penal" y 'Los niños a la escuela', haciendo referencia a que los niños no deben de entrar en la plaza de toros.

Pérez resaltó que las organizaciones convocantes piden "terminar con las 438 plazas de España que tenemos en España y que cuestan muchos millones", así como ponerle fin a "los 12.000 espectáculos sangrientos" que se celebran en el país.

El responsable de Actyma consideró que los toreros son "verdugos a sueldo que actúan para ganar dinero y para satisfacer a un publico psicópata". En su opinión, "camuflan la tortura mortal de una criatura con la palabra 'arte'".

Asimismo, Arturo Pérez hizo hincapié en que el mundo del toreo es "un espectáculo de sangre, tortura y muerte" e incidió en que este tipo de actos "ha machando a este país".

Entre los manifestantes se encontraba el portavoz de Els Verds, Giuseppe Grezzi, quien aseguró que apoya la causa y resaltó que, en las Corts, Compromís pretende impulsar una ley "para que no se repitan este tipo de espectáculos".

20minutos.es

Mi horoscopo de hoy!

Tus esfuerzos para poner en orden tu casa ciertamente tuvieron su compensación, Escorpio. Tu casa está maravillosa. Cada uno que llega lo comenta. Algunos visitantes inesperados pueden venir a verte y se terminarán quedando para cenar. Eres una anfitriona nata, gentil, y además una gran cocinera. ¡Nadie puede culpar a tus visitantes por querer quedarse!

Estoy tan contento con lo que me predice Hotmail para hoy!!!! Vayan a laburar!!!

junio 10, 2009

Cabiria / Ilanit כביריה / אילנית

octubre 31, 2005

El Sonido del Alma


Hay acuerdo en reconocer que la música en general lleva consigo un poder y que ciertas obras musicales producen un efecto indiscutible sobre el cuerpo y el espíritu. Resulta interesante abordar esta dimensión esotérica del mundo musical.

Para empezar, es necesario recordar que estas prácticas musicales son motivadas, no por una búsqueda estética, sino por la búsqueda de los poderes que ellas procuran. La potencialidad estética está incluida en el conjunto de esos poderes. Este poder se constata por sus efectos. En ciertas músicas orientales, menos en las artísticas que en las populares, se busca un efecto y se mide la cualidad de la música por los efectos que ella produce. Yo he estudiado la música mística sufí y las formas populares que de allí se derivan y que han conservado su carácter, y he sido llevado a plantearme la famosa pregunta., ¿en qué residen los poderes de la música?

Existe seguramente una infinidad de respuestas. Una de ellas, muy dogmática, y que he sido motivado a relativizar, considera que los intervalos o los tonos previstos producen efectos también previstos. Existe a ese respecto toda una especulación que se apoya sobre Pitágoras y la escolástica griega y que ha influenciado al Islam. Pero la experiencia muestra que el poder no reside en la elección de tal escala o de tales tonalidades, porque, cuando se ejecuta, no se aplican estas leyes matemáticas de manera muy precisa. El poder no se deja traducir en ecuaciones.

Existen respuestas relativistas evocando un fenómeno de condicionamiento: se está habituado a entrar en un cierto estado al escuchar cierta música. Al escuchar tal música se pasa inmediatamente al estado de trance, por ejemplo. No se podría negar este fenómeno; pero todas estas respuestas no son más que parciales. En el hecho hay un conjunto de factores en juego. El timbre del instrumento debe ser tomado en consideración, los intervalos tienen un cierto efecto, el condicionamiento, la respuesta refleja, el fenómeno cultural, y sobre todo la naturaleza del auditor y del intérprete, todo esto juega un cierto rol. Una respuesta que pudiera ser más satisfactoria se perfila al abordar el tema del poder interior del ejecutante.

Para transmitir un influjo, el ejecutante debe tener él mismo un cierto poder que viene de la calidad de su concentración, de su meditación. Algunos dicen que este poder está ligado a su grado de pureza interior, otros que esto se manifiesta porque el ejecutante está ligado a una línea iniciática que le da una especie de baraka permitiéndole transmitirla a través de su música. Yo he visto casos extremos donde la forma musical no tiene nada que ver; músicos animados de una fuerte espiritualidad provocan efectos increibles ejecutando motivos muy simples. Esto me parece que es uno de los ejes fundamentales. Se ve raramente un músico que llegue a fascinar a la gente sin tener en sí mismo esta especie de fuerza interior. Por lo demás, esto es lo que constituye el beneficio de una tradición: se es iniciado a una cierta forma de espiritualidad a través de la música. Todo marcha junto.

Por otra parte, la forma de la música misma hace que ella sea capaz de transmitir un poder o no. Si alguien trabaja sobre bases musicales que no corresponden de ninguna manera a las leyes de la naturaleza, como se observa a menudo en occidente hoy día, su espiritualidad no se puede expresar tan bien como la de un Bach por ejemplo. Es necesario distinguir, por un lado, algo que podría llamarse la intención o la motivación y, por otro, los medios utilizados. Me digo a veces que si Beethoven hubiera sido un músico indio, persa o turco, su música hubiese sido tal vez aún más emocionante, porque las leyes que él hubiera aplicado son más fundamentales que las de la armonía.

Es imposible concebir los poderes de la música separados de una referencia al sistema tonal o modal. El sonido de un instrumento encierra en sí mismo las leyes de la organización de la tonalidad. La nota fundamental y sus armónicos se organizan naturalmente de una manera precisa. Son cosas con las cuales no se puede hacer trampas. Desde este punto de vista, conviene no separar el Oriente del Occidente. Toda Europa obedece a casi las mismas leyes melódicas que la China, la India, Persia y los países Arabes. La música europea clásica tardía constituye un caso aparte; pero, en todo lugar un canto sigue siendo un canto. ¿Y cómo se podría cantar en doce semitonos?

Hablando de instrumentos, hay algunos que se prestan particularmente a la transmisión de influencias y poderes. Gente profundamente arraigada en la tradición, como los sufíes por ejemplo, nos responderán que, sin ninguna duda, ciertos instrumentos transmiten mejor que otros. En Turquía y en todo el mundo árabe, la flauta de caña (ney) es un instrumento cargado de efectos espirituales. Y esta flauta se la encuentra en el Japón como flauta de bambú en la música Zen (el sakuhachi) donde es tocada de una manera muy semejante al ney turco. Se puede difícilmente evocar una influencia cultural en el uno o el otro sentido, y sin embargo la similaridad está presente.

Ciertos instrumentos de cuerda frotada están igualmente cargados de poder, tal como las diferentes violas. En la cultura occidental, es el violín el instrumento más cargado de poder. Pensemos en Paganini y su violín del diablo, en la Sonata a Kreutzer, en la sonata El Trino del Diablo de Tartini, etc. Todo esto evoca un universo fantasmagórico.

Se encuentra también el tambor sobre bastidor circular, repartido por todo el Oriente y Africa del Norte. Es el instrumento chamánico por excelencia de los siberianos, los lapones, los indios americanos, de todas las confraternidades derviches que practican la letanía en voz alta (zikr).

Cada cultura posee sus instrumentos privilegiados. Pero un músico animado de un poder espiritual, un maestro espiritual, podrá obtener un efecto con prácticamente cualquier instrumento. De todas maneras, los instrumentos privilegiados por ciertas culturas no lo son por azar.

He trabajado mucho con la música persa, clásica y popular. En esa música la clave del efecto reside en la ornamentación. Los maestros de música más perfectos y más iluminados lo dicen así. La estructura melódica constituye la base, pero es preciso trabajar esa base para que se produzca el efecto en la música. Los ornamentos son una manera de aproximarse a una dimensión más esotérica. Lo que todo el mundo capta inmediatamente es la estructura, la tonalidad, el ritmo, la melodía simplificada, pero el oído ejercitado apreciará las finezas en la manera de ejecutar. Es análogo a lo que nos sucede a nosotros. Se puede tocar un preludio de Bach de una manera determinada. Todos dirán: «es correcta»; pero el aficionado entendido captará otra cosa: todo el arte de la ornamentación desplegado por el ejecutante. En la música persa, si se quita eso, no queda nada.

Se considera que la ornamentación es algo que se «agrega» a la música... Pero es necesario recordar que, generalmente hablando, esta música es más libre; no se ejecutan «partituras», sino un tema más bien fijo que se ornamenta al gusto. Por ejemplo, yo he recolectado una docena de versiones de un trozo para viola, el tema del pájaro fénix - el Simorgh - que es una música chamánica, Cada versión es diferente, ornamentada de manera completamente diferente, el músico ha impreso su sello, pero es siempre el Simorgh. En ese trozo, todo está en la ornamentación: es necesario evocar el rumor del ala del pájaro, su arrullo, tantos otros detalles que demandan una gran fineza. Y cuando se trabaja con músicos jóvenes, uno se da cuenta que algunos no traspasarán jamás un cierto nivel de comprensión del instrumento. Sus adornos restarán siempre simples; no llegarán a dar ese impacto al sonido. El adorno es una manera de hacer que el auditor sea consciente del sonido. El sonido plano, desnudo, no puede entrar verdaderamente en el oído del espíritu, se le oirá sólo como se escucha un concepto.

A mi modo de ver, en Oriente como en Occidente, la música clásica ha trabajado de manera de vaciar al sonido de ese poder que barrena el oído y que nos penetra física, emocional e intelectualmente. El éxtasis musical llega cuando todos esos elementos son reunidos. Si no, no son más que imágenes del éxtasis. El «poema del Extasis» de Scriabin, por ejemplo, no es una representación del éxtasis sino un ensueño de como éste podría ser. Igualmente, los derviches «giradores» turcos actuales que presentan espectáculos endulzados para turistas, actúan el éxtasis pero no están en absoluto dentro de él, sus posturas corporales siguen estéticamente el simbolismo de una danza reglamentada. Pero el éxtasis que viven los derviches kurdos, no está programado ni es mecánico. Los derviches son penetrados completamente al nivel físico,
al nivel emocional - lloran a menudo - y al nivel imaginativo: están verdaderamente en otro mundo. la música los hace pasar a otro universo. Tal es su finalidad.

Cuando los sufíes han pasado a ese otro universo, ellos pueden tener visiones, revelaciones de conocimientos, del espacio, del sonido, todos los niveles del ser son evocados al instante; es por eso que se llega más fácilmente a una experiencia de totalidad...

La tesis que sostiene la música espiritual en todo el Islam, desde los primeros textos sufíes hasta los últimos maestros contemporáneos - y hay unanimidad en este punto - es que existen sentidos espirituales. Hay así una vista del alma, un oído del alma, un gusto, un olfato, un tacto del alma misma, por eso es que ciertos milagros dejan trazas concretas. Y así como existe un intelecto que nos permite conceptualizar, existe un intelecto del alma que domina todo esto. Si estos sentidos espirituales existen, existe también un mundo espiritual que se puede ver, escuchar, respirar, tocar. Esta tesis es uno de los pilares de la cultura iraní. El Paraíso era el jardín de los reyes. En toda la cosmología persa se encuentra este intermundo de formas y hechos sensibles, pero inmateriales. Los neoplatónicos del renacimiento conocían esto muy bien. Como Marcelo Ficino, un esoterista neoplatónico veneciano, que había establecido una especie de teurgia: tocando el violín, quemando perfumes, concentrándose en las vibraciones de ciertos planetas, él llegaba a fundirse con la entidad metafísica del planeta. ¡ Todo esto en pleno Renacimiento !

Más adelante fueron rechazadas cosas como ésta. Con Descartes, la imaginación pasó a ser la locura de la lógica y el concepto reinó como el maestro. En la música se suprimió todo lo que podía producir una apertura espiritual demasiado sensible. Según mi opinión, el Occidente ha caído en el materialismo, y, como compensación, se ha creado una imagen demasiado abstracta de la espiritualidad, separando radicalmente el espíritu del cuerpo. Y la música, en mayor grado que las otras artes, se sitúa justamente entre esos dos dominios, en las regiones del alma, de los sentidos interiores, de lo imaginario... Desde hace largo tiempo la música llamada clásica no se contacta sino con el intelecto; y esto también ocurre a menudo en Oriente.

Esta supresión se efectuó en varias fases; pero en el siglo XIX todo quedó consumado. La música popular comienza su agonía; cae en el olvido toda la música del siglo XVIII y la anterior; los secretos de interpretación se pierden. Y para compensar esta declinación, se resucita una tradición muerta, el canto gregoriano, pero completamente despojado, endulzado, etéreo, para no dar por ningún motivo la impresión de una influencia sobre el cuerpo y sobre la emoción. Podría ser la música de las esferas ¡ pero cuán fría !

Hablando de la inspiración, ésta es siempre importante en Occidente. Se espera de un intérprete que esté inspirado. Este problema no se plantea evidentemente con la música electrónica o los «objetos musicales», a propósito de los cuales se puede hablar en rigor de inspiración en la concepción. Por otra parte, la inspiración ha cedido el paso a la técnica, al espectáculo. Los artistas orientales, como los griegos consideran que ellos están sumergidos en una atmósfera donde flotan sonidos musicales - ese mundo imaginario del que hablábamos - y que basta con captarlos. Pero entonces la inspiración significaría estar en otro estado, trascenderlo todo...

Yo he abandonado la guitarra clásica cuando me preparaba para hacer de ello una carrera, a fin de consagrarme a la música oriental. Ha sido entonces cuando verdaderamente he aprendido música. Antes
de eso, no hacía más que tocar notas y ensayar comprender, pero sin haber tenido jamás experiencias convincentes. Debo precisar que hablo desde el rol de intérprete, no del público; en Occidente el auditor es mimado; el intérprete está a su servicio, en tanto que en Irán, se hace música para sí, o para Dios, sin tomar en cuenta al oyente. Para mí la emoción que se puede sentir ejecutando esa música tradicional es
sin comparación con la de la música occidental, pues aquella es hecha para eso. Más aún, es música en la cual la creatividad es exigida, se tiene libertad para hacerlo, y se debe expresar, no sólo la sensibilidad del compositor o del creador anónimo de la obra, sino también lo mejor de sí mismo. Cuando se llega a ese estado de inspiración, se entra de golpe en la significación de una pequeña frase melódica. Ella habla y se siente que está viva de una manera diferente a la habitual. Entonces uno entra en sí mismo y esa frase nos lleva hacia otra y se siente la posibilidad de desarrollar algo nuevo. Llega un momento, con ciertos instrumentos en particular, en que el ejecutante siente que no es él quien está produciendo la música, ella actúa por sí sola. Muy a menudo es la mano la que piensa, ella lo hace.

Cuando el músico constata esto, se vivencia a sí mismo como si fuera un lugar de tránsito de energía. Es una sensación indescriptible y que llena de dicha. Se pueden producir cosas increíbles. La sonoridad de los instrumentos se hace sublime, todas las coacciones desaparecen... Puede suceder, por ejemplo, que un cantante, súbitamente, empieza a cantar con la voz de otro, la voz de su maestro. Existen numerosas maneras de estar inspirado, pero la condición es una sola: eclipsarse.

Lo que es catastrófico es cuando un músico tradicional toca desde su ego. Para el músico occidental el problema es diferente; desde el Romanticismo, se tiene el hábito de hacerlo así, aún se le pide que lo haga. Es otro género de técnica. Pero si un músico tradicional hace alarde de su ego, sus problemas, sus complejos, el resultado es terrible. Escuché, por ejemplo, un concierto de música china sobre la cítara de siete cuerdas, un instrumento con tantas posibilidades como un clavicordio moderno. El intérprete parecía caricaturizar lo que podría imaginarse como un concierto de Liszt. Se me explicó, después, que él había aprendido de su padre todas las finezas de la tradición, pero que se había desconectado completamente de ese espíritu, siguiendo la escuela contemporánea de tipo «materialista dialéctica». Esta tiende a desarrollar la exposición de un ego monumental, atormentado, apasionado. En tanto que, en su origen, esta cítara, que era el instrumento, por así decir, «dialéctico espiritualista» de Confucio, exigía una interiorización del gesto semejante al que se encuentra en el tai-chi, un desarrollo considerable de la sensibilidad táctil y de la elegancia del gesto destinado a crear ese estado interior, esa emoción que da al sonido su fuerza espiritual y su impacto, trabajo sin el cual no sucede nada.

En Irán, sobre todo en las zonas rurales, se escucha a los campesinos que cantan o tocan sus instrumentos, animados de una fuerza increíble que jamás poseerá un músico clásico de una sociedad urbana moderna. Y aún si su música sólo esté basada sobre 4 o 5 notas que se repiten, esta fuerza es suficiente para emocionarnos hasta lo más profundo. ¿De dónde viene esta fuerza? Viene de la tierra y del cielo. Un cantor flamenco era entrevistado en una discusión de musicólogos sobre el origen de esta tradición: «Yo trabajo mi campo - dijo él - la tierra se abre y su canto se eleva. Eso es el flamenco». La verdadera música es una ofrenda de la tierra que se eleva hacia el cielo. Entonces sucede que el Cielo responde...

Jean During

Los espectros de Arlt


Hace pocos días se cumplieron 70 años de un aniversario sin pena ni gloria, porque no evoca grandes gestas ni epopeyas con bombos y platillos ungidos por la cronología oficial. Aunque en verdad, apagada entre tantas cosas que pasan, hay gloria y cierta pena en la evocación, un poco caprichosa, de ese acontecimiento mínimo y amarillento. El 19 de septiembre de 1935, (un día como ayer, hace 70 años) Roberto Arlt publicó, la primera de sus “Aguafuertes Gallegas”.

Sus crónicas continuaron publicándose sistemáticamente desde ese día y hasta el 13 de noviembre de 1935. Después fueron compiladas y siguieron la misma senda paradigmática de las “Aguafuertes porteñas” bajo el nombre de “Aguafuertes Gallegas y Asturianas”. Había viajado a Marruecos, y también a Galicia y Asturias, y de todos esos sitios, dejó huella, con sus textos maravillosos, que no sé si dejaron huella. ¿Quién escribe hoy con esa contundencia de aplanadora, con esa sinceridad seca y caliente, con esa fuerza, sin vueltas y tan de frente?

Ayer mientras tomábamos café y hablábamos de periodismo y de fútbol, como hacemos siempre, Mario Markic, amigo y mitológico cronista viajero, me decía que para él las Aguafuertes, como género periodístico, han desaparecido. Es cierto, pero es cierto, entre otras cosas porque Arlt se murió y ya hace mucho. Tortuosamente, me gusta reiterar la pregunta casi como una denuncia: ¿Quién escribe como Arlt, que escribió, por ejemplo, esto desde Galicia? "Filosóficamente musculoso, el gallego no tolera la miseria, antes de estirar la mano limosneando, se expatría".

Silvia Saítta, hizo un libro insoslayable por su erudición y lucidez sobre Roberto Arlt, que se llama “El Escritor en el Bosque de Ladrillos”. Ahí Saítta cita a Ricardo Piglia que también habla de Arlt, y lo cita de manera inmejorable. Dice Piglia, en Respiración Artificial, citado a la vez por Saítta,”¿Qué era Arlt aparte de un cronista de El Mundo? Era eso, justamente, dijo Renzi, un cronista del mundo”. Como todos saben, (los que saben algo de Arlt) él escribió sus Aguafuertes en El Diario El Mundo, y causó furor. Su prosa como quería Capote, era clara y cristalina como el agua de un arroyo, aunque hablara de las mayores oscuridades.

Fíjense otra vez lo que decía y cómo lo decía: “Todos los sinvergüenzas que aspiran a chuparle la sangre al país y a venderlo a empresas extranjeras, todos los sinvergüenzas del pasado, el presente y el futuro, tuvieron la mala costumbre de hablar a la gente de su honestidad. Ellos ‘eran honestos’, Ellos aspiraban a desempeñar una ‘administración honesta’. Hablaron tanto de honestidad, que no había pulgada cuadrada en el suelo donde se quisiera escupir, que no se escupiera de paso a la honestidad. La palabra honestidad ha estado y está en la boca de cualquier atorrante que… exclama que ‘el país necesita gente honesta’. No hay prontuariado …que no le hable de ‘honradez’. En definitiva, sobre el país se ha desatado tal catarata de ‘honestidad’, que ya no se encuentra, un solo pillo auténtico. No hay malandrino que alardee de serlo…”

No deja de llamarme la atención su condición profética. Han pasado tantos años y en el fondo, es poco lo que se ha transformado. El malandrinaje domina, impera y asusta. Como imperan los espectros. Los espectros de Arlt.


Miguel Wiñazki

Joaquín Sabina: “ALIVIO DE LUTO”


–¿De dónde nacen las canciones?
–A veces nacen de las noticias. Me gustaría contar “Pájaros de Portugal” porque tiene una anécdota muy concreta. Hace ocho o diez años se escaparon de sus casas de Tarragona dos chavales de 14 o 15 años. El país estuvo aterrorizado esos días porque se creía que los habían matado, que los habían violado, cualquier cosa. Y nada de eso había sucedido: querían ver el mar, y cuando vieron que era peor que en la tele llamaron a sus padres acojonados. Volvieron, vírgenes, supongo, acojonados... Sí, a veces las canciones nacen de las noticias, pero hay que rumiarlas. Eso pasó hace ocho años, y cuando leí la noticia pensé: aquí hay una canción. Pero la canción misma viene ocho años después, cuando ya se ha medio olvidado...
–¿Y usted lee la prensa con esos ojos, por si le trae canciones?
–Yo leo la prensa porque me interesa y porque soy periodicoadicto. Pero, sí, muchas veces vienen ahí las canciones, sobre todo en las páginas de sucesos, que es donde vienen las mejores historias. Porque igual que en poesía hay que cogérsela con papel de fumar, en las canciones hay que cogérsela: con un punto de cursilería, un punto de horterez y todo lo que se pueda de demagogia...
–¿Y eso es porque hay que llegar al número más grande posible de personas?
–Porque es un género para cantar y para enamorarse y para llorar. No es un género para paladear exquisitamente con la cabeza, porque va por las venas, por el corazón..., tiene que ver con todos los momentos repugnantemente sentimentales de uno. Para eso son las canciones.
–¿Usted se imagina la canción cantada al mismo tiempo que escrita?
–Yo antes no sabía de eso, pero ahora sí. En estos dos años que he estado retirado de los escenarios he estado escribiendo sonetos, e incluso escribiendo versos en revistas de actualidad, y me he dado cuenta de que las canciones no son sonetos, y no son poemas; si no nacen con la música puesta, no nacen. Ahora tengo claro, desde el primer verso, qué cosa es una canción y qué cosa no será jamás una canción.
–¿Y “Pie de guerra”?
–Nace de una canción de Leonard Cohen que dura un minuto. La mía dura más de cuatro. Me parecía que él no había desarrollado lo suficiente esa cosa espantosa que está pasando ahora mismo y que se ve todos los días en la prensa, ese guerracivilismo que se vive aquí, en Londres, en Pakistán, un horror que aquí yo mezclo de un modo caótico. No sólo están en guerra los países o las civilizaciones, sino el cuerpo y el alma, el hombre contra sí mismo, el hombre contra la mujer, y viceversa, el pelo, las uñas. Una guerra total...
–¿Estamos en un momento de desintegración?
–Yo creo que los del pensamiento único, primero, eran unos hijos de puta y, luego, no tenían previsto nada. Y nos han llevado a este horror, que se parece un pelín al Apocalipsis. Uno lee en el periódico que si todos los chinos tuvieran papel higiénico no habría árboles en el mundo. ¿Y cómo es que no hemos previsto esto?
–¿Y esta canción en concreto, cómo nació?
–Decía Cohen: “Hay una guerra entre negro y blanco / entre hombre y mujer”. Y eso ya te dispara para decir todo lo que quieras decir... El es mucho más contenido que yo.
–¿Le pasa que usted quiere prolongar lo que escriben o cantan otros?
–Sí, me pasa mucho, pero la mayoría de las veces te das cuenta inmediatamente de que estaban mejor como estaban antes. En este disco, por ejemplo, hay una canción que se llama “Mater España” y que parte de una conversación que teníamos en casa con Víctor Manuel acerca de un cantante italiano, De Gregorio. “Fíjate –decía Víctor–, este cabrón canta unacanción que se llama ‘Viva Italia’ y no pasa nada... ¡Si aquí hiciéramos una que diga ‘Viva España’, ¡la que se armaría!”. Y entonces me empeñé y le dije: ¡cómo que no! Así que hice “Mater España”. Pero, claro, cada vez que le echo un piropo luego me siento obligado a insultarla.
–Pero es un canto de amor a España, en toda su extensión...
–A una España republicana, ilustrada... Y hay unos versos que relacionan a España con “fibra óptica y ladillas”; ahí andamos, más en las ladillas que en la fibra...
–“Madrastra España / a la hora de la siesta, / la puta que se enamora, / la fruta que se indigesta...”.
–Pero ahí puta no es peyorativo. Recuerdo una cosa que me decía mi maestro Georges Brassens: que cada vez que cantaba mierda asomaba una flor por detrás. En el disco hay una canción a mi hija Rocío: le digo hija de puta. No creas que es tan fácil, pero ahí está, una canción de amor... Soy tan mayor que las dos únicas canciones de amor que he hecho en los últimos años son a mis hijas, una es “Ay Carmela”, y otra es ésta, “Ay Rocío”.
–Tan mayor, 56 años... ¿Cuando usted compone qué edad tiene?
–Cien años o ninguno. Es decir, uno se sitúa en un terreno imposible, y la canción es un género indefinido que alguien que no fui yo quiso explicar algo que me parece clave, clarísimo: una canción es una buena letra, una buena música, una buena interpretación, y algo más que nadie sabe lo que es y que es lo único que importa...
–En sus canciones parece que se dedica a narrar la vida de otros, más que la propia. Pero “Resumiendo” es en primera persona, habla de giras y conciertos, imagina sus sensaciones al subirse ahí, frente a la gente...
–Un poeta puede ser hermético, o puede ser Valente o Mallarmé. Pero un cantante no. Un cantante tiene que cantar su vida y cantar la de los demás; si no, no hay manera de llorar, de follar con las canciones. Es una canción de amistad dedicada a personas de las cuales sólo dos están expresas. Pensé en José María Cámara, que aunque es mi señorito es mi amigo; en Fernando García Tola, en Panchito Varona, en Javier Krahe. Recuerdo la bajada a la cueva de La Mandrágora [un local nocturno de los años ochenta]... La escribí pensando en ese tipo de fraternidad no perdida pero sí añorada. Yo estoy a favor de la memoria pero contra la nostalgia. Pero he de decir que el género de la canción de la nostalgia es muy bienvenido..., lo que pudo ser y no fue.
–¿Cómo ve ahora aquel tiempo y aquella gente que cita?
–Javier Krahe está exactamente igual. Como ya era un viejecito hace veinte años, pues sigue siendo un viejecito estupendo. Fernando García Tola está muerto, murió de un cáncer tremebundo. A Tola lo echo mucho de menos cada vez que pongo la televisión, porque el tipo, en unos años infinitamente más difíciles, y sin medios, inventaba un esquema nuevo y un programa nuevo cada día. Disparatadamente o excesivamente, yo creo que harían falta unos cuantos Tola, aunque ahora me alegro mucho de Buenafuente. Blasfemé tanto en nuestra conversación anterior de “Crónicas Marcianas” y de esas cosas, que la gente pensó que yo pedía un programa de intelectuales. Y no, para nada. Lo de Buenafuente es un humor inteligente y es espectáculo.
–En esa canción hemos subrayado dos expresiones suyas, “calumnia española” y “crecimos con más dudas”...
–Ah, la calumnia. En cuanto a lo de crecer, con 20 años uno puede ser entusiasta, fanático y sectario. Pero si lo sigues siendo a los 56 es que eres un imbécil y no has aprendido nada...
–¿Cómo va de dudas?
–Bien, gracias. Crezco todos los días. Me pongo en el lugar del contrario, hasta en el lugar del enemigo, que es método socrático que no está mal. No conduce a ningún sitio, sino a tener más dudas. Cada vez que digo algo en lo que creo que estoy cargado de razón, pienso en el argumento contrario. El sistema de los colegios británicos que obligan a los chicos a defender una cosa y la contraria me divierte mucho como método para dialogar con myself...
–¿Qué desata más sus dudas?
–Hay varias cosas. Pero lo que más me inquieta es esa polémica entre la alianza de civilizaciones y leña al moro..., porque Oriana Fallaci tiene razón y Zapatero también. Es verdad que se han hecho tan mal las cosas que por algún lado tenían que salir. Pero, ¿cómo se arregla? No tengo ni puta idea...
–¿Y esa expresión, “calumnia española”, que parece una redundancia?
–Se decía que la envidia era el pecado nacional. Pero luego viajas por el mundo, y ves que todas las naciones se apropian de ese pecado, que sucesivamente es el de Argentina, México, Chile... Lo que aquí hay de modo exacerbado es la facilidad de llegar a la calumnia directamente sin necesidad de aportar pruebas y sin que nadie te denuncie.
–En “Dicen que dicen” usted se ríe de sí mismo y de lo que dicen de usted. Cuando a uno le toca la calumnia, ¿cómo se le queda el ánimo?
–Pues si te compras La Fiera Literaria de este mes [de julio], hay una columna donde me dicen de todo porque he cenado con los príncipes, porque he hecho un pregón en el balcón de la Casa de la Villa, al lado de Gallardón. Pues me quedo estupefacto... Con quién ceno, y además en esta casa, no en ningún palacio, es cosa mía, y los que me reprochan que hable desde el balcón del ayuntamiento ignoran el abc de la ciudadanía, porque la Casa de la Villa es nuestra y no de Gallardón, aunque también sea del alcalde, faltaría más.
–¿Cómo surgió su relación con los Príncipes?
–Pues, según creo, Letizia quería conocerme y me invitaron unos amigos suyos, a los que yo llamo los desastrones, que son Simoneta Gómez Acebo y José Miguel Castrón, que es un gran músico. Me invitaron tres o cuatro veces, y entonces llamó Simoneta y me dijo que si no iba me mandaría la Guardia Civil, y ante esos argumentos me rendí. Pero puse como condición que vinieran a mi casa, a este piso de Tirso de Molina. Traje a Serrat, a Víctor Manuel y a Ana Belén. Nos pusimos a hacer música, el príncipe tocó el cajón y yo sigo siendo republicano.
–Usted es muy atrevido en el léxico. “E-mail parricida, mentiras ripiosas...”. Usted incorpora mucho de lo que oye. No hay mucha gente que se atreva a tanto con el lenguaje cantado.
–Como yo no tenía una gran voz ni era un excelente guitarrista, a los veinte años decidí que lo que podía aportar a la canción eran cientos de palabras, como los académicos que acaban de llegar a la Academia y quieren llevar hasta allí sus vocablos. Un día, en un hospital, oí una canción de Juan Luis Guerra, y dije: qué cabrón, cómo puede decir catéter y bilirrubina en una canción...
–En “Paisanaje” introduce una palabra, “albanokosovar”.
–Me venía al pelo lo de albanokosovar para hablar de lo de Lydia Lozano. La cosa de la telebasura. Lo peor de todo esto es que unos indocumentados se erigen en tribunal de honor y de moral, y llevan a alguien y lo insultan... Me parece mentira que esto esté siendo escuchado por un país que no se cabrea. Y hay ahí un chantaje que a mí sí que me cabrea: si dices algo en contra es que no tienes sentido del humor, que eres un puritano... En fin, éstas son las canciones que hago para ahorrarme el diván del psiquiatra. Como si me mirara al espejo para insultarme.
–¿Y qué le dice ahora el espejo?
–Me pillas en un día bueno. Hace año y medio, estaba en medio de una depresión. Pero hace cuatro meses me levanté una mañana y me apetecía salir a tomar una pizza, me apetecía escribir una canción, visitar a los amigos..., y ese estado de alegría me dura hasta hoy. Voy a hacer una gira, he hecho un disco. No me preguntes cuál es la razón. Me ha durado dos años. Me pasé semanas en que no salía ni al pasillo, venían amigos queridísimos a los que me negaba a ver, si tenía una entrevista vomitaba por las mañanas y sudaba frío, eso se cuenta en “Nube negra”. Estaba en un agujero sin sentido, pues cuando tuve el ictus me recuperé perfectamente, sin secuela física alguna. Sin embargo, a los tres o cuatro meses después entré en este agujero negro. Un neurólogo me dijo que esto era normal, pero yo no encuentro normal estar dos años en un agujero negro. Y ahora estoy con una euforia y un entusiasmo: me gusta beber, besar, andar, cantar... Y, al mismo tiempo, sigue el miedo en el cuerpo: ¿y si vuelve?
–¿De eso nació este disco?
–De esa actitud, sí, este disco es la crónica de todo eso. Dos años. Y ahora lo oigo y me parece que es de una desesperanza brutal. Pero es lo que había...
–“Nube negra” es la crónica de un tiempo maldito. Como la daga en la herida. “Cuando juego mi suerte al verso que no escribo,/ cuando sólo recibo noticias de la muerte.../ Al otro lado de los apagones,/ al otro lado de la luna en quiebra,/ allá donde se escriben las canciones/ con humo blanco de la nube negra... “.
–Te voy a contar algo. Yo voy los veranos a Rota, con los que yo llamo los poetas líricos: Felipe Benítez Reyes, Luis García Montero... Y mis amigos estaban preocupados conmigo porque no escribía. Y un día me vino Luis con esa letra, “Nube negra”... Yo le había hablado de la nube negra, y al día siguiente se presentó para animarme a que me pusiera a escribir. Y sacó un papel del bolsillo: “Mira, lo he escrito como si fuera tú”. Le había cambiado las palabras, pero estaba contando exactamente lo que me estaba pasando a mí en ese momento... Y a mí esa canción, ese gesto suyo, contándome de manera tan amistosa su solidaridad con mi estado de ánimo, me levantó mucho el ánimo, me hizo pensar en componer de nuevo. Me vino muy bien el empujón de Luisito... Claro que tenía que cantársela esa misma noche. Cogí la guitarra y salió así. Como todas las buenas letras, llevaba la música puesta.
–¿Hay algo que ya no va a volver a hacer en los escenarios?
–No daré saltos, no me disfrazaré de más joven. Huiré de la demagogia escénica, es decir, del mesianismo, “¡venga esas palmas!”.
–Resumiendo, ¿de estas canciones qué autorretrato sale?
–Las canciones están cojas mientras no las oye el otro. El retrato lo hará quien las oiga. Yo creo que son una crónica más o menos decente de lo que ha pasado mientras he estado fuera de los escenarios. Hace cuatro meses que me ocurren cosas más vivas, más cotidianas, menos literarias, más canciones... ¿Y qué canciones son mis preferidas? Tengo el corazón dividido entre “Ay Rocío” y “Pájaros de Portugal”...

Diario El País / Madrid

Las locas y el Che


Mis mejores amigos son homosexuales. Mi hermano y mi hermana lo son. Sin embargo, no tendría que empezar este artículo aclarando mi posición sin criticar ciertas posturas frívolas, que no son posiciones ideológicas de los homosexuales, no fuera considerado en la actualidad políticamente incorrecto.

En las vacaciones del verano pasado, me topé con varios muchachos con camisetas que lucían la famosa imagen del Che, del fotógrafo cubano Korda, aunque se dice que los derechos de autor los cobra la dictadura castrista desde hace mucho rato. Me acerqué a los jóvenes y pude percatarme de que a juzgar por sus conversaciones, por el modo de moverse, en sus almas vibraba La Bayamesa, que es una de las tantas formas poéticas que tenemos los cubanos para describir los amaneramientos femeninos en los hombres.

Vivo en El Marais, bohemio barrio parisino en cuyas casas se han instalado una buena parte de la comunidad homosexual, masculina en su mayoría, con su éxito de boutiques dedicadas al género. Intelectuales burgueses, negociantes judíos, libreros y comerciantes culinarios se asustan ante la invasión de tiendas chinas al por mayor, de traiteurs asiáticos y del mundo nocturno homosexual; yo no creo en la mezcolanza. Amo mi barrio con su mestizaje y su amalgama de géneros, pero no puedo pasar por alto, que en las vidrieras de ropa para mariposas (otro apodo poético para las locas) se exhiben con demasiada frecuencia las camisetas con la imagen del Che. El Che en todos los colores y a precios desorbitantes.

A principios de año organicé una exposición de dibujos eróticos de mi amigo, el pintor cubano Ramón Unzueta, en una de mis librerías preferidas: Les Mots à la Bouche. Meses más tarde firmaba ejemplares de mi novela Lobas de mar traducida al francés en el mismo espacio. Le he tomado mucho cariño al librero, Walter Alluch. Es un hombre alto, atento, servicial y siempre que me aconseja un libro da en el blanco. Fue el caso de La mauvaise vie de Fréderic Mitterrand, alguien a quien admiro desde que hacía aquellos magníficos programas de cine en la televisión francesa. La novela autobiográfica de Fréderic Mitterrand es una joya literaria y humana, y como me ha entrevistado en varias ocasiones hemos podido conversar sobre Cuba. Su punto de vista es muy claro en relación a la dictadura. Me fascina quedarme arrebujada en un rincón de la librería o bajar y descubrir las películas y los álbumes eróticos.

Vaya sorpresa que me llevé cuando al puntear con el dedo los lomos de los DVD encontré una película porno, filmada en Cuba, y en cuya portada sonreía un joven cubano, encuero de la cintura hacia abajo, mostrando sus partes más íntimas -y ¡qué partes!- y cubierto el pecho, no podía ser de otra manera, con una camiseta roja con la figura del guerrillero, delineado en negro. Me dije: "Ahí está, el hombre nuevo."

Hoy me he vuelto a tropezar con una loquita asiática, mano partida a la cintura, remeneo de caderas y tumbe lánguido de párpados; desde luego, camiseta chea, que en Cuba quiere decir, ridícula. No me pude contener. Le pregunté si sabía quién era el Che. Sonrió tímidamente, no me contestó.

Al llegar a casa llamé a un amigo homosexual. Me comenta que toda esta "euforia maricona" (palabras suyas, él es cubano) con el Che se desprende de la película de Walter Salles. En el mes de mayo de 2004 se acababa de estrenar en el Festival de Cannes la cinta Diarios de motocicleta, cuyo tema es el viaje y descubrimiento personal del continente latinoamericano por dos jóvenes argentinos montados en una vieja motocicleta, Ernesto Guevara, de 23 años, estudiante de Medicina, y Alberto Granado, de 29 años, bioquímico.

Mi amigo me explica que un número importante de homosexuales interpretaron que el Che era loca -no de carroza, de motocicleta- porque lo interpretaba Gael García Bernal, quien al mismo tiempo estrenaba personaje de loca en la película de Pedro Almodóvar La mala educación.

El azar concurrente lezamiano resulta delicioso. Con lo que odiaba el argentino a los homosexuales, con lo que los persiguió en Cuba, y ahora resulta que ha pasado de ser el héroe de mayo del 68 a mártir del Orgullo Gay. Curioso. El personaje más homofóbico que ha parido la Historia de las revoluciones es adorado por ese público de consumidores de fanatismos de izquierdas. Lamentable.

Voy a poner un ejemplo publicado en el diario El Nuevo Herald digital el 28 de diciembre de 1997: Cómo asesinaba el Che. Su autor es Pierre San Martin (pseudónimo).

"Eran los últimos días del año 1959; en aquella celda oscura y fría 16 presos dormían en el suelo y los otros 16 restantes estábamos parados para que ellos pudieran acostarse, pero nadie pensaba en esto, nuestro único pensamiento era que estábamos vivos y eso era lo importante; vivíamos hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo sin saber que depararía el siguiente.

Fue como una hora antes del cambio de turno cuando el crujiente sonido de la puerta de hierro se abrió, al mismo tiempo que lanzaban a una persona más al ya aglomerado calabozo. De momento, con la oscuridad, no pudimos percatarnos que apenas era un muchachito de 12 ó 14 años a lo sumo, nuestro nuevo compañero de encierro.

'¿Y tú que hiciste?', preguntamos casi al unísono.

Con la cara ensangrentada y amoratada nos miró fijamente, respondiendo: 'Por defender a mi padre para que no lo mataran, no pude evitarlo, lo asesinaron los muy hijos de perra.'

Todos nos miramos como tal vez buscando la respuesta de consuelo para el muchacho, pero no la teníamos. Eran demasiados nuestros propios problemas. Habían pasado dos o tres días en que no se fusilaba y cada día teníamos más esperanzas en que todo aquello acabara. Los fusilamientos son inmisericordes, te quitan la vida cuando más necesitas de ella para ti y para los tuyos, sin contar con tus protestas o anhelos de vida.

Nuestra alegría no duró mucho más cuando la puerta se abrió. Llamaron a 10, entre ellos al muchacho que había llegado último; nos habíamos equivocado, pues a los que llamaban nunca más los volvíamos a ver.

¿Cómo era posible quitarle la vida a un niño de esta forma; sería que estábamos equivocados y nos iban a soltar? Cerca del paredón donde se fusilaba, con las manos en la cintura, caminaba de un lado al otro el abominable Che Guevara.

Dio la orden de traer al muchacho primero y lo mandó a arrodillarse delante del paredón. Todos gritamos que no hiciera ese crimen, y nos ofrecimos en su lugar.

El muchacho desobedeció la orden, con una valentía sin nombre le respondió al infame personaje: 'Si me has de matar, tendrás que hacerlo como se mata a los hombres, de pie, y no como a los cobardes, de rodillas'.

Caminando por detrás del muchacho, le respondió el Che: 'Xon que vos sos un pibe valiente'...

Desenfundando su pistola le dio un tiro en la nuca que casi le cercenó el cuello.

Todos gritamos: asesinos, cobardes, miserables y tantas otras cosas más. Se volteó hacia las ventanas de donde salían los gritos y vació el peine de la pistola. No sé cuántos mató o hirió. De esta horrible pesadilla, de la cual nunca logramos despertar, pudimos darnos cuenta después, en la clínica del estudiante del hospital Calixto García, adonde nos habían llevado heridos. Por cuánto tiempo, no lo sabríamos, pero una cosa sí estaba clara, nuestra única baraja era la de escapar, única esperanza de superviviencia".

Cito en toda su integridad el testimonio con la esperanza de que la comunidad homosexual, con quien me identifico y de quien soy solidaria, entienda que llevar la imagen del Ché como moda, constituye un insulto para muchas de sus víctimas, entre las que se encontraron grandes escritores homosexuales cubanos: Virgilio Piñeira y Reinaldo Arenas. Sin contar los niños que han crecido traumatizados con el famoso lema como tarea vital: Seremos como el Che . O sea guerrilleros y terroristas.

Zoe Valdéz El Mundo, Madrid / Julio 21, 2005

“Tus personajes son como tus parientes”


Parece contento Abelardo Castillo, aunque diga que en cierta forma ya vive como una carencia la publicación de El espejo que tiembla, el volumen de cuentos largamente anunciado, el quinto eslabón de la serie Los mundos reales. Lo real: ¿no dice, en la primera línea de la solapa de sus libros, desde hace décadas y miles de ejemplares, que nació en San Pedro? El hombre cuenta, en su casa de altos de la calle Hipólito Yrigoyen, que en realidad nació en Buenos Aires y que a los ocho años, cuando sus padres se separaron, se fue a su ciudad natal, a orillas del Paraná, en la que siente haber nacido. Acaso el dato, que desliza sin énfasis particulares, tenga que ver con la presencia en estos relatos de calles y barrios y atmósferas del sitio donde realmente nació. “Es como si hubiera vuelto al mundo de mi infancia”, dice Castillo, y echa humo de tabaco de pipa, y recuerda que cuando era muy chico ya disfrutaba con irse, los martes a la tarde, desde su casa en Terrero y Gaona hasta una librería de Caballito, a comprar la revista del Pato Donald. “Y no la abría hasta volver, y a veces me iba hasta la Plaza Irlanda sin mirarla. Ese trayecto entre la librería y la plaza, o mi casa, era como un modo de la eternidad”, dice, y la historia resulta una raíz bastante lejana del placer que le da dilatar la aparición de sus libros.
Los personajes –hombres, mujeres, fantasmas, sombras– que habitan los once cuentos de El espejo que tiembla viven extrañas bifurcaciones y confluencias que, luego, o antes, pueden desembocar en el abandono, la muerte, la pesadilla o el horror, la concreción de sueños, reales o imaginados. Castillo ya había anticipado que en este libro predominarían los relatos fantásticos y que, de alguna forma, se estaba permitiendo una libertad que “el compromiso” de décadas pasadas juzgaba “impertinente”. Más allá de géneros: no puede alejarse aquí del fabuloso manejo de los tiempos, de la singular forma en la que hace hablar a sus criaturas, de la fluidez con la que se instalan el humor o la amargura, lo patético o lo encantador, sin que se tenga la sensación de que esos adjetivos no dicen demasiado frente a lo que realmente pasa al leerlo. Sobre el implantamiento de una lógica regida por un “deber ser” que parece inconmovible, el narrador superpone otra que tuerce, desmiente, prueba que ese “deber ser” no es tal y que tampoco es tan rígido.
–En abril del año pasado decía que el libro saldría en octubre; en enero, que iba a salir en marzo. ¿Qué pasó?
–En octubre lo tenía listo, pero en la editorial decidieron que sería mejor sacarlo este año. Y todavía no estaba decidido el orden de los cuentos. Después quedamos en que saldría para la fecha de mi cumpleaños, en marzo, pero ahí surgió lo imprevisible: el arreglo entre Ballcels, la agencia de España, y la editorial, porque para publicar este libro había que renovar el contrato de toda la obra. Ahí empezaron las conversaciones, que ignoro totalmente. Mientras saqué algún cuento, lo cambié por otro, lo organicé de otra manera. En algún sentido me divertí bastante, porque es la parte de la literatura que más me gusta: corregir. Y, sobre todo, dilatar. Nunca me preocupó dilatar nada: ni un viaje, ni un encuentro, ni un libro. Tener un proyecto que se alarga es como sentirse inmortal.
–Es una postura que anda bastante a contramano de estos tiempos.
–Creo que sí: mis tiempos no coinciden en general con los de la gente. Vivo prácticamente de noche. Y aunque nací en Buenos Aires, me crié en San Pedro, pueblo de río, chico, donde el tiempo fluye de otro modo.
–Más allá de las alusiones a Buenos Aires, hay también una fuerte presencia de lo fantástico. ¿Por qué diría que estos dos elementos predominan ahora en sus relatos?
–San Pedro sólo aparece nombrado en el cuento donde el tipo se encuentra con Poe en una especie de sueño; es cierto, hay una presencia mayor de Buenos Aires, con calles y lugares. En cuanto a lo fantástico, es como una deuda que viene desde los ’60 que me he pagado a mí mismo. Para mi generación escribir cuentos fantásticos producía mala conciencia, porque se suponía que había que ser realista, coloquial, politizado, “comprometido”. Aunque desde mis primeros tiempos fui publicando algunos, siempre tuve pudor por mis cuentos fantásticos: era como hacerle demasiada concesión a lo intimista. Así que fui acumulándolos. Diría que, a la inversa de Borges, que a los 70 años dijo que había aprendido a contar historias realistas sin tanta retórica –él nota casi con asombro el predominio de lo realista en El informe de Brodie–, yo sentí que a los 70, con algún dominio del oficio, ya podía volver a contar historias fantásticas.
–¿Usted no recomendaba, en su decálogo sobre la escritura de cuentos, que se evitara hacer ficción con los sueños?
–En realidad decía que no hay nada más aburrido que escuchar que te cuenten un sueño, igual que zamparle a otro lo que uno soñó. En La calle Victoria, el personaje más joven le dice al otro, que tiene mi edad: “Yo no sueño, tu generación soñaba, y así le fue, en la vida y en los sueños”. El cuento siguiente es Fordham, que es como la historia de un encuentro soñado. Yo soy un gran soñador: los momentos más estupendos de la vida real son los sueños. Por eso mis libros se llaman Los mundos reales, porque concibo que los sueños forman parte de la realidad. Algunos cuentos míos, como Erika de los pájaros o Week end, están literalmente basados en sueños.
–¿Cuándo descubre que tiene un cuento?
–Es muy raro: para mí un cuento nace como una especie de punto en el tiempo y en el espacio, ya terminado. En el momento en que se me ocurre el final tengo resuelto el resto: lo único que tengo que hacer es escribir hacia atrás lo que justifica ese final.
–¿Un ejemplo de “final” de alguno de estos cuentos?
–Aunque parece un cuento totalmente fantástico y disparatado, Noche de epifanía surge de un hecho real que me contaron en San Pedro: un nene de cuatro años le había pedido algo a los reyes y no podían hacerle decir cuál era el pedido. Porque el tipo, con esa lógica abrumadora que tienen los niños, decía por qué iba a contar, si los reyes ya sabían: eran magos, ¿no? En el momento en que recibí la historia el cuento estaba completo, aunque tardé muchos años en escribirlo, cosa que me suele ocurrir. Una vez que lo tengo terminado en la cabeza, no me importa cómo se escribe. Noche de Epifanía es la narración de una nena que ha escrito una carta a pedido de su hermano.
–Ya en Conejo (un cuento anterior) el narrador era un nene. A propósito, ¿por qué no tuvo hijos?
–Desde muy joven sentí que no iba a tenerlos, lo cual me llevó a grandes conversaciones con Sylvia (Iparraguirre, su compañera). Después, dada mi edad, tampoco hubiera querido tener un hijo al que le llevara, cronológicamente, demasiado tiempo. Pero probablemente tenga que ver con mi historia personal: soy hijo de un matrimonio separado. Conejo, por cierto, es prácticamente uno de mis pocos relatos autobiográficos: mis padres se separaron y yo sentí eso como un abandono. Sin duda eso fue traumático, sobre todo para la época en que ocurrió: hoy es muy común ser hijo de un matrimonio separado, pero en los años ’40... Recuerdo una frase que me marcó mucho cuando tendría ocho o nueve años: iba caminando por Terrero y oí que un chico decía “éste es al que se le fue la vieja”. También diría que no lo viví con dramatismo: para mí fue como una recuperación de la libertad. Decirlo así puede dar la impresión de frialdad o desdén, pero no me llevaba bien con mi madre, que tenía un carácter muy fuerte, y sí, en cambio, con mi padre, que era mucho más apacible. Mi tía, por otra parte, fue como una madre sustituta.
–Es un tema que también aparece en sus relatos.
–De alguna manera me debe haber marcado, porque en muchos cuentos, y en las novelas también, la figura de la madre es esencial, para bien o para mal. Probablemente del fracaso matrimonial de mi padre heredé la enorme responsabilidad que implica tener un hijo. Diría que siempre tuve hasta miedo de tenerlos. Al mismo tiempo eso da una mirada hacia los de mis contemporáneos, de mis amigos, casi paternal: siempre me he llevado muy bien con los chicos y con los jóvenes. A lo mejor hubiera sido un padre pésimo, totalmente absorbente, con terror a que le pasara algo, sobreprotector. Lo sé por mi gato, que cuando se sube al balcón me da vértigo; los gatos no suelen caerse de los balcones, pero a mí me produce un enorme sentido de protección. Y entonces siempre pensé que de haber tenido un hijo únicamente me hubiera dedicado a ser padre, y tal vez no hubiera escrito una línea.
–¿Qué le dio y qué le sacó la literatura? Sobre todo qué le sacó, porque lo que le dio parece más claro.
–Y, la literatura saca muchas cosas. En lo económico, sin duda... No vivo como un hombre pobre, pero lo fui durante mucho tiempo. Elegir la literatura es elegir la carencia. Es una elección que hace que a veces haya que deponer, sin demasiado conflicto, una cantidad de cosas referidas a las relaciones afectivas; no digo que elegí entre la literatura y la paternidad, pero de alguna forma siempre sentí que eran incompatibles en mí. Ese tipo de carencias, que están dentro de un mundo imaginario, a veces me hace pensar todo lo que podría haber sido si no me hubiera dedicado únicamente a escribir libros. Instalar un mundo imaginario como uno real es, de hecho, una carencia, porque no creo que alguien que tiene, o cree tener, todo lo que le hace falta como ser humano, se ponga a inventar mundos de ficción: le basta con la realidad. Y lo que me dio la literatura es poder salir, también, de esa zona de carencia y de angustia. Hay un momento en que tus personajes llegan a ser tus parientes más cercanos. Y hasta también, como dicen los escritores puerilmente, pero no es tan falso, tus hijos: recuerdo que Marechal decía que sus hijos verdaderos eran sus libros.

ANGEL BERLANGA

Placeres ocultos


Miles de novelas leídas por millones y millones de mujeres en España y Latinoamérica, Corín Tellado es un caso único en la historia de las letras impresas bajo forma de novelas en el mundo. Mucho más leída, desde hace sesenta años, que el Quijote a través de cinco siglos, esta asturiana de aspecto matriarcal, algo vulgar, pétreo a la que se vio la semana pasada en un documental reciente de la televisión española, apoltronada en un living anticuado y convencional. Defenestrada automáticamente por la crítica literaria, desaconsejada en otros tiempos por los confesores de la parroquia, Tellado se leía a escondidas, se guardaba en algún cajón, lejos de los libros más prestigiosos de la biblioteca. Aunque ahora vende menos que hace una década porque la competencia es fuerte y esas novelas –aun las aggiornadas– huelen a rancio, Corín Tellado se sigue reeditando (en la Argentina, Editorial Sudamericana ofrece la Colección Cisne con títulos tales como Sé por qué te sigo, Ella volverá, Crisis amorosa, El destino la esperaba, Marcada para siempre) y además es muy activo el canje y la venta de usados.

Acaso el secreto del suceso fenomenal y persistente de Corín resida en las palabras que pronunció hace unos años el escritor Gaditano Eduardo Mendicutti en El Escorial, durante el curso La novela rosa, organizado por Guillermo Cabrera Infante: “La novela rosa es indecorosa, empalagosa e inverosímil, pero así es la fantasía sentimental de cualquier mortal. En el fondo, no importa cómo sea la novela, todo depende de que la mirada sea rosa, o de lo que ponga rosa a cada uno”. A su vez, Cabrera Infante, que fue corrector durante muchos años de las novelas de Tellado que publicaba la revista Vanidades, confiesa que le empezó a importar de verdad como personaje cuando le preguntaron a la exitosísima autora sobre quién le gustaba más, si Mario Vargas Llosa (otro que la defiende) o el propio Cabrera, y ella respondió que el primero era más guapo: “Fue una respuesta de un autor poco común, de alguien para quien la belleza es todopoderosa”.

Con un tailleur con pantalón coral y blusa negra, la melenita laqueada y grandes anteojos, en el reportaje de TVE Corín Tellado manifestó su desinterés de la opinión de los críticos. “Yo escribo como yo quiero, no como quieren ellos”, dijo desafiante. Aseguró que de niña era rebelde pero que después “la vida me machacó y me enseñó a ser diplomática, considerada”. Su vocación literaria se le reveló después de que su hermano mayor escribiera una novela que le pareció “muy cargante, de una memez tremenda”. Ahí se propuso demostrar que ella podía hacerlo mejor y pergeñó rápidamente alguna página. Pero la primera novela la escribió a los 16, mientras velaba el cadáver de su padre, después de mandar a dormir a su madre. “Me salió con gran fluidez, y aquí me tienes, hijo”, le dice a su entrevistador. La novela fue presentada en una editorial, aceptada, publicada y arrebatada por las mujeres.

Ahora, Corín Tellado dice que en la España del franquismo había “una represión tremenda, una falta de libertad absoluta” y que “nunca consideré a Franco un espabilado sino una persona simple que se rodeó de un equipo y supo meter miedo al país”. A doce años de publicar sus novelas semanales, “la censura se dio cuenta de mi existencia, me hizo sufrir mucho. Para pasarla ponía a un cura que daba consejos piadosos. Al erotismo lo escribía de manera insinuada, por eso Cabrera Infante me llamó la pornógrafa inocente. Pero sí reconozco que para escribir ciertas cosas he sido maliciosa. Soy liberada para los demás, quizá para mí no. Para mí la moral está por encima de todo. Tuve mis cosas en las cuales no entró nadie porque soy discreta”.

Corín Tellado se reivindica como una autora que abrió caminos a sus lectoras, contradiciendo la acusación de cursi, alienante y paternalista que se le suele hace con frecuencia: “Todavía hoy mujeres mayores me dicen: oye, nos has salvado la vida en aquellos momentos tan represivos leíamos tus novelas y respirábamos, conocíamos el amor a través de ti, los besos, las caricias. Yo escribía como creía que debía ser la vida, y acerté”.

C.T. a escena

“Había leído algunas novelas de Corín Tellado a los 10, a escondidas, y en ese momento me gustaban. Más bien, me excitaban”, memora Cecilia Rainero, directora de Esta vez no voy, la pieza sobre fragmentos de libros de la autora asturiana que se ofrece en La Tertulia, Gallo 826 (6327-0303), los viernes a las 21, a $10 y $6, protagonizada por Claudia MacAuliffe, Maru Sussini, Bárbara Francisco y Carla Vidal, quienes también participan en la entrevista que sigue. “Mucho después, al ensayar una obra de teatro, el director Martín Otero nos pidió que buscáramos algún material de apoyo. Me acordé de aquellas novelas y compré dos en la calle Corrientes para trabajar mi personaje. Las leí, las usé y me quedaron ganas de hacer algo con esta autora. Cuando conocí a las chicas en el taller de Marina Oberzsten les propuse trabajar sobre Corín y se reentusiasmaron. Empezamos a leer todas juntas varios de sus libros.”

Dentro de la repetición y la previsibilidad que son su marca de fábrica ¿encontraste variaciones temáticas cuando la empezás a leer en serie?

–Para este espectáculo leí más de cien. Ella tiene diferentes estilos, aunque todas las historias terminen igual y se dejen leer rápido porque no hay nada que pensar. Algunas están ambientadas en Inglaterra o en Estados Unidos; una estrategia, ha dicho Corín, para escapar a la censura del franquismo. Entonces, sus personajes podían toquetearse un poco más en otros países y se las dejaban pasar. Las del principio eran muy románticas, etéreas, sin relaciones sexuales, presentaban a gente de la nobleza, a duques... Después, con el correr de los años, se acercó más a la clase media, se actualizó un poco. Ya en los ‘80 empezó a tocar temas como la homosexualidad, las drogas, las orgías. En alguna historia habla de las comunas, de los hippies, siempre desde un evidente desconocimiento.

¿Te parece que ella se identifica sinceramente con ese romanticismo que culmina siempre con arrullos de pareja heterosexual que se promete amor eterno?

–A través de las entrevistas, ella no parece una persona romántica. Tiene algo duro, como una roca. Tampoco da la impresión de ser muy hogareña. Entonces, mi conclusión es que se trata de puro ratoneo. Aunque cierta vez se basó en la realidad para contar la historia de su hija que estando de novia se había enamorado de otro chico. Hace unos días, encontré esa novela, se llama Esto ocurrió a Cecil. Y empieza el relato como un biodrama: “Ustedes me disculparán, yo soy Corín Tellado. Conozco a la protagonista que me pidió que no usara su nombre, pero les voy a contar una historia real. Perdonen si no es tan romántica como las otras, les compensaré con creces la próxima entrega”. A veces, ella tenía estas cosas sorprendentes, aparte de un termómetro infalible para darse cuenta de qué era lo que vendía.

¿Llegaste a algún tipo de valoración de su obra, del secreto de ese termómetro?

–En primer lugar, vi que era un material que me inspiraba muchísimo. En parte, creo que me interesó por una cuestión personal: esas novelas las leía mi abuela, las leía mi mamá, yo misma de chica. A mí me atraía la parte más morbosa, me divertía. Luego vi que había una teatralidad. Pero cuando llamé a las chicas, no tenía idea de cómo iba a ser la obra. Leímos muchísimo, trabajamos un montón de escenas. Fuimos probando y nos definimos por las que escribió en la década del 80, en las que empezó a dar lugar a estos temas escabrosos.

Claudia MacAuliffe: –Yo me acuerdo de haber visto los libritos en mi casa, sabía de su existencia pero mucho no los leí. Conocía su ideología, su moralina, cosas que confirmé al leer para este trabajo. Descubrí por mí misma ese mundo femenino construido desde el prejuicio, el estereotipo.

¿Les parece que se trata de novelas que sólo podrían haber sido escritas por una mujer, con respiración de mujer aunque las fantasías estén bien apolilladas?

C.R.: –Sus novelas son como el manual del deber ser mujer. Todo el tiempo está tirando información sobre cómo hay que comportarse. Es más, da sermones. En Me lo presentó mi novio, dice la protagonista: ojo, que a mí me salió bien, pero no siempre es así. Resulta que ella se había acostado antes de casarse con un noviecito que tenía, y él la dejó porque andaba cantando por el mundo. Por ese motivo, ella se enfermó casi de muerte. El vuelve, la va a buscar y finalmente se casan. Y la chica hace un monólogo al final, dirigido a las lectoras, advirtiéndoles: cuidado, que yo tuve suerte, pero él podría no haber regresado y yo quedar con esa mácula... Ella te mete miedo, es muy estricta.

C.M.: –Mi educación fue de colegio de monjas, con esa ideología, así que cuando empecé a leer a Corín de chica, me parecía que estaba de acuerdo con lo que decía. Ahora no puedo creer que yo alguna vez haya pensado de ese modo... Pero hasta ese momento, era lo único que conocía. Así que para mí se trataba del deber ser en algún momento de mi vida, lo que soy ahora y cómo llevar a escena estos puntos de vista. Lo que más me interesó de la propuesta fue que no se trataba de un material específicamente teatral, que tenía que hacer un personaje que se identifica con Corín, y que actúa a sus personajes. Me encantó el desafío, porque nunca dejo de ser el primer personaje que representa a los otros.

Maru Sussini: –Porque cada uno de estos personajes de mujeres que se reúnen para jugar esa representación, toman al pie de la letra lo que sostiene Corín, son fanáticas de la escritora.

La fácil habría sido parodiar esos diálogos absurdos, esas situaciones a menudo ridículas y hacerle un guiño al público...

Bárbara Francisco: –Esa fue precisamente una indicación que Cecilia nos dio todo el tiempo cuando estábamos trabajando en la creación de la pieza: nunca parodiar a los personajes, no subestimarlos. Y fue como un antes y un después, porque primero, para nosotras, con nuestra edad y la mirada actual, era ja, ja, ja. Y después cuando leíamos con cierta distancia y a la vez desde adentro, entramos en otro territorio, bastante coherente por otro lado.

C.R.: –También hay que considerar que Barbi y Maru son las más chicas y se criaron en Buenos Aires, respiraron otro aire desde el vamos. En el pueblo de Córdoba donde yo me crié era todo muy distinto, una atmósfera más represiva, más retorcida. En ese momento, Corín Tellado no me daba risa. Por supuesto, años después, esa visión de un mundo cerrado, esa idea de que la única realización que realmente vale para toda mujer es ser amada por un hombre ideal, viril, paternal, etcétera, me dio bronca. Me di cuenta de que el mensaje era ¿tu vida es limitada, frustrada, un infierno? Conformate con las novelitas de Corín Tellado.

Juegos peligrosos

¿Con qué criterio eligen el montaje de los textos?

C.R.: –Trabajamos muchísimas escenitas, las chicas las leían actuándolas. El criterio fue por el lado temático: elegir las situaciones donde se hablaba de asuntos supuestamente actualizados, donde se notaba ese choque entre lo que ella imaginaba y la realidad. Hay que considerar que ella venía de escribir cosas muy etéreas. Y en Vivo mi vida, mirá qué audacia, hay una chica del interior que va a Madrid y se prostituye para pagarse los estudios. Conoce a un chico que se prostituye con hombres para pagarse prostitutas mujeres... Me pregunto qué pasaba con lectoras como mi mamá, que venían de leer historias bastante rosas donde la heroína al final se casaba y tenía su escena erótica culminante al estilo Corín, y tuvieron que pasar a estas terribles perversiones... Esta novela es de los ‘80 y pone la ciudad como un monstruo enorme y malvado, donde hay dealers y drogadictos. Y esa lesbiana, que es tremenda.

¿Fue complicado armar ese personaje de la lesbiana, dentro del personaje de la chica de pueblo que la representa?

–Sí, como mis tres compañeras, yo soy una actriz que hace un personaje que no es actriz y que actúa, desde la inexperiencia, otro personaje, que a su vez es una construcción falsa de Corín. Esta mujer elige ese rol porque le interesa morbosamente, a ella siempre le toca de varón y le gusta. A mí me divierte hacer esa parte masculina. Y a mi personaje le excita hacer a varones, no porque sea una lesbiana reprimida sino por el tema del poder, porque ella, como mujer, piensa que no tiene poder. Es energía masculina lo que despliega, más que moverse como varón o poner voz gruesa. A lo mejor si yo tuviera que encarnar directamente a un personaje masculino en otra pieza, lo haría con otros recursos.

M.S.: –Cuando Ceci nos llamó, yo no tenía la menor idea de quién era Corín Tellado. En mi familia, las mujeres la leían, pero yo nunca me enteré. Cuando le conté a mi vieja lo que estaba ensayando, ella sonrió: Ah, Corín Tellado. Mi abuela también la leía, y cuando vino a ver la pieza me comentó: yo no sabía que ella escribía sobre el porro, esas cosas. Le pareció muy fuerte. Yo disfruté mucho de todo el trabajo creativo. Jugamos mucho hasta que surgió Esta vez no voy. A mí me tocó el personaje de Anita –antes se iba a llamar Sarita, pero como Corín a veces tiene esa cosa de “cuidado con los judíos”, lo cambiamos– que es como una señora grácil, simpática, a la que el marido no le da bola –con suerte la coge una vez por mes– y se siente frustrada. A ella le habría gustado encarnar a la que va a la gran ciudad. Aparentemente es la más crédula y armónica, aunque después revela su lado oscuro. Es muy sensible, siempre un poco compungida.

Carla Vidal: –Mi experiencia es diferente porque entré más tarde, cuando la obra ya se representaba, porque mi personaje lo hacía otra actriz que se fue. Mi primer acercamiento fue como espectadora, y cuando me enteré de que hacía falta un reemplazo, me dieron muchas ganas y le mandé un mail a Cecilia. Conocía a Corín Tellado por mi mamá que la leyó en su adolescencia. Ella me comentó sus libros muchas veces, pero yo no había llegado a leerla. Mi mamá leyó las más rosas, así que cuando vino a ver la obra creyó que nosotras la habíamos inventado. No le entraba en la cabeza que “su” Corín hubiera tratado estos temas. Bueno, mi contacto con la autora fue directamente a través de la pieza. Un trabajo muy fuerte en corto tiempo para encontrar el personaje que hace otro personaje. Soy la mala de la película. Difícil para mí que detesto los estereotipos, que a Corín le gustan. Trato de encontrar la maldad desde las razones del personaje, su resentimiento. Tampoco soy una villana, no vivo para hacer el mal. Mi personaje básico se impone, se supone que ella es la organizadora de este juego de hacer escenas de novelas que todas conocen mucho.

Muy de chicas esto de jugar a representar cuentos, películas, escenas de la vida. A ellas les gusta teatralizar más que a los chicos.

C.V.: –Cuando leí la obra, esto de que se juntaba un grupo de mujeres a actuar esas novelitas me recordó mi infancia: entre mis hermanas y primas somos ocho, nos juntábamos a representar e invariablemente a algunas les tocaba hacer de hombre. Después sentábamos a nuestros padres y les hacíamos el show. Estas mujeres de la obra juegan a lo que no pudieron jugar en la vida.

Parecería que generaciones de mujeres de toda edad y condición no se privaron de leer a Corín Tellado y, a juzgar por las reacciones de madres y abuelas de ustedes, la pieza las obliga a una relectura.

B.F.: –Yo no la había leído, pero sí las mujeres de mi familia. Mi mamá y mi tía quedaron muy impresionadas después de ver la obra. En general, me parece que todas leían a Corín un poco a escondidas. Un poco por censura, y otro poco porque no quedaba bien decir que te gustaba. Yo pasé por distintos estados al leerla: me indigné ante la sumisión de algunos personajes, me entristecí, tuve que entrar en zonas que no había transitado. Y hacerlo como decíamos antes: en serio. A casi todas nos pasó de llegar a algún ensayo llorando, a ese punto nos comprometíamos. Así fue que llegamos a lugares inesperados. Creo que esa energía que desarrollamos quedó plasmada en la obra. Porque hay algo profundo que pescó Corín de mujer, mundo femenino, grupo. Primero, yo hacía a una niña más rebelde, después el personaje fue virando a la reprimida total, un poco mayor. El bloqueo total, fue construir desde lo chiquito. Me encanta hacer a Marisa que en algunos momentos hace a la relatora, y en otro a Michael, un hombre, una transición muy potente. Con Michael le encajo un beso a otra, es muy interesante hacer esto para el personaje básico de la reprimida.

Como relatora, estás bajando línea, en Corín siempre hay una moral, moralina, moraleja, el sermón de que hablaba Cecilia.

–Fue muy útil el proceso de leer, leer, saborear las palabras, que apareciera el sentido, percibir que estabas diciendo algunas cosas terribles. Me ayuda el ser muy distinta a Marisa, pongo otra cabeza y puedo decir cualquier sandanga, no me importa nada. Tengo otra camiseta. Marisa es la única que no está casada, todo el tiempo está como incómoda, apretada.

Tuvieron que lograr un equilibrio entre la comicidad que brota, desde una mirada actual, de las escenas, y la seriedad y convicción con que este grupo de mujeres interpreta esos papeles.

C.R.: –Al principio, la comicidad afloraba naturalmente, lo más fácil era acentuar esos aspectos ridículos. Pero, a medida que fuimos buscando cosas, maduró la idea de hacer hincapié en zonas no tan cómicas, vistas desde otro lugar. Igualmente, la gente se ríe siempre en momentos distintos, eso lo descubrimos en las sucesivas representaciones. Es un delicado equilibrio el que debemos mantener, un trabajo que seguimos haciendo porque a veces el tono se va. En general, todos los textos que actúan estas mujeres son de Corín, sólo sintetizamos las reiteraciones, pero sin modificarlos. Obviamente, hicimos algunas conexiones desde los gestos, la actuación.

¿Se imaginan a Corín Tellado como espectadora de Esta vez no voy?

–(Todas a coro) ¡Nos encantaría!

C.R.: –Pero es un misterio cómo podría reaccionar, porque ella misma es un enigma para nosotras.

Escrito por Corín:

Todos los finales el final

Cualquiera que haya leído dos novelitas de Corín Tellado, de cualquier época, sabe que sus finales son siempre previsiblemente, empalagosamente felices. Después de algunas vicisitudes y dudas, la pareja central se reúne para siempre, entre ardientes arrumacos, declaraciones de amor fogosas y una entrega mutua total y absoluta. Para muestra, a continuación el cierre de seis de sus libros elegidos al azar.

El destino te esperaba
–Nat, tal vez hice mal. Pero no podía más. Era como una necesidad perentoria.

–Calla –susurró ella–. Calla, Sam. Si no lo hicieras así, terminaría volviéndome loca.

–Me amas así –dijo él, arrobado.

–No creo que se pueda amar en la vida más de lo que yo te amo.

La estrechó contra sí. Los besos de Sam. Aquellos benditos besos que sabían a hombre, a pasión, a ternura, tal vez. Aquellos besos...

Confusa turbación
Luis decía sofocado.

–Es que te adoro. Perdóname pero es que te adoro.

–Siempre serás un materialista. Un... un...

–A ti te gusta ¿oyes? Te gusta que sea así. ¿Crees que soy tonto?

Elena no iba a negarlo.

Estaba como loca en los brazos de Luis.

Y se preguntaba, confusamente turbada, si el amor era así, y Luis le decía al oído, o en su boca, o sobre los ojos:

–Es así. Así, así...

Sé por qué te tengo
Estaban allí, en la penumbra, perdidos en aquel lugar blando, acogedor.

–Querida mía.

–Te quiero, Cliff ¿oyes? –y sujetaba el rostro masculino entre sus dedos– ¿Oyes? Te quiero.

Y después, los brazos se enredaban en su cuello y los dedos se perdían nerviosos en su cara.

Y los labios se buscaban, se necesitaban, todo empezaba en aquel momento.

O todo continúa.

Pero diferente.

Nos separan los celos
–Pierre, qué viciosos eres.

–¿No te gusta?

–Sí, sí.

(...)

Si lo sabría él que era hombre adiestrado en el sistema amatorio.

Si sabía ella que Pierre era diferente a todos los demás.

Era pleno y plácido.

Era sofocante y lleno de intimidad.

Era vivir.

¿Morir?

Un día.

Pero vivía aún y entretanto viviera adoraría a Pierre.

Como Pierre la adoraba y la poseía a ella.

Una posesión íntimamente compartida, golosa, voluptuosa, placentera.

Moira Soto Diario Página/12 Suplemento Las 12

Comida mexicana, ¿patrimonio de la humanidad?


Por primera vez un país, México, ha pedido a la Unesco que reconozca su gastronomía como patrimonio oral e inmaterial de la humanidad, argumentando que va "más allá del mero aspecto culinario", es "un eje de cohesión " y un "sistema cultural" cuyas se raíces remontan a 8.000 años. Jaime Nulart, vicepresidente del Consejo Nacional Mexicano por la Cultura y las Artes (Conaculta); Claudio Heller, embajador de México en Francia; y Pablo Latapi, embajador mexicano ante la UNESCO, ofrecieron una conferencia de prensa en Paris. En ese momento, Latapi dijo que el reconocimiento a la cocina de su país "serviría de base para que otras recibieran un reconocimiento similar".

Hasta el presente, la UNESCO ha reconocido como patrimonio oral e inmaterial de la humanidad tradicionales orales, ritos y celebraciones, entre los cuales los carnavales de Oruro (Bolivia) y Barranquilla (Colombia) y las tradiciones orales de los pueblos Zápara (Ecuador-Peru) y Wajapi (Brasil).

Latapi dijo que el veredicto de la UNESCO respecto a la cocina mexicana será anunciado el 25 de noviembre próximo. "Tenemos buenas posibilidades" de que sea positivo, agregó. Por su parte, Jaime Nulart señaló que esta candidatura, sostenida no sólo por el gobierno, sino por toda la sociedad mexicana, reposa en la constatación de que la cocina tradicional mexicana basada en el maíz es "un eje principal de cohesión". "El maíz tiene significado histórico, espiritual y cultural que va más allá del mero aspecto culinario", dijo, recalcando que es a la vez "una fuente de sustento y de cultura".

"La cocina mexicana conserva sus raíces indígenas al mismo tiempo que ha asimilado influencias externas. A partir del siglo XVI, las cocinas mexicanas se enriquecieron sin perder su originalidad", explicó. En su expediente presentado ante la UNESCO, México argumenta que, "además del hecho gastronómico, de los recetarios y de las costumbres relacionadas con la alimentación", existe "un complejo sistema cultural de usos agrícolas, tradiciones y simbolismos, teñido de religiosidad y volcado en rituales que, a partir del maíz, remiten a la creación del hombre mesoamericano, al manejo armónico del medio ambiente, a seculares formas de arraigo y vínculo social: festividades, calendario de siembras y cosechas, usos funerarios y otras costumbres indígenas y mestizas, permiten el equilibrio nutricional y una enorme variedad de platillos característicos".

La propuesta del expediente mexicano para la lista de patrimonio oral e inmaterial de la humanidad de la UNESCO se sustenta en la fuerza de la cocina mexicana "como concepto y práctica, al mismo tiempo tradicional y de vanguardia, de profunda originalidad y de continuidad milenaria". Esa continuidad milenaria, recalcó Nulart, es amenazada hoy por diferentes fenómenos, entre los cuales la comida rápida, la contaminación y la manipulación genética de las semillas.

El reconocimiento como patrimonio de la humanidad permitiría "elaborar políticas públicas para la preservación de prácticas culturales a través de programas educativos, de conservación de los pueblos indígenas, del cuidado de las especies originales, y contribuiría a la autosufiencia alimentaria, además de reforzar el aspecto importante de nuestra identidad cultural", estimó.

¿Los homosexuales tienen derecho a adoptar un hijo?


Por una decisión del 26 de febrero adoptada por una mayoría escasa de 4 votos sobre 7, la Corte Europea de Derechos Humanos acaba de confirmar la legitimidad de la denegación de consentimiento opuesta a un individuo que quería adoptar. La razón, únicamente, su homosexualidad.

La medida se aplica a un ciudadano francés pero puede extenderse a todos los homosexuales de los 43 países del Consejo de Europa que desean concretar un proyecto parental.

El caso está referido a un profesor parisino al que le fue denegado el consentimiento previo, pese a sus cualidades reconocidas por los encuestadores de Ayuda social a la infancia, teniendo en cuenta sus "elecciones de vida", eufemismo para designar su homosexualidad. La ley francesa permite, sin embargo, la adopción plena a toda persona mayor de 28 años que tenga las cualidades materiales, psicológicas y educativas necesarias para recibir al niño.

Pese a que el candidato presentaba todas las garantías exigidas por la ley, el Consejo de Estado, a cargo del caso, introdujo una condición no querida por los legisladores: la heterosexualidad del adoptante.

El demandante, considerándose víctima de una discriminación por parte de la administración pública y la justicia francesas, decidió apelar a la Corte Europea de Estrasburgo. Esta, a través de un razonamiento más relacionado con la lógica política que jurídica, hizo valer la ausencia de comunidad de opiniones entre los Estados miembros en materia de adopción por un homosexual que deja un "amplio margen de apreciación a las autoridades de cada Estado".

Es así como la apreciación de Francia no sería discriminatoria en la medida que el derecho de adoptar se opone al interés del niño: "La comunidad científica -y más particularmente los especialistas en la niñez, los psiquiatras y los psicólogos- está dividida en cuanto a las consecuencias eventuales de que un padre o padres homosexuales reciban a un niño".

Ya desde 1994 el argumento del interés del niño orientaba a la jurisprudencia francesa hacia una denegación de consentimiento para todo soltero que, en su proyecto de adopción, se opusiera formalmente a la presencia de un referente del otro sexo. Hoy, con el fallo de la Corte Europea, lo que obstaculiza la adopción no es tanto la ausencia de referencia femenina en el entorno del candidato adoptante como su homosexualidad.

Esta decisión nos parece criticable en varios sentidos. En primer lugar, no todos los Estados miembros del Consejo de Europa que reconocen un derecho individual a la adopción la prohíben expresamente a los homosexuales. Existe, por otra parte, un consenso europeo para poner fin a toda discriminación fundada en la orientación sexual (artículo 21 de la Carta de los derechos fundamentales de la UE).

Yendo aún más lejos, a partir de febrero de 1994, el Parlamento europeo invitó a la Comisión a presentar un proyecto de recomendación sobre "la igualdad de los derechos de los homosexuales y las lesbianas, para poner fin especialmente a toda restricción a sus derechos a ser padre o a adoptar y criar hijos".

Mayor y menor apertura

Esta exigencia se repite en una resolución de 1998 que reitera la exigencia dirigida a los Estados miembros de que "garanticen, en lo que respecta a las parejas del mismo sexo, la igualdad de derechos referida a las parejas y las familias tradicionales".
Los Países Bajos y la región de Navarra, Québec y algunos estados estadounidenses, como Nueva Jersey, Vermont o Connecticut, ya admiten la adopción por parejas del mismo sexo. En tanto que los gobiernos sueco y británico acaban de presentar hace poco proyectos de ley que apuntan a permitir a las parejas homosexuales que adopten niños, la Corte Europea se obstina, por lo tanto, en negar al individuo homosexual ese mismo derecho.

En segundo lugar, la Corte afirma que la adopción es "dar una familia a un niño y no un niño a una familia". Está permitido afirmar que esta extraña definición es contraria al espíritu de la Convención europea que reconoce derechos solamente a los individuos, no siendo la familia sujeto de derecho. Si bien la Convención europea no consagra un derecho fundamental a la adopción, desde el momento que un Estado lo garantiza, la igualdad ante la ley debe ser asegurada para todos independientemente de la sexualidad. Por desgracia, esta ausencia de garantía es legitimada por la Corte Europea.

Tercero, contrariamente a su jurisprudencia, la Corte hace una apreciación abstracta del interés del niño sin tener en cuenta para nada las cualidades del adoptante. De aquí en más, se podrá considerar legítimamente que la homosexualidad constituye un obstáculo al derecho de adoptar.
Este trato discriminatorio respecto de los homosexuales encuentra su justificación, según la Corte, en prejuicios que, sin embargo, no cesan de desmoronarse. Una reciente investigación de la American Psychological Association revela que los hijos de padres gays y lesbianas no sufren más que los niños criados por parejas heterosexuales.

Ya en 1995, un estudio británico que abarcó dos grupos de jóvenes adultos, de los cuales uno había sido educado por madres heterosexuales y el otro por madres lesbianas, demostraba que no hay ninguna diferencia de comportamiento entre los grupos. Este estudio señalaba por otra parte que 91% de las personas criadas por madres lesbianas eran heterosexuales.

En un mismo orden de ideas, la Academia Estadounidense de Pediatría (institución que agrupa a 55.000 pediatras) acaba de anunciar que no existe ninguna razón legítima para impedir que un individuo o una pareja homosexual sean padres.

En Francia, la tesis de doctorado en medicina presentada por Stéphane Nadaud sobre los niños criados por familias homoparentales llega a las mismas conclusiones.

Aunque hubiera estudios que demostrasen lo contrario, ¿bastaría para dejar de lado el reconocimiento de un derecho? Imaginemos que algunas investigaciones establecieran que un niño negro adoptado por una persona blanca se encuentra ante problemas de integración, ¿bastaría eso para justificar una discriminación fundada en la raza?

Todas son familias
Cuarto, la justificación de un tratamiento de excepción reservado a los homosexuales teniendo en cuenta el estado de la opinión pública y el escaso número de niños adoptables -otros argumentos de la Corte- resulta en el menor de los casos ligera. En efecto, no se conoce el estado de esa opinión a nivel europeo y, suponiendo que fuera desfavorable, ¿la función de juzgar debe confirmar un prejuicio o por el contrario afirmar la preeminencia de los derechos fundamentales, mal que le pese a la opinión pública (véase, por ejemplo, la abolición de la pena de muerte)?

Por otra parte, el argumento cuantitativo es errado pues si hay pocos niños expósitos para adoptar, no sucede lo mismo con los niños extranjeros. Y aun en el caso contrario, ¿el acceso a un derecho debe fundarse en su efectividad material?

Esta decisión tiene, no obstante, el mérito de abrir un debate que, pese al gobierno, había comenzado en Francia con el Pacto Civil de Solidaridad. La opinión de los tres jueces europeos minoritarios nos permite volver a lanzarlo sobre la base de la exigencia de un trato igualitario sin referencia a la orientación sexual.

No se trata de privilegiar una forma de familia sobre otra. Después de todo, más allá de que sean clásicas, monoparentales u homoparentales, deben convivir todas sin una jerarquía, puesto que garantizan concretamente la buena socialización del niño.

Daniel Borrillo (profesor de Derecho en la Universidad de París)

Copyright Clarín y Le Monde, 2002

Navegar por Internet con la chance de sacarse la sortija


La nostalgia por la tierra natal a veces tomas las formas más inesperadas. Para Alejandro Mellincovsky, radicado hace 6 años en Tel Aviv, tomó la forma de una calesita. Tal vez porque jamás se olvidó de aquella de Jean Jaures y Córdoba, que después se trasladó a la esquina de Anchorena. Hasta que se volvió a mudar y le perdió el rastro. Cuando, hace dos años, su hermano Gabriel lo visitó en Israel y le comentó que no había un sitio de Internet dedicado a las calesitas porteñas, la idea de crear uno le pareció perfecta. Así nació www.lascalesitas.com.ar.

El primer sitio de Internet consagrado a las calesitas de Buenos Aires es un emprendimiento familiar. En sus visitas a la ciudad, Alejandro se ocupó de la investigación, hurgando en archivos y recorriendo cada barrio. Gabriel sacó las fotos y Silvio, el padre de ambos, hizo el diseño gráfico.

"Las calesitas representan un común denominador de la infancia de los porteños porque ricos y pobres, gente de todos los estratos de la sociedad han pasado por ellas", explica Alejandro. "Nosotros intentamos rescatar algunas cosas que todavía no se perdieron, pero que corren peligro de perderse", observa Silvio.

El primer escollo con el que se toparon los Mellincovsky fue encontrar datos históricos sobre las calesitas. Revisando archivos de diarios y revistas, se enteraron de que la primera referencia a una calesita es de 1648, cuando un viajero inglés descubrió en Constantinopla el Maringiak, "un enorme plato con caballos de madera que gira sobre sí mismo".

Las primeras calesitas que giraron en la Argentina, según cuenta el sitio, llegaron de Alemania y de Francia. La pionera estuvo desde 1867 a 1870 en el Barrio Parque, ubicado entre el actual Teatro Colón y el Palacio de Tribunales. Cuentan que cuando Sarmiento era presidente, le instalaron la calesita frente a su casa. Y él se negó a al desalojo que le propusieron: "Me parece hermoso oír la risa de los chicos cerca de mi ventana", dijo.

El otro desafío para los Mellincovksy fue relevar las calesitas que funcionan en la ciudad. "Primero recorrimos las 26 que tenía registradas la Dirección General de Patrimonio de la Ciudad. Y, caminando por los barrios, llegamos a relevar todas: hay 56 que funcionan en 54 lugares, porque el Zoológico y el Parque de la Ciudad tienen dos cada uno", cuenta Alejandro.

Con esta información, los Mellincovsky elaboraron un mapa con la ubicación e historia de cada calesita, que se puede consultar por Internet. En un futuro, también van a incluir el recuerdo de las que ya no están.

Navegando por el sitio se encuentran anécdotas poco conocidas. Como por ejemplo, que Cátulo Castillo y Mariano Mores compusieron el tango "La calesita" inspirados por la que está en la plaza 1º de Mayo. O que el calesitero de la Plaza Almagro se negó a alquilarle la suya a Adrián Suar por tres días para una serie. Según argumentó: "Si la calesita está cerrada, los chicos lloran".

Nora Sánchez Diario Clarín / Buenos Aires 2005

El Cuerpo Magnético


Hace más de cuarenta y cinco años que en el teatro ensayo servirme de mi cuerpo como de un instrumento. Esta frecuentación cotidiana, hecha de pequeños descubrimientos y de grandes interrogantes, ha insuflado en mí una especie de sentimiento comparable al de una conversión.

Hoy día creo haber contraído con el cuerpo humano un fervor religioso. No hablo de este cuerpo limitado a la piel y a los cinco sentidos sino, digamos, del cuerpo integral, magnético, tal vez místico.

Lo que ha facilitado "nuestra aproximación" es la soledad en la cual me sumerge la sociedad de los humanos que subconscientemente, sin duda, se ingenia en romperlo todo y en levantar barreras entre lo que me parece ser la Verdadera Vida y yo. Cuando, a continuación de ese "gran quiebre" cumplido por la sociedad, tanto sobre el plano de la enseñanza, como de la educación, los programas políticos, los cismas religiosos- ellos también políticos- como sobre la confusión que arrojan los conflictos entre la libertad y la licencia; la explotación marxista, psicoanalítica, anti-cristiana, en detrimento del verdadero socialismo, el verdadero psicoanálisis, de la verdadera cristiandad, me encuentro rodeado de ruinas, mi cuerpo, tan simple pero "completo" está allí, haciéndome comprender que nosotros dos somos capaces de reconstruir "el Templo".

Siempre he tenido una admiración respetuosa, pero lejana, por los estudiosos de las grutas y cavernas. Lo más lejana posible porque sufro de claustrofobia, recuerdo tal vez de mi existencia intrauterina o de las hazañas de mi gentil hermano, cuatro años mayor, cuando me aprisionaba bajo las ropas de mi cuna.

Pero la investigación al interior del cuerpo humano me atrae, porque ella abunda en panoramas maravillosos, como cuando en la montaña se abren “ventanas" entre las nubes para descubrirnos horizontes nuevos.

El ser humano siempre me ha hecho pensar en un árbol, un árbol que echa raíces por los pies, se tiene derecho sobre su tronco, la cabeza aspira al cielo, mientras sus dos brazos en abanico se extienden, palmas abiertas, para recibir el alimento del sol. A un árbol que además, cuando la persona envejece, sufre la fractura del cuello del fémur, como su hermano vegetal cuando se rompe una de sus ramas principales.

Por ilusión óptica creemos que el árbol es como un ser erguido hacia el cielo, implorando vida y vigor. De hecho el árbol está más bien concentrado en las profundidades del suelo, los abismos nutricios de la Tierra, a fin de extraer de allí la savia que le permitirá establecer con el aire del cielo una doble circulación: el intercambio de la vida. Y sucede en el hombre como en el árbol, él extrae de la naturaleza terrestre, de la materia, lo necesario para dirigirse hacia el cielo. Para el hombre como para el árbol la vida es: intercambio.

La palabra es a la planta humana lo que la flor es al árbol. ¿Podríamos imaginar una flor sin su tallo y sus hojas, sin las ramas unidas al tronco y hasta en la succión de las raíces? Como la flor, la palabra humana hace parte carnal del cuerpo humano. Las ideas aparecen y desaparecen, se desenvuelven, florecen, se expanden, se mustian, caen, forman un humus de donde se originarán nuevas ideas según el ritmo del eterno retorno. Las ideas son cíclicas, giran en círculo.

"El genio más íntimo de cada pueblo, su alma profunda, está sobre todo en su lenguaje", dice Michelet.

Si el alma profunda de un pueblo está contenida en la palabra es que ella es ante todo la emanación más sutil de su cuerpo; la palabra es el resultado de una pantomima bucal, hecha de respiración y de contracción muscular. El alma profunda se expresa de partida por la imitación carnal de una acción, y no por las ideas que en ella se encierran.

Tomemos, por ejemplo, la acción de un pájaro que se mantiene y se desplaza en el aire. Esta acción es observada al mismo instante por un inglés, un alemán y un francés.

El inglés será impresionado por la fase de la acción que permite al pájaro desplazarse a gran velocidad, como un "jet". La palabra imitativa que encontrará es: “To fly”. Eficacia.

El alemán será impresionado por el trabajo que el pájaro debe efectuar para mantenerse en el aire, el batir de las alas. Su imitación será hacer articular a sus labios la palabra: “fliegen-fliegen-fliegen”.

El francés será impresionado por el hecho de estar suspendido en el aire. Como alguien sostenido por los cabellos, dirá: “Voler”.

Así vemos una misma acción que ha sido observada por el “alma profunda" de tres temperamentos diferentes y expresada por imitaciones gestuales y respiradas, se podría decir "danzadas" con la boca. Esto no es una excepción. Veamos el acto de amar.

El francés dice: “je t'aime”. El tiende los labios, los abre y los aprieta.

El inglés dice: “I love you”. El abre sus labios como un orificio y los avanza con deseo.

El alemán: “lch liebe dich”. El va y viene apasionado de besos intercambiados.

El ruso: “Ju lioubliou vass”. ¡ Se tiene agua en la boca !

Se podría hacer una sabrosa coreografía con el Ballet de las Lenguas. Sería un hermoso film a lo Walt Disney.

Creo que la palabra es inseparable del gesto. La palabra es una danza para las orejas y el gesto es una música para los ojos. El arte del gesto es más antiguo aún que el del lenguaje. Es tan antiguo como el Amor, el más antiguo de todos los dioses, Si, poniendo de lado la palabra, me sumerjo en el Arte del Gesto, permanezco confundido de admiración ante las infinitas posibilidades y los matices tan sutiles de los recursos gestuales del cuerpo humano; y no me sorprende que las partes constitutivas de la música hayan sido, desde la más remota antigüedad: la poesía = palabra; el canto = virtuosidad respiratoria;
la danza = virtuosidad gestual.

El arte del gesto sin duda ha alcanzado su perfección en el teatro del extremo oriente : el japonés y el chino.

"Se puede juzgar el reino de un soberano por las danzas que han tenido lugar en el curso de su época". (Proverbio chino).

Podemos decir que entre el gesto y la palabra, toda la diferencia está en que uno se dirige a la vista y el otro al oído, pero no hay entre ambos ninguna desigualdad, ambos presentan el mismo interés y brotan de la misma fuente.

¿Estamos al presente suficientemente preparados para lanzarnos a la búsqueda del sentido de este cuerpo humano? Esta maravillosa biomecánica que ha estado a nuestra disposición desde nuestro nacimiento.

Un buen día emergemos de las Tinieblas. Todas las "génesis" tienen como mito la Noche:



La semilla, en el vientre de la Tierra;
el niño, en el seno de su madre;
el insecto, en la oscuridad de la crisálida.



Pero las tinieblas no son la Nada. Es entonces probable que antes, nosotros éramos ya algo. Puede ser que viviéramos parcelados, en trozos por armar, en moléculas separadas. Esto no tiene importancia, porque sobrepasa cuanto podemos imaginar. Digamos que hasta no tener mayor información, esto no nos atañe. Lo que cuenta es que desde la aparición a la Luz, un buen día, se produjo como un "encendido".

En otro "buen día" desapareceremos en las Tinieblas que no son la Nada. ¿En qué nos transformaremos? Misterio. Ninguna indicación precisa, entonces no nos incumbe. Pero entre estos dos "buenos días" está la trayectoria de la vida, cuya duración no es medida en tiempo absoluto. Ella pertenece al mundo de lo efímero. Las estrellas errantes que perforan repentinamente la noche y desaparecen un segundo después, me hacen pensar en la vida humana. Esto es lo que nos concierne : lo que pasa durante la trayectoria.

"Un ser viviente es un objeto que tiene un proyecto", decía Jacques Monod. Lo mismo que se mezclan varios ingredientes para preparar un alimento, igual este ensamblaje bioquímico, puesto al fuego, ha producido un ser viviente. Es un plato que se nos ofrece y que debemos comer con apetito y gratitud.

La vida humana me hace pensar entonces en una bola de fuego lanzada al Espacio. Durante su trayectoria esta bola de fuego envía simultáneamente una llama, luz y un reflejo.

La llama animada por el Deseo, después por el Amor, engendra la pasión del "Super Ser", de la superación de sí. Esta llama es mantenida por los ardientes, los condenados a la Esperanza.

La luz por su claridad engendra la inteligencia. Ella ve o cree ver con justeza: ella comprende y nos ayuda a comprender... un poco.

El reflejo, por un sutil juego de espejos que nos desdoblan, engendra la consciencia. Esta, lúcida, se da cuenta bien pronto del carácter efímero de nuestra vida y ante la angustia creciente de la Muerte - que no es en sí una realidad - va a refugiarse en la Risa.

Sin la idea de la Muerte y sin la visión del Doble, nosotros no hubiéramos podido descubrir la Risa.

Este tetraedro, este "sputnik" humano, no es un cuerpo aislado como bajo una campana de vidrio; él forma parte del Todo. Está religado a todo, a lo más grande como a lo más pequeño. Está embarcado en el drama universal y es al interior de este drama que deberá "jugar" su rol, tener su oportunidad. No podrá salir de esta situación. No se cuestiona el separarse del "juego" y salirse de la cancha. Somos todos solidarios los unos a los otros; todos los seres no hacen más que Uno. Somos los reflejos minúsculos del cosmos y en sincronismo absoluto con él, y somos igualmente la representación absoluta de la más pequeña célula viviente. "Si, en una bella noche de verano, se está suficientemente atento - nos hace notar Claudel - uno percibe que las estrellas hacen ruido." Este pequeño descubrimiento lo hacía sonreír de alegría.... ¡ no sin malicia !

De hecho, si se está suficientemente atento, se recoge de tiempo en tiempo "rachas de conversión" ... como una especie de insolación. Cada revelación que venga del exterior no tiene lugar sino cuando despierta lo que dormía en nosotros. Esa es la razón que me hace buscar influencias. No se puede ser influenciado sino por lo que se nos parece, pero a un mejor nivel. Nos descubrimos súbitamente bajo una forma que nos lleva a lo que en nosotros esperaba ser revelado.

Todo ser viviente es un mundo. El ser humano lo es. Desde la bacteria, pasando por el hombre, hasta el cosmos no hay más que una gran unidad universal. Pero en la gran masa del universo, desde la materia bruta a las plantas, desde los animales hasta las ruedas de reloj de los astros, el ser humano es un animal extraño por la sola razón que, vestido de una consciencia él se desdobla . "Este cuerpo, yo lo vivo,- y, al mismo tiempo, yo lo veo". (Claudel). El ser humano tiene entonces una facultad particular que es la de poder en el mismo momento vivir y verse vivir.

Al mismo instante, él es acción y representación. Actor y espectador. La vida humana es un teatro. El vive el drama de la vida pero, igualmente, él asiste al drama de la vida. Rueda sobre sí mismo y es consciente de sus volteretas. Al momento en que muere, renace; como la noche que posibilita la venida del alba, la cual deja lugar al día que hace posible la declinación del sol, al que va a suceder una nueva noche. El rueda sobre sí mismo como la sucesión de las estaciones.

Igual en el teatro: se muere para renacer. El teatro es un estado de continuo renacimiento, vuelve a trazar incansablemente la sinuosidad de los ciclos humanos. En comunión íntima con lo infinitamente grande y con lo infinitamente pequeño, cada una de nuestras moléculas reacciona como un mundo. Nos encontramos entonces arrebatados, aspirados, basculados, desequilibrados, precipitados, reestablecidos, retenidos, proyectados en un inmenso torbellino, en una danza frenética que obedece a leyes naturales que ignoramos, pero que nuestros instintos presienten. Arrastrados por el desencadenamiento del ritmo universal, reaccionamos como "comparsas". Somos empujados como comparsas a ese gran ballet gigantesco. Y gracias a la "vigilancia" que nos procura la “consciencia de sí" debemos adquirir una cierta maestría de nuestras conductas "espontáneas". Este teatro que es nuestra vida es una verdadera ciencia: la ciencia del comportamiento de los seres vivientes, y particularmente de los seres humanos. Llegar a controlar nuestras espontaneidades, tal es el código de la conducta humana. En cada instante que vivimos, convergen un mínimo de cinco comportamientos simultáneos:

1.- vida social
2.- existencia individual
3.- silencio de la vida en curso
4.- el Destino
5.- los instintos.

Vida Social.- Para la vida social, el ser humano proyecta un personaje que él controla; este personaje se pone en relación con los Otros", recibe, responde, acepta, rechaza, establece un "comercio" próximo o distante con los Otros. Participa en la conversación general, en el diálogo. Es un personaje de sociedad.

Existencia Individual.- Pero al mismo tiempo el ser humano asiste a este espectáculo y su ser fundamental guarda para sí su opinión personal que no comunica a los otros. En tanto que una parte de él mantiene los intercambios con el exterior, una otra parte es capaz de componer su pequeño monólogo interior. Es as! como a las escenas dialogadas, se agregan en el teatro los monólogos (monólogo de Titus, de Hamlet, estancias del Cid, etc,).

Silencio de la Vida.- Pero todo este bonito mundo, a la vez compuesto de individuos monologantes y de personajes sociales dialogando los unos con los otros, todo este mundo chapotea en el Silencio. Entre ellos hay adultos, niños, jóvenes, que se ven por primera vez. De súbito la mirada del joven encuentra la mirada de la muchacha. Los ojos se clavan los unos a los otros. Sus labios se tienden, su pecho estalla, su sangre hierve. Se vuelven sordos. Las conversaciones se desvanecen en el aire, la idea de un monólogo es impensable. Sólo el silencio del momento presente los envuelve como una espesa nube mitológica. Un gran amor está en vías de nacer.

Mucho más tarde, casados, después de haber tenido varios hijos y haber vivido mucho, cuando los dos viejos amantes recuerden el momento de su primer encuentro, ni él ni ella se acordarán de la gente que componía ese "bonito mundo", de qué se hablaba, ni del lugar en que esto ocurría.

En el teatro, sólo la danza o los mimos pueden describir este momento impresionante del Silencio de la vida,

Sucede igualmente con el torero y el toro en el momento de la estocada. los dos amantes de la muerte súbitamente se ven. No hay arena, no hay muchedumbre, no hay música de Bizet. Ellos se envuelven en el Silencio.

El Destino.- Pero todo este bonito mundo" que dialoga, monologa o vive en el silencio, evoluciona en un medio ambiente. En este medio hacen equilibrios o flotan los enviados de los dioses, los encargados del Destino. Estos, sin prevenir a nadie, van a golpear. Es el imprevisto que sucede... En el teatro: el “Deus ex machina”.

Los Instintos.- En fin, en cada ser humano que forma parte de esta honorable sociedad, hay al costado del personaje social otro ser que es "causa" del ser fundamental, y al que no se debe mirar en menos, un tercer ser que yo llamaría “el ser del instinto".

Si, como lo hemos visto, somos hechos por los Otros, somos, sobre todo hechos por los Nuestros. Nuestros ancestros más alejados depositan a cada generación un humus que servirá a la fabricación de nuevas generaciones. Nuestra vida anterior es una realidad. ¿No existe acaso el código genético? La superposición de depósitos ancestrales forma una misteriosa capa comparable a las capas geológicas que forman la personalidad de los terrenos.

Este ser del instinto es sorprendente entre los animales : un perro pastor, un perro de caza, un perro de aguas, no obedecen a los mismos instintos.

El instinto es lo que hemos adquirido de nuestros ancestros. Este ser de instinto que viene de mis vidas anteriores se agita al fondo de mí al punto que a veces es necesario que lo calme, si no quiero estallar escandalosamente en medio de la honorable sociedad.

Otras veces, me sucederá conducirme de tal o cual manera y yo seré el primer sorprendido. Sólo después constato que esto no venía de mí sino de un ancestro. " i Este es un rasgo de mi abuelo ! " o bien: "¿Qué quieres? i no se tiene impunemente trescientos años de vino en las venas ! "

Todo lo dicho es un resumen de la lección que he recibido del teatro: poesía de lo efímero.

El teatro es el arte del hombre y de su doble. El teatro nos hace entrever una ciencia complicada y fundamental: la ciencia del comportamiento de los seres vivientes, ciencia del hombre por excelencia. Esta ciencia me parece de una importancia capital. Estamos lejos de la idea que la gente se hace habitualmente del teatro: una diversión, una manera agradable de digerir.

Es por esto que no quiero recurrir - para estudiar esta ciencia - a otra cosa que no sea el cuerpo humano lanzado en el Espacio.

Jean-Louís Barrault

Reencarnación y Karma


La mística de la reencarnación ha sido durante siglos objeto de fascinación para las mentes curiosas. Desde el origen del tiempo el hombre ha especulado con la posibilidad de que la vida sea un hilo continuo, de tal modo que los procesos del nacimiento y la muerte sólo sean fases que se mueven desde un nivel de existencia a otro. Toda vida es cambio y todo cambio es vida, pero la vida eterna es la que los antiguos maestros prometieron y dentro de este ámbito de la vida eterna todo cambia aunque nada cambie.

¿Cuál es la realidad de la existencia del hombre? ¿Acaso es su vida física, sus actos, los principios que defiende, o hay algo mucho más sutil que crea y recrea la vida humana? Nuestros sentidos pueden engañarnos fácilmente. Un hermoso diseño arquitectónico sólo es tan real como la idea que lo creó, porque en algún punto del tiempo y el espacio la estructura simbólica dejará de existir, aunque la idea que la creó continuará existiendo eternamente. El profeta Nostradamus escribió gran cantidad de páginas físicas, muchas de las cuales fueron quemadas o se perdieron. A pesar de todo, las ideas de esas páginas han sobrevivido. Tal es, pues, la substancia de la vida eterna.

La idea que tienes de ti mismo es tu yo real, no el yo tal como lo ven tus familiares, amigos y vecinos. El yo real no es tu cuerpo físico, por lo que no puedes aceptar que sus efectos finalicen en el límite de la piel.

EI tiempo no existía cuando tú no existías y el tiempo no existirá cuando tú dejes de existir. Pero parte de
ti cambiará porque durante tu vida eterna pasarás por unas transformaciones interminables a medida que
tu alma viaja hacia la perfección, tal como sucede con la oruga y la mariposa. Para una oruga, encerrarse
en el capullo es la muerte, pero para la mariposa se trata simplemente de pasar de una forma física a otra, sin perder su propia y verdadera esencia en el proceso. En el antiguo Egipto, los cuerpos de las almas difuntas eran sepultados con sus posesiones más queridas, de modo que pudieran sentirse cómodas durante el largo viaje. Desde hace muchos años en la India los cuerpos se quemaban para que el alma pudiera elevarse sobre las cenizas hacia Brahma, entendiéndose que la caparazón física era sólo el templo en el que se aloja el alma. Parecen saber que el mismo pensamiento que fue capaz de crear tal templo, también lo será de crear nuevos templos a medida que el alma los necesite.

Se ha informado sobre la aparición de espíritus desde el principio de los tiempos, indiscriminadamente, en todas las naciones del globo. El hombre escucha voces, recibe mensajes, ve formas espirituales y, en algunos casos, incluso experimenta contactos con sus vidas anteriores.

La persona escéptica considerará que todo esto no es más que el producto de una mente desequilibrada, pero resulta que hay demasiadas ocasiones en que las pruebas sobre la existencia de otras formas de vida son tan substanciales que hasta la mente más crítica se ve obligada a detenerse y a hacerse preguntas. El proceso de la vida eterna se ve no sólo como plausible, sino de hecho como la única explicación lógica, precisamente allí donde fracasan todas las explicaciones científicas.

Sabemos que los bebés nacen con personalidades definidas, que ya exhiben como tales durante los primeros días pasados en el hospital. A menudo estas personalidades son muy distintas, despliegan características únicas y son inexplicablemente contrarias a la herencia que pudieran traer. En la India se han registrado numerosos casos de niños capaces de hablar dialectos extraños, distintos a los que les enseñaron sus propias familias.

De vez en cuando observamos casos de talentos innatos verdaderamente notables. Mozart por ejemplo, dio su primer concierto a la edad de cuatro años, superando en mucho cualquier clase de conocimientos musicales que hubiera podido obtener durante los primeros cuatro años de su vida. La única explicación posible sobre tan elevado desarrollo musical es que fuera el resultado de varias vidas y que alcanzara la cúspide de su expresión precisamente en esa encarnación.

Sería difícil explicar el talento de Miguel Angel si pensáramos que lo había obtenido sólo durante una vida, sin haber sabido anteriormente nada de arte.

Aquellos talentos naturales que uno posee sin necesidad de que nadie se los haya enseñado suelen ser cosas que uno ha ido elaborando antes de la encarnación actual.

Consideremos el caso de Edgar Cayce, nacido con el don natural de la clarividencia y la percepción extrasensorial. Cuando aún no era más que un jovencito, un día se suponía que debía estar leyendo un libro determinado como parte de las tareas a realizar en casa. No obstante, se durmió en el suelo, utilizando el libro a modo de almohada. Después de despertarle, su padre estuvo a punto de castigarlo por no haber hecho sus deberes, pero Cayce le dijo: «Sé todo lo que dice el libro. Sé de qué se trata.» Cuando su asombrado padre lo interrogó, el joven Cayce contestó todas las preguntas como si en realidad hubiera leído todo el libro en cuestión. ¿De dónde pudo proceder tanto talento?

En el terreno de las fobias que se resisten tenazmente a todas las formas de tratamiento psiquiátrico, descubrimos que la raíz de tal temor extremo se halla profundamente implantada en el alma, aunque ahora continúe sólo como un residuo, y a pesar de que el individuo ya ni siquiera recuerde conscientemente la razón de tales fobias. Todo lo que necesitaría experimentar para desatar fobias de ese tipo sería una forma de impresión sensorial que le recordara al subconsciente del individuo una encarnación pasada durante la cual pudo haber experimentado una razón adecuada capaz de explicar su temor actual. Enterrados en los recuerdos del alma se hallan los negativos de las imágenes de cada uno de los acontecimientos por los que ha pasado cada alma. Todo lo que se necesita son destellos de luz capaces de enfocar esos negativos, de tal modo que tengan la capacidad para afectar al individuo en su vida actual.

La psicología moderna, sin poseer una comprensión real de la reencarnación, intenta tratar a los pacientes que sufren de fobias por medio de un proceso que llaman «desensibilización». Confían en que, al desensibilizar al individuo, alcanzarán finalmente un estado de menor reacción ante los estímulos. Evidentemente, el precio a pagar es que el paciente se ve desensibilizado a todos los estímulos, en lugar
de los pocos cuyo origen actual se encuentra en los negativos de su vida anterior.

Al comprender cómo reacciona un individuo ante el tiempo, obtenemos la primera clave de porqué son tan difíciles de superar los temores y las fobias. Resulta razonable esperar que un estilo de vida perpetuado como un hábito durante tres o cuatro encarnaciones, exija a los psicólogos de cuatro a cinco años de tratamiento antes de empezar a ver con cierta claridad.

En el deseo subconsciente de hallar una vida mejor, los individuos muestran una fuerte tendencia a comprimir el tiempo. En esencia, resulta que un problema crónico experimentado en una vida anterior, y que pudo haber durado treinta o cuarenta años, una vez surgido en la vida actual como un residuo que aparece estimulado por un acontecimiento o percepción, queda comprimido de tal modo que aquel lapso de experiencia tan prolongado resurge simbólicamente durante un período de vida relativamente corto. Se expande, entonces, de tal modo la emoción producida por estos mismos acontecimientos que la reacción a ellos es totalmente desproporcionada, y va mucho más allá de los estímulos psicológicamente observables de la vida corriente. Al mismo tiempo, los traumas agudos de las vidas pasadas tienden a ser tan dolorosos en la memoria del alma, que el individuo es capaz de acudir a todos los extremos imaginables con tal de evitar aquellas zonas o situaciones que él sabe inconscientemente que desatarán tales imágenes negativas. Así, por ejemplo, parece lógico pensar que una persona con pánico a las alturas haya sufrido en una vida anterior una caída mortal.

A partir de todos los casos con los que me he tenido que enfrentar, las indicaciones muestran que aquellas cualidades que, para bien o para mal, tienen una menor integración con el resto de la vida actual, no son más que residuos de una encarnación pasada. Piensa, por ejemplo, en todos aquellos aspectos sobre ti mismo acerca de los cuales no te haya sido posible encontrar respuesta. ¿Dónde encontrar esa respuesta?

La ley del karma:

El gran maestro Buda nos enseña: «Eres lo que piensas, habiéndote convertido en lo que pensaste». La Biblia nos dice: «No os engañéis, nadie se burla de Dios Según sea la siembra del hombre, así será su cosecha».

Todos los pensamientos que se tienen se imprimen en la substancia de la materia universal, donde se manifestarán en último término como un efecto en el mundo físico. A veces, el efecto puede producirse pocos momentos después del origen de la causa, por lo que nosotros tendremos la oportunidad de ver hasta qué punto se hallan imbricados el pensamiento y el efecto, tal como si arrojáramos una piedra a un lago y observáramos las ondas producidas. Pero en otras ocasiones los efectos se producen muchos años después de la causa y resulta mucho más difícil relacionar ambas cosas. Y, sin embargo, a una estación siempre sigue otra. El verano sigue a la primavera. El pie derecho siempre sigue al pie izquierdo. Un hombre nunca puede ir a ninguna parte sin venir de alguna parte.

Cada día es el resultado del día anterior, del mismo modo que hoy es el retoño del árbol del mañana. Cada pensamiento es el resultado del pensamiento que le precede, del mismo modo que cada vida es otro anillo concéntrico en el árbol de la vida eterna. Todo lo que se tiene que hacer en cada encarnación es encontrarse con uno mismo, hágase lo que se haga, váyase adonde se vaya, piénsese lo que se piense. Y toda experiencia vital está destinada a ayudarle a uno a refinar ese sí-mismo que evoluciona constantemente hacia una expresión cada vez más perfecta del alma.

El alma expande continuamente su consciencia a través de su experiencia, hasta que finalmente ya no tiene la menor necesidad de reencarnar en un cuerpo físico. Antes de nacer, el alma escoge las almas de quienes se convertirán en sus padres. Define la religión en la que vivirá. Selecciona el ambiente en el que nacerá y será educado, y en último término programa en yuxtaposición todas las experiencias de la vida por las que tiene que pasar, incluyendo cada uno de los callejones sin salida en los que entrará hasta descubrir el camino que conduce a la verdad.

A medida que los pasos dados por la vida se hacen más y más ligeros, lo mismo sucede con el peso kármico, Sin embargo, no se puede apresurar este proceso de encontrarse consigo mismo, porque si uno trata de avanzar en puntillas se pierde el equilibrio.

El hombre no hace más que buscar el camino de regreso a casa, y define su estado de felicidad por la seguridad experimentada al recorrer ese camino. Vaya donde vaya, el hombre siempre se dirige a casa (como el Hijo Pródigo) y sus lecciones kármicas son el mapa de ruta en el que se señalan las detenciones, obstáculos y rodeos que tiene que superar para llevar su alma al estado de perfección en que volverá a ser uno con el Espíritu Puro.

La vida bajo la ley kármica:

El gran místico Yogananda explicaba la reencarnación y el karma con las siguientes palabras: «La vida es como una gran cadena en el océano de Dios. Cuando una porción de la cadena surge de las aguas, sólo se ve esa pequeña parte. El principio y el final permanecen ocultos. En esta encarnación sólo estás viendo un eslabón de la cadena de la vida, mientras el pasado y el futuro, siendo aun invisibles, permanecen en las profundidades de Dios, que sólo revela sus secretos a quienes se hallan sintonizados con él.»

Aunque la mayor parte de nosotros no poseemos recuerdos conscientes de nuestras vidas pasadas, no sólo estamos viviendo los efectos de todo lo que hemos causado en aquellas vidas, sino que son precisamente aquellas causas las que nos hacen nacer desiguales,

No debemos confundir la creencia de que «todos los hombres han sido creados iguales» con la de «todos los hombres nacen iguales». Sabemos perfectamente que un niño nacido con un defecto invalidante no tendrá el mismo estilo de vida ni disfrutará de las mismas oportunidades de otro niño nacido sin defectos. Un niño nacido en un ghetto no puede esperar tener las mismas experiencias que otro niño nacido en el campo. Sabemos que el concepto de que todos los hombres son creados iguales es correcto en la medida en la que se refiere al hombre como una entidad con alma en su creación original, en cambio, lo que este mismo hombre haga con dicha igualdad a partir del momento en que empiece a moverse en la vida, es algo que depende por completo de su libre albedrío. Naturalmente, aquello que haga con su voluntad determinará también los niveles de evolución que alcanzará su alma, así cómo y cuándo los alcanzará.

Dos individuos confrontados con los mismos acontecimientos o circunstancias se comportarán de modo diferente. Uno echará a correr huyendo del acontecimiento, mientras que el otro se enfrentará con él hasta el máximo de sus posibilidades. El primer individuo tendrá que volver a repetir la experiencia una y otra vez, mientras que el segundo se hallará preparado para avanzar hacia el aprendizaje de nuevas lecciones. A medida que transcurre el tiempo, no medido ya en meses y años sino en vidas enteras, el segundo individuo irá alcanzando niveles de evolución cada vez más elevados y con mayor rapidez, mientras que el primero se tendrá que enfrentar a las mismas lecciones kármicas, básicas y elementales, durante una eternidad de períodos de vida.

A pesar de que todos vivimos bajo la misma ley kármica, cada uno de nosotros se encuentra en un peldaño distinto de la escalera que conduce a la perfección. Cada peldaño es una fase de crecimiento diferente, pero siempre estará en consonancia con todos los peldaños ya subidos que nos han permitido llegar al nivel en el que estamos ahora. Cada uno de los peldaños dejados atrás es una encarnación pasada, y en cada vida que vivimos nos vamos asegurando que la estructura de la escalera que está bajo nosotros sea firme y sólida. Es muy arriesgado subir corriendo una escalera que temblequea; hay que esforzarse en los peldaños inferiores para dejarlos bien asegurados.

Martin Schulman

Psicología de la Muerte


La muerte es un aspecto de la vida de una significación profunda y en todas las épocas su existencia ha desconcertado tanto al hombre de Oriente como al de Occidente. Es posible aproximarse a ella desde diferentes ángulos. Aquí trataremos especialmente los problemas psicológicos que surgen en nuestra vida, provocados por el concepto de la muerte, las actitudes hacia ella y el hecho de morir.

La muerte en tanto que tabú

En Occidente, el fenómeno de la muerte es un tabú para la mayor parte de la gente. Hasta hace poco, los conceptos psicoanalíticos de las actitudes hacia la muerte y del temor de morir que de allí se derivan eran dominantes. Los sentimientos a propósito de la muerte eran esencialmente manifestaciones de una realidad. anterior, o sea, la angustia de la separación de la madre o los conflictos relacionados con el complejo de castración. Tales desplazamientos clínicos podían producirse y los temores sobre la muerte eran fenómenos secundarios.

Sin embargo, nuevos estudios sugieren de manera creciente que lo contrario podría ser más exacto. Stanilav Grof dice que el concepto actual de la muerte y la reacción de los moribundos, caracterizada por una represión y una negación masivas, parece ser un producto anexo de una industrialización que crece rápidamente con un acento excesivo sobre el pragmatismo, una filosofía materialista y una orientación general hacía el éxito y el triunfo. El continúa: «Una confrontación íntima con la muerte, agregada a una angustia que se desencadena, profundamente arraigada biológicamente, unida al instinto de supervivencia, parece representar un llamado penoso a las últimas limitaciones de los esfuerzos de¡ hombre por controlar y dominar la naturaleza».

Problemas psicológicos

El hombre no puede escapar a la confrontación con la muerte, En su aproximación a este desenlace encuentra que no tiene más que dos posibilidades: o bien hay una vida después de la muerte, o no la hay. En cualquiera de estas dos formas, el hombre occidental concibe ordinariamente su propia muerte como una extinción repentina, como algo que llega a su cuerpo sin beneficio alguno, Esta actitud le hace llegar hasta las últimas posibilidades de prolongación de su vida física, lo que funciona como una especie de control psicológico colectivo, haciéndole fijar su atención sobre los aspectos cuantitativos de la vida humana, ignorando a menudo los valores cualitativos.

Pueden crearse otros problemas por la actitud de los adultos hacia la muerte. Para mantener a los niños a resguardo de la existencia de la muerte, los padres pueden mantenerlos separados de las realidades del fin de la vida humana. Se ha demostrado que esto es una actitud ineficaz y nociva. En verdad, esta manera de actuar entorpece el desarrollo emocional del niño y manifiesta más las angustias de los adultos en relación a la muerte, que la capacidad de los niños de hacer frente a esta realidad,

El humor depresivo, el temor de la pérdida, el insomnio, los síntomas esquizoides y diversas perturbaciones psicosomáticas revelan su parentesco con la inquietudes en relación a la muerte. Incluso, varios investigadores han llegado a la conclusión que el temor a la muerte es el factor traumático más típico para desencadenar una demencia senil.

Conocimiento y muerte

Entre otros: Feifel, Eissler, Johnson, Spielberger, Kübler-Ross han demostrado que el pensamiento de la muerte es una fuente de angustia para el hombre. La ansiedad es un estado caracterizado por sentimientos subjetivos conscientemente percibidos de aprensión y de tensión asociados a una activación del sistema nervioso autónomo. El estado de ansiedad causa cambios cognitivos y de percepción. El resultado primario del temor de la muerte, trayendo como consecuencia el desarrollo de estados de ansiedad, es una distorsión fundamental de la manera en que somos conscientes del mundo. Este temor nos impide concebir la muerte como un fenómeno natural, como el destino de todos los seres sensibles y como un desenlace fundamental en la naturaleza en su proceso constante de transformación de todas las cosas.

Por otra parte, el instinto de conservación, una de las causas primeras de este temor, puede tener su origen en el anhelo inconsciente del hombre de ser eterno. Para enfrentar, en un estado ordinario de consciencia, a este modo de ser «eterno», el hombre niega la muerte, dándole una connotación de tabú. Probablemente, este deseo inconsciente de ser eterno es una de las razones más poderosas por la que el hombre se interroga sobre la naturaleza de la muerte y del más allá. El desea aprender sobre los misterios de la muerte. Sin embargo, su capacidad real de aclarar esta interrogante al interior de su modo de conocimiento del universo le parece que está más allá de su poder. El se siente vencido ante tal dilema y puede llegar a experimentar miedo, reprimiendo su búsqueda. En este contexto, don Juan (Castañeda) dice: «El temor es un enemigo terrible, tramposo y difícil de dominar, El permanece oculto en cada recodo del camino, merodeando, esperando, Y si el hombre, aterrorizado por su presencia, huye, su enemigo habrá puesto un término a su búsqueda.»

Una razón probable del temor de la muerte

En un estado ordinario de consciencia, nosotros asimilamos e interpretamos las percepciones de los sentidos en unidades de significación. Contemplamos el mundo alrededor de nosotros y nuestros ojos seleccionan ciertas informaciones que serán más tarde «archivadas» como una representación parcial de la realidad física. Nuestros sentidos no son capaces de asir la totalidad de la forma en la que se manifiesta la existencia - cambiante e intercambiable - del universo exterior e Interior. Vemos el mundo como compuesto de cosas diferentes, separadas las unas de las otras por el espacio, y en consecuencia somos conscientes de una imagen del universo en tanto que entidades más o menos estáticas. Si contemplo, por ejemplo, el sólido y bello edificio del Parlamento, tendría la experiencia de esta construcción como de algo casi eterno. No pensaría por un instante la posibilidad de que los agregados que componen ese determinado edificio no estaban allí hace 500 años, y tampoco pienso en que esos agregados de moléculas y de átomos estén en movimiento y en cambio perpetuos. No puedo ver cómo ese edificio envejece, sin embargo, a cada segundo esta construcción aparentemente tan sólida está en constante deterioro y - aun siendo bien conservada y restaurada - a la larga esos agregados, dispersos por el viento del tiempo, dejarán de estar allí. Este resultado psicológico de la dimensión cognitiva nos vuelve apenas conscientes de los cambios que ocurren del nacimiento a la vejez en el camino hacia la muerte que se producen en nuestros cuerpos en este momento mismo, Este modo humano específico de aprehensión de la realidad es probablemente la causa principal de la conceptualización del universo de una manera dualista que hace una separación neta entre el Yo y Tú, el cuerpo y el espíritu, la vida y la muerte.

Consecuencias del dualismo

Las consecuencias existenciales de esta consciencia dualista se reflejan sobre nuestro entorno representando un amplio espectro social. Esta manera determinada de ser conscientes puede hacer que el individuo se sienta como un ego aislado, flotando en un océano más o menos peligroso, donde él debe obtener para sí mismo medios específicos de sobrevivir en esa sociedad específica. Su meta - que es fundamentalmente la meta consciente o inconsciente de todo ser humano - será la de lograr un sentimiento de bienestar físico, psicológico y social. A fin de alcanzar sus metas a corto o a largo plazo, él negociará con su entorno social. Está claro que se comportará con la vida y la muerte en función de la consciencia que él tiene de su universo. Y negociando con un universo fundado sobre un punto de vista inadecuado - lo que es el caso de la consciencia que él tiene ordinariamente de su ambiente y de sí mismo - obtendrá resultados inadecuados. Puede alcanzar un bienestar provisorio pero se sentirá siempre amenazado por su entorno y por la perspectiva de la muerte. Su contexto social lo condicionará en todo momento para actuar más o menos en ese sentido. Nosotros podemos observar aquí un círculo vicioso.

El concepto de la muerte en las culturas orientales y «primitivas»

Probablemente en todas las culturas, sobre toda esta tierra, el hombre teme a la muerte. Parece que el instinto de conservación desde la ameba hasta el hombre hace que un ser viviente trate con todas sus fuerzas de conservar su vida. Y allí, el temor puede funcionar como un mecanismo muy útil para la preservación de las especies. Sin embargo, parece que en los estudios interculturales es posible encontrar diferencias cualitativas en las actitudes de los hombres en relación con la muerte.

Malinovski establece que: «... para el hombre primitivo la muerte tiene principalmente el sentido de un pasaje hacia la resurrección. Ve la declinación como una etapa del renacimiento, la abundancia del otoño y el declinar del invierno como un preludio al despertar de la primavera.»

Esta es una visión poética de la muerte. pero tiene implicaciones psicológicas. En este contexto, es importante insistir sobre el hecho de que la antropología moderna, al estudiar los pueblos «primitivos», reconoce que la magia y la religión no son solamente una doctrina o una filosofía, ni simplemente un conjunto intelectual de opiniones, sino un modo especial de conducta, una actitud pragmática hecha a la vez de razón, de sentimiento y de voluntad. Es un sistema psicológico con sus modos de acción específicos y un fenómeno sociológico tanto como una manera experiencial de ser.

Una tal concepción de la muerte como un proceso universal de la naturaleza disminuye ciertamente el temor, facilitando su integración de la vida de todos los días. El temor en sí mismo es una herramienta útil de la naturaleza, advirtiendo a los seres vivientes de los diferentes peligros a los que pueden estar expuestos dentro de un cierto ambiente. El temor puede llegar a ser nocivo cuando tratamos de escapar de él rechazándolo en lugar de expresar esta emoción vital.

Al interior de las culturas orientales y «primitivas», el temor de la muerte es aceptado y aun utilizado para facilitar el crecimiento psicológico del individuo y del grupo. Entre los tibetanos, por ejemplo, sus actitudes hacia la muerte y la agonía están desprovistas del tabú general que encontramos en Occidente. Allá, se encuentra a la muerte con respeto y veneración. Y la existencia de la muerte llega a ser un estimulante para el desarrollo del hombre, Este crecimiento psicológico es subrayado durante toda la vida, y especialmente cuando la persona está moribunda. Un principio de base del sistema budista - que impregna la vida de los tibetanos - es el carácter transitorio y el cambio constante del universo entero. Allí, la existencia de la muerte es utilizada como un elemento psicológico indispensable para la consciencia del carácter transitorio de la vida, del cambio de todas las cosas y del valor precioso de este momento mismo del aquí y el ahora. En este sentido, la muerte no es vista como un enemigo que se debe combatir y evitar a toda costa, sino como un aspecto indispensable de la vida, En otras culturas orientales la actitud hacia la
muerte es también de respeto y aceptación. Esto puede haber cambiado algo en China y Mongolia, donde una filosofía materialista y una industrialización
intensa han predominado desde el advenimiento del marxismo en esos países. Mientras más avanza un país en una tecnología materialista - Europa, EE.UU.,
Canadá - más hay una tendencia a poner énfasis sobre el tabú de la muerte con sus consecuencias negativas.
En cambio, en ciertos países donde la industrialización y la tecnología no han llegado a su máximo- México, Venezuela, Brasil - el tabú de la muerte no es tan fuerte. En México, por ejemplo, hay un día especial de la muerte y toda la población toma parte en festividades muy interesantes, donde la muerte es reverenciada y se la representa en actos teatrales, pinturas, esculturas
populares, y donde es celebrada con alegría -bailes y banquetes - en los cementerios, en noviembre de cada año.

La muerte como elemento terapéutico en las sociedades orientales y primitivas

En los diferentes países orientales y culturas primitivas, aprender a morir es un aspecto esencial del arte de vivir. Manuales como el «Libro Tibetano de los Muertos» y el de los egipcios son recopilaciones muy antiguas, instrucciones para guiar al individuo en su viaje después de la muerte, tanto como para preparar a la persona para su muerte biológica, Esta preparación para la muerte es, en efecto, una preparación para la vida, donde el individuo, liberado de sus temores y de sus angustias en relación con la existencia de la muerte, puede gozar de una existencia más satisfactoria y plena de sentido.

Entre las diferentes técnicas que se ocupan de la existencia de la muerte en esas culturas, deseo mencionar la experiencia de muerte/renacimiento del ego, la que parece ser la técnica más poderosa para prepararse a la muerte y al mismo tiempo enriquecer la vida. Allí, el individuo enfrenta el proceso de la muerte experimentando por rituales y/o técnicas meditativas la fase del fin de la vida con los diferentes síntomas susceptibles de ser vividos por quien esté biológicamente en trance de morir. En este proceso experiencial, la persona tendrá la posibilidad de encontrarse con sus propios temores conscientes o iinconscientes de la muerte y de la agonía y hará la experiencia en su cuerpo/espíritu de este proceso constantemente fluctuante de la transformación de su universo interior y exterior. Esta experiencia, además de ser una preparación para la muerte, puede aportar una iluminación espiritual.

Aplicación de la psicoterapia de la muerte en Occidente

Hasta hace muy poco, la esfera de la tanatología era casi «terra incognita» en Occidente. La preparación a la muerte y la agonía estaba casi por entero confiada a la religión, y la utilización de la muerte como elemento terapéutico para enriquecer la vida era desconocida.

Utilizando las técnicas de la terapia guestáltica, de la psicología budista tibetana, más una aproximación transpersonal, he desarrollado un sistema de educación terapéutica para tratar los diferentes problemas psicológicos relacionados con la muerte y los moribundos. He aplicado ese sistema durante los últimos siete años en Europa, EE. UU. (instituto Esalen de California), Canadá, México, Venezuela, Brasil y Australia. Utilizando una combinación de los elementos ya mencionados, he sistematizado un método para facilitar la experiencia de muerte/renacimiento del ego, el que es habitualmente enseñado en seminarios esencialmente vivenciales. Es muy importante crear un entorno de apoyo en el que la persona se sienta segura y cómoda. Como el tema de la muerte y de los moribundos es un tabú para la mayor parte de la gente, y siendo que a menudo el temor a la muerte es rechazado y mantenido en la sombra por numerosos mecanismos de defensa, este estado de seguridad y de bienestar psicológico y físico es un factor muy importante para ayudar a la persona a dejar emerger sus temores sobre la muerte y los moribundos.

En esos seminarios se dan a los participantes numerosos ejercicios de grupo e individuales para facilitar a cada uno la experiencia de estas realidades de la manera más adecuada, Allí, en un contexto psicoterapéutico se tratan problemas como el temor de la muerte física, del envejecimiento, de la pérdida de los seres queridos, de la pesadumbre y del suicidio. Además se enseña - especialmente en los talleres destinados a profesionales de la salud - cómo tratar a los moribundos.

Una de las experiencias más importantes de estos seminarios es la muerte y el renacimiento psicológico del ego. Las personas que emprenden este proceso no tienen todas las mismas experiencias. Algunas tienen muchas dificultades en pasar el umbral hacia la vivencia psicológica de la muerte. Ciertas personas llegan a un espacio sombrío o a un túnel, escuchan sonidos (descritos generalmente como tañidos de campanas). Otros pueden tener experiencias desagradables, ver lugares semejantes a las descripciones del purgatorio cristiano o de infiernos de diferentes cosmologías, antes de entrar en espacios más agradables y de ser finalmente capaces de hacer la experiencia de su propio renacimiento psicológico.

Ayudar a la muerte

El hombre teme a la muerte en Oriente tanto como en Occidente. Sin embargo, parece que psicológicamente podemos aprender y utilizar algunas de las técnicas desarrolladas y experimentadas durante siglos en otras civilizaciones,

Cuando separamos la muerte de la vida en nuestro modelo dualista de aprehensión de la «realidad», al mismo tiempo nos separamos nosotros mismos conceptualmente de otros seres humanos y del mundo. Cuando una persona produce esta sólida fantasía de que ella está aislada de toda otra cosa, ha perdido la noción de que ella es una parte de esta naturaleza y de este cosmos, y puede sentirse débil y a menudo amenazada, aun si su ego es aparentemente fuerte. Entonces esta persona ensayará controlar su entorno más y más. Esta manera de negociar con el mundo es producida por las fantasías - «el mundo es sólido y durable» - que controlan al individuo y lo llevan a reaccionar de esta
manera determinada. En este contexto, ha perdido la percepción vivencial del flujo de la vida y de la muerte, de este cambio inevitable y necesario de todas las cosas.

En Suecia, Dinamarca y EE. UU. se han empezado a instalar clínicas para ayudar a los moribundos. Es un primer paso muy importante y satisfactorio para facilitar a los enfermos terminales una muerte digna, sin sufrimiento psicológico inútil. Sin embargo, esto no es suficiente para resolver los problemas causados por la forma en que el hombre moderno civilizado enfrenta a la muerte. Sería necesario que se ofreciera al personal médico una educación competente para abordar los problemas psicológicos creados por las maneras habituales de concebir y de evadir la muerte, integrándola en su formación profesional. Sería ideal también que, más adelante, se pudiera ofrecer al público nociones de tanatología, y que se pudieran introducir en los colegios como medida preventiva, Ellas serían capaces de ayudar al niño a guardar intacta su capacidad innata de hacer frente a la existencia y a la aceptación de la muerte como un aspecto natural de la vida.

Leo Matos

Martin Buber: yo y tu.


Su Vida:

Filósofo, religioso y escritor de origen judío, nació en Viena en 1878. Su abuelo fue un importante estudioso y líder del jasidismo, rama del judaísmo que enfatiza la valoración de las personas y un contacto con Dios basado en la vivencia personal más que en lo intelectual.

En 1898 adhiere al sionismo y comienza a divulgar conceptos éticos y culturales que sean un renacimiento espiritual del judaísmo. Antes de la Primera Guerra hace una exposición del misticismo judío, con lo que trata de unir a los judíos y buscar conexiones de valores y visiones comunes con otras religiones, como el cristianismo, el islamismo o el budismo. Intenta mostrar un lenguaje común a todos los hombres en su espiritualidad, que sobrepase las barreras religiosas y muestre lo universal del judaísmo. En sus obras logra integrar elementos filosóficos, poéticos y místicos. Viaja dando conferencias, dirige una revista, «El Judío», con la que difunde sus ideas y las del sionismo. En 1923 publica el libro «Yo y Tú», obra central de su pensamiento sobre la comunicación humana con el mundo y con Dios, como una experiencia íntima, única y trascendente. Su pensamiento se enmarca además con un tipo de existencialismo humanista que subraya el compromiso, la elección y la acción, viviéndolo más en la comunidad que en la soledad contemplativa. Un símil podrían ser Mahatma Gandhi y Albert Schweitzer, como hombres con un pensamiento religioso llevado a la acción en el inicio de este siglo.

En 1938 se ve obligado a dejar Alemania por el gobierno nazi. Vive en Jerusalén, donde continúa enseñando, siendo profesor de la Universidad de Jerusalén. Desde el inicio propone la convivencia comunitaria entre palestinos y judíos, los que, nacidos de un tronco común, tienen derecho a vivir juntos en la misma tierra en igualdad de condiciones. Un pensamiento muy adelantado para su época y que recién se comienza a intentar. Fallece en 1965.

Su Obra:

Sus libros más importantes publicados son: "Daniel", "Yo y Tú", "¿Qué es el Hombre?", "Cuentos Jasídicos", Eclipse de Dios".

Yo y Tú:

Publicado en 1923, es su obra más difundida y central para comprender su pensamiento. Es sorprendente la emoción que expresa este libro. Escrito desde lo más profundo de su persona, parece transmitir algo que le fue revelado, no sólo pensado en forma intelectual.

Buber plantea que los seres humanos logramos en la comunicación, en el Yo-Tú, una interacción de a dos, dialogante, tocándonos, interviniendo el uno en el otro. Somos la palabra fundamental Yo-Tú. El Tú es un sujeto como el Yo, no es una cosa ni un objeto. Otra relación fundamental es con el Ello, el Yo-Ello. Una parte de nuestro ser se comunica con el mundo como cosa, objeto, pero no penetra en ella, no se fusiona. Nuestra experiencia externa es esto y aquello, conocimiento parcial, información: el Ello nos aleja del Tú. Nuestra vida diaria y común la vivimos en el Ello, en bases a datos que nuestro hemisferio izquierdo clasifica, valora, cambia o reemplaza.

El Yo-Tú y el Yo-Ello son dos maneras de conocer, de vivir el mundo, es nuestra dualidad como seres humanos, nuestra polaridad primaria. El Yo-Ello se nos da en forma cotidiana, común; el Yo-Tú también se nos da: pero no lo podemos forzar, no lo podemos manejar o manipular, tenemos que prepararnos para que nos llegue. Es el mundo del amor, del encuentro, de la experiencia mística, de la inocencia, de la creación, más cercano al mundo del niño, o el ser como niños.

En el Yo-Ello estamos en la dualidad cartesiana del objeto y el sujeto, del espacio y el tiempo, del observado y el que observa. Se pierde la participación.

Cuando nos relacionamos con el Tú, no hay una cosa, un objeto, no hay tiempo, no hay espacio, estamos ahí, somos con el otro, estamos en el otro. Es una relación, una participación en interacción circular, sin un comienzo ni un fin aislables. Actuamos con todo nuestro ser, ella no puede ser parcial, es una experiencia del todo o nada.

a) La relación con el Tú se puede dar con la Naturaleza, sin un lenguaje racional, antes del lenguaje.

b) Se da con los hombres, donde participa el lenguaje, damos nuestro Yo y aceptamos el Tú.

c) Las formas inteligibles (¿ininteligibles?) sería el mundo de lo creativo y lo religioso. No tiene un lenguaje preciso, pero hay una voz. Integramos lo inefable a nuestra vivencia, es el Roce con lo Eterno.

Nuestra relación con Dios, con la creatividad y con el Tú, nos es dada. Lo «inteligible» con lo que conectamos pasa a tener forma, se fija en nuestro espacio del Ello, como un cuadro, un poema, un descubrimiento científico. Son momentos del Tú que se concretan en un Ello tangible, mostrable. En la creatividad hay un «sacrificio», una ruptura, una pérdida del mundo anterior para que pueda surgir lo creado, hay un riesgo de jugarnos por entero para lograr lo actual, y no siempre resulta. También el riesgo está en exponernos como seres en lo que hacemos. La experiencia del Tú no puede ser parcial. El Tú nos llega a través de la gracia, nos es dado, no podemos forzarlo, tiene una similitud con la idea del Espíritu Santo.

Si mi vida es verdadera y auténtica logro este encuentro, la relación con el Tú es directa, sin mediadores, sin filtros ni cálculos. No hay ideas, ni imágenes, no hay esquemas. La memoria se hace actual y emerge en esta realidad. Entre el Tú y el Yo no hay fines, ni placer, ni anticipación. Todo medio como condición es un obstáculo. Cuando todo medio es abolido se produce el encuentro.

Entre el Yo y el Tú se crea un «entre», un espacio que pertenece a los dos y sólo puede ser creado por ellos, en ese espacio está el amor y es el amor. El espíritu es este espacio, no es como la sangre que corre por nuestro cuerpo sino como el aire que respiramos, dice Buber. El amor es la única relación real, verdadera, de todo nuestro ser, una intuición única, exclusiva para ese momento. El odio es ciego, es una relación parcial, de sólo una parte del ser. El mundo del Ello nos muestra el mundo predecible, mensurable, seguro. El Tú nos ayuda a mirar la eternidad. El mundo del Tú es más dramático, lleno de sentido y fuerza, es lírico, seductor y extraño, desconocido y conocido, nos inquieta, nos hace perder nuestra estabilidad y seguridad. Para el Tú necesitamos valentía y entrega, necesitamos arriesgarnos.

No podemos vivir sin el Ello, pero si sólo vivimos así, no somos humanos. En la relación con el Tú se manifiesta el espíritu, tenemos que buscar el silencio para lograr la comunicación. Vivimos un mundo lleno de Ello, como una seducción permanente que nos llama, nos interrumpe, nos distrae, nos invade. En el Tú vivimos nuestra libertad de ser todo lo que somos más profundamente, de convertirlo en acto.

El Ello puede volver a ser Tú, cuando lo logramos «encontrar»; entonces puede volver a la comunicación más profunda, a toda su realidad. El mundo del Ello es el mundo de las ideas, de lo posible, de los «nudos mentales». Tenemos que llevarlo a la acción en la relación con el Tú. El Tú nos muestra nuestro destino, nuestro sentido, y lo junta con nuestra libertad. Nos da seguridad, claridad y certeza. La libertad es la posibilidad de salirnos del determinismo, de la causalidad del Ello.

En el contacto con el Tú conocemos nuestro ser, nuestra persona, en toda su magnitud positiva y negativa, pero nos causa temor este mundo pleno y también incierto, efímero y peligroso que es el mundo del contacto profundo y de la relación con el Tú, lo que nos hace refugiarnos permanentemente en el mundo del Ello, el tener cosas, el estar seguros y no arriesgarnos.

Con el Tú eterno es la comunicación última, la más trascendente y vasta que puede tener el hombre. El único Tú que nunca puede ser un Ello es el Tú eterno, aunque pueda ser estudiado como un Ello por la filosofía y a veces por la teología. Los hombres han hablado de Dios como de una palabra santa, pero después hablaron de Dios como un Ello. Invocamos a Dios en el Tú de nuestra vida, también en el miedo, la desesperanza y la ignorancia. Dios es el ser más cercano, más inmediato y más presente para nosotros. En la relación con el Tú y con Dios se superan los opuestos, se logran unir sin sentir las diferencias, termina la polaridad y la tensión interna, hay quietud, silencio, plenitud. Si nosotros necesitamos a Dios, El también nos necesita. Como parte del camino para contactarse con Dios están la plegaria y el sacrificio. En la plegaria hacemos manifiesta toda nuestra pequeñez y dependencia, reconocemos nuestra limitación. En el sacrificio damos algo nuestro, externo o interno, con gran humildad, para que Su voluntad sea hecha. Podemos vivir a Dios en una unificación de nuestro Yo, con todo lo instintivo, sensible, emocional, racional, sin barreras, como un ser real.

La soledad en el hombre es importante, pero si lo aparta de vivir la relación humana es negativa, no podrá encontrar el Tú. Toda vivencia de Dios es una revelación, un resplandor, un choque, un misterio que nos cambia, nos hace diferentes a lo que eramos antes de la vivencia. Nos da un sentido, nos asegura algo interno muy importante, nos hace ver que este sentido es de esta vida y no de otra. Muchas veces la claridad intelectual de este sentido nos costará mucho. alcanzarla. Este saber por revelación se transforma en una fuerza personal, en un deber interno.

Martin Buber siempre buscó un camino de acción, de estar presente en la comunidad y en las personas, en una poco común unión entre misticismo y acción.

Un Intento de Acercamiento al TU:

Vivimos en el Ello, es nuestra experiencia, el contacto con el Tú no es lo habitual en nuestra vida, pero todos lo tenemos como posibilidad personal. Debemos tratar de estar dispuestos a este encuentro, sentir su necesidad, valorar lo que significa cada encuentro con una persona, con la naturaleza o con Dios. Este intento debe ser activo, consciente, aceptando que no sabemos cuándo sucede, estar abiertos, «preparados».

El silencio interno parece muy necesario; silencio en el sentido de pocas cosas, cercano al vacío, pocos pensamientos, poco ruido de invasión de ideas y juicios. Esto es fácil de decir, pero no tan fácil de lograr. Sin embargo, es algo que podemos cultivar en nosotros. Estar dispuestos a ello en un intento activo, en una búsqueda.

Similitudes de la Experiencia Yo-Tú:

Este tipo de vivencia del Yo-Tú nos conecta con varias otras experiencias; la más llamativa es la experiencia mística con la naturaleza o con Dios. También ha sido llamada experiencia cósmica, de fusión, oceánica, participación mística, y muchos otros nombres en la tradición occidental. El encuentro con otro ser humano, la experiencia-cumbre descrita por A. Maslow como encuentro amoroso, creativo o religioso, también está en el ámbito de la relación del Yo-Tú. Los contactos importantes con la naturaleza, la alegría, la música, un encuentro amoroso, experiencias de pertenencia en grupos, son también encuentros con el Tú o formas de acercarnos a reconocerlo.

Estas experiencias de comunicación Yo-Tú son muy significativas para el que las vive; resultan difíciles de transmitir en palabras, sobre todo en su significado más profundo; marcan un sentido, una dirección en la vida, dan una claridad en el camino de cada uno y una vitalidad para seguirlo. Muchas veces causan temor, sensaciones de inseguridad y conflicto por su apariencia paradójica, las que necesitan de una postura activa para poder superadas.

¿Qué es el hombre?

Fue escrito en 1938 como una introducción a la Antropología Filosófica. Comienza replanteando las preguntas fundamentales de la filosofía, hechas por Kant en el siglo XVIII:

l.- ¿Qué puedo saber? - a lo que responde la Metafísica y la Teoría del Conocimiento.

2.- ¿Qué debo hacer? - que trata de responder la Etica,

3.- ¿Qué me cabe esperar? - como tema de la Religión.

4.- ¿Qué es el hombre? - a lo que responde la Antropología.

Todas estas disciplinas se juntan en la última pregunta y en la búsqueda de su respuesta. Estos interrogantes vienen desde los griegos, con diferentes y variadas respuestas. Buber muestra cómo las respuestas cambian en los diferentes pensadores de los últimos siglos.

Hegel insiste en un mundo ideal, teniendo como centro al hombre, su razón y su espiritualidad. Luego, Marx polariza al hombre hacia un materialismo social como su mayor destino, focalizado sólo en estos aspectos, lejos de lo personal, interior y espiritual. Nietzsche, en una gran búsqueda interna, muestra al hombre como un camino, un puente hacia el superhombre. Es guíado por el poder, por el levantarse sobre sí mismo, la «voluntad de poder.

En este libro se analiza en mayor extensión el pensamiento de Martin Heidegger, su visión del hombre, su filosofía dirigida a la pregunta sobre «el ser», el ser-en-el-mundo. Heidegger habla de las conexiones del ser «inauténtico», (el ser común) y el ser «auténtico», entero, que está ahí, con su Ser en contacto consigo mismo. El cuestionamiento de Buber a este pensamiento es que está centrado en el sí mismo, es monologante y no dialogante, no necesita del otro en su esencia, es un sistema cerrado. La relación con el otro es «de solicitud», pero no central, y la relación con Dios o «los dioses» no está desarrollada, sólo nombrada desde lejos.

Otro filósofo analizado por Buber es Kierkegaard, quien se relaciona con las cosas y las personas - quizás con dificultades- y más ampliamente consigo mismo, estando plenamente abierto, como una gran preocupación, a su contacto personal con Dios.

Max Scheler es otro de los filósofos que aparece comentado en este libro. El sostiene que el hombre, para llegar a ser un ser desarrollado, consta de dos atributos: el espíritu y el ímpetu. Comienza su crecimiento en estas fuerzas, orientado hacia lo divino, busca lograr una «divinización relativa» al ser un hombre.

El interés central de Martin Buber, en su crítica a las diferentes definiciones del hombre, está en su búsqueda del hombre como ser relacionado con el Tú, en el otro o en Dios. Este planteamiento no logra ser considerado por todos los filósofos. Buber nos dice: «el hecho fundamental de la existencia humana es el hombre con el hombre. Lo que singulariza al mundo humano es, por encima de todo, lo que ocurre entre un ser y otro ser. Esto no encuentra paralelo en ningún otro rincón de la naturaleza».

El Eclipse de Dios.

Este libro nace a raíz de una serie de conferencias dadas en EE.UU. en 1951. Son muchos los temas tratados, pero la idea central es buscar cómo las diferentes filosofías de los dos últimos siglos exploran la relación personal, como experiencia y no como idea, del contacto del hombre con Dios. Para Buber el contacto con Dios es un hecho vivo, recíproco, espontáneo, un Tú eterno que nos hace trascender. El título de «El Eclipse de Dios» hace resaltar la ceguera de las actuales generaciones y las diferentes maneras en las que se ha ocultado o eclipsado a Dios. El ejemplo más extremo de esta postura es Nietzsche, quien, con su voluntad de poder y su nihilismo extremo, asegura «la muerte de Dios», como una profecía de nuestro siglo, la que se ha cumplido realmente en los últimos años, en los que el hombre ignora a Dios, no se detiene a pensarlo, actúa como si no existiera.

Otro pensador, Hermann Cohen, sostiene que Dios es un ideal. Aquí la falta de contacto con Dios es más sutil, no es un ser con el cual el hombre pueda entrar en contacto en preguntas, en comunicación. Está, pero allá, en las ideas. Martin Heidegger, uno de los filósofos más importantes de nuestro tiempo, nos muestra a un hombre en contacto con la búsqueda de su Ser, conectado a sí mismo, ensimismado, con una relación no esencial con el otro. El no niega la. existencia de Dios, pero lo ve como algo lejano, posible a futuro: «llegarán los dioses» algún día. Sartre, desde el contexto del existencialismo, niega la existencia de Dios o de cualquier contacto entre El y el hombre.

Una crítica de Buber a C. G. Jung parece muy lúcida, él plantea que Jung sólo reconoce un Dios interno, psicológico, como parte del Sí Mismo. La conexión del hombre en su desarrollo sería con un Dios dentro de sí mismo, una experiencia psicológica, no un encuentro con un Dios trascendente, fuera de nosotros mismos.

Como podemos ver, este «Eclipse de Dios» sucede de las más variadas formas. La defensa de Buber es por un contacto vivencial, actual, en la vida común, con un Dios vivo y no con un Dios de ideas, intelectual o psicológico.

Cuentos Jasídicos.

El «jasidismo» se desarrolló en Europa Oriental en el siglo XVIII. Buber recoge una gran cantidad de historias sobre los maestros de este movimiento del judaísmo. Son relatos breves, llenos de conocimiento, con gran sentido del humor, que muestran la sabiduría y la presencia de Dios en lo cotidiano. Como ejemplo colocamos uno de ellos:

«Un maestro solía decir que durante el lapso que empleaba en recitar para sí las Dieciocho Bendiciones, todas las personas que alguna vez le habían pedido que intercediera por ellas ante Dios desfilaban por su pensamiento. Alguien le preguntó cómo era esto posible, ya que con seguridad no había tiempo suficiente. El maestro contestó: 'La necesidad de cada uno deja un rastro en mi corazón. En la hora de la plegaria abro mi corazón y digo: ¡ Señor del Mundo, lee lo que está escrito aquí!

Hernán Baeza

El autor agradece al Dr. Luis Weinstein por su cálido y generoso aporte para escribir este artículo.

Miente, miente que algo queda...


Una frase ha quedado asociada al nombre de Adorno por encima de todo lo que escribió. Es de 1951, y señala que el horror de Auschwitz “ha hecho hoy imposible escribir poesía”. Este libro presenta una parte de lo que escribió entre 1944 y 1962 alrededor de una pregunta directamente relacionada con ese hecho: ¿cómo entender lo que allí ocurrió y cómo ponernos a salvo de que vuelva a ocurrir?

Leídos desde aquí, al menos, estos Ensayos sobre la propaganda fascista no sólo demuestran la lucidez y la actualidad de su autor; permiten comprender que el fascismo, a la larga, triunfó. No sólo porque Adorno alcanzó a entrever la posibilidad de que tuviésemos que sufrir un Auschwitz después de Auschwitz sino porque sus observaciones sobre la propaganda demuestran que no hay partido político que no utilice esos mismos mecanismos urbi et orbi.

En “Antisemitismo y propaganda fascista” (1944) afirma que “la actividad proselitista, antes que por la exposición de ideas y argumentos, pretende “actuar sobre los mecanismos inconscientes de las personas” y es por eso que el líder y sus voceros se dedican a atacar “a espectros más que a opositores reales” a través de una mera concatenación de ideas en la que usan una misma palabra en, por ejemplo, “dos proposiciones muy inconexas desde el punto de vista lógico”.

En “La teoría freudiana y los esquemas de la propaganda fascista” (1951) analiza los dos rasgos principales de la propaganda: que temáticamente guarda “poca relación con cuestiones políticas concretas y tangibles”; y que “el enfoque de los agitadores es verdaderamente sistemático y sigue un esquema rígido de recursos bien definidos”, a los cuales se puede aislar y estudiar en sí mismos. En este sentido, Adorno se apoya en la teoría freudiana del narcisismo y de las masas para conjeturar cómo es posible esa ligazón política entre líder y masa. En uno de los pasajes más medulares, llega a sostener que quienes menos desean cambiar la estructura social son quienes más discursean a favor de la justicia social.

“¿Qué significa elaborar el pasado?” (1959) y “Para combatir el antisemitismo en la actualidad” (1962) tienen el valor agregado de ser dos conferencias pronunciadas en Alemania, a juzgar por las fechas que consigna el editor, en momentos clave de la posguerra y la división territorial. En la primera, Adorno advirtió sobre la funesta alianza que se estaba gestando entre nacionalismo y fascismo en los países que por entonces eran catalogados como en vías de desarrollo. En la segunda, especialmente dirigida a educadores, distingue dos tipos de antisemitismo –uno primario y otro secundario– y describe con gran precisión todos los vericuetos discursivos en los que esa ideología busca enmascararse. Aquí su tesis da miedo: “El antisemitismo es un medio de comunicación de masas”. Ironía mediante, un libro ideal para leer en plena campaña electoral.

Rogelio Demarchi

Ensayos sobre la propaganda fascista
Theodor W. Adorno
Paradiso

Marilyn Monroe y sus secretos de diván


El fiscal John Miner,que investigó la muerte de Marilyn Monroe en 1962, fue el único que accedió a las grabaciones hechas por la actriz para su psiquiatra Ralph Greenson. Cuatro décadas más tarde, Miner decidió revelar el contenido de esas cintas confidenciales y sacar a la luz, así, la intimidad del mito.


Una cama revuelta y con sábanas de seda, como debe ser. Encima, Marilyn semidesnuda. Apenas un corpiño. De repente toma un grabador, pone un casete y empieza a hablar. Sola. O no tan sola. Su interlocutor, la persona a quien dirige sus palabras, no está ahí, pero existe. Es su psiquiatra, el doctor Ralph Greenson, el mismo que la ha ayudado a elegir su casa sobre Fifth Helena Drive y le ha recomendado a su mucama.

“Usted es la única persona que conocerá los pensamientos más privados y más secretos de Marilyn Monroe”, le dirá a poco de comenzar la grabación. “Tengo la absoluta confianza de que usted jamás dará a conocer a ningún ser vivo lo que yo le cuento.”


Sin secretos

Años más tarde, la confianza de Marilyn/Norma Jeane será traicionada en grado sumo: el mundo entero conocerá esos pensamientos pero no a través del doctor Greenson, que murió en 1979 sin dejar rastro de las cintas como había prometido. Bueno, casi. Porque Marilyn va a morir de una sobredosis de barbitúricos dos meses después de terminar la grabación, exactamente el 5 de agosto de 1962. Unos días después, un fiscal de distrito llamado John Miner llegará hasta el consultorio del doctor Greenson para entrevistarlo. Será durante ese breve encuentro que el psiquiatra le hará escuchar la voz de Marilyn. Miner, que tampoco cree en la hipótesis del suicidio, tomará notas casi textuales.

Pasarán cuarenta y tres años antes de que el fiscal decida romper su promesa al psiquiatra y permita que el diario Los Angeles Times publique en forma completa la transcripción de las cintas que ahora Marilyn está a punto de grabar.

En los días previos Greenson le ha dado a leer el monólogo de Molly Bloom y la ha introducido al concepto de asociación libre, eso de lo que Marilyn se va a burlar. Pero no es lo único que le ha enseñado, como la mujer más deseada del planeta se encargará de contar. Mientras, Marilyn comienza su ejercicio como un juego: “Aprieto play y digo cualquier cosa que esté pensando, como lo hago ahora. Es realmente fácil. Estoy recostada sobre mi cama vistiendo sólo un corpiño. Si quiero ir a la heladera o al baño, aprieto el botón de stop y empiezo de nuevo cuando quiero. Y sólo tengo que asociar libremente. No hay problema.”

A lo mejor Marilyn está desnuda porque es junio (verano en los Estados Unidos) y hace calor. El primero de mes cumplió 36 años. El paso del tiempo la perturba. Se ha examinado concienzudamente frente el espejo y ahora, mientras retoza sobre su cama, le cuenta a su médico lo que vio.

“Ayer me paré desnuda frente a mis espejos por un buen rato. Estaba maquillada y me había peinado el cabello. Qué fue lo que vi. Mis lolas están empezando a caerse un poco… Mi cintura no está mal. Mi culo es lo que debe ser, el mejor de todos. Piernas, rodillas y tobillos, todavía en forma. Y mis pies no son demasiado grandes. OK Marilyn, lo tenés todo ahí. Es tiempo de decisiones.”

O está desnuda simplemente porque no le gusta usar ropa interior. Dice que el cuerpo tiene que respirar libremente.

Hasta hace poco estaba filmando Something ’s Got to Give (nunca se estrenará) para la 20th Century Fox, pero los directivos de la compañía le rescindieron el contrato por sus eternas llegadas tardes y su problema con las drogas. Un mes antes, en mayo, mientras todavía estaba filmando, se escapó durante siete días a Nueva York para cantarle, con toda la sensualidad de la que es capaz, el Feliz Cumpleaños a John Fitzgerald Kennedy, el Presidente de los Estados Unidos.


Los Kennedy

Desde entonces, los rumores arrecian. Desde que están teniendo un affaire hasta que estuvo tan sensual que él se enojó y a partir de entonces no responde sus llamadas. Su visión sobre el hombre que muchos van a señalar como el causante de su muerte (por su repentina decisión de abandonarla, por los celos del clan Kennedy) es totalmente naif. Idealizada. Como la de una chica enamorada.

“Marilyn Monroe es un soldado. Su comandante en jefe es el hombre más grande y poderoso del mundo –graba en el casete sobre JFK–. Este hombre va a cambiar el país. Ningún niño pasará hambre. Nadie dormirá en la calle ni comerá de la basura. La gente que hoy no puede pagarlo tendrá seguro médico. Nuestra industria será la mejor del mundo. Transformará la América de hoy como FDR (Franklin Delano Roosevelt) hizo en los años 30.(…) Yo nunca lo avergonzaría. Mientras tenga memoria, siempre tendré a John Fitzgerald Kennedy.”

Pero lo que nadie sabe es que Marilyn, la chica tonta, está teniendo un romance con el hermano de JFK, con Bobby Kennedy. Y que no sabe cómo hacer para terminar.

“Pero no sé qué hacer con Bobby, doctor. Como usted ve no hay lugar en mi vida para él. Supongo que no tengo el coraje suficiente para enfrentarme a la situación y lastimarlo. Quiero que sea otra persona la que le diga que lo nuestro terminó. Intenté que fuera el Presidente, pero no pude encontrarlo. Ahora me alegro. Es demasiado importante como para pedirle algo así. Usted sabe cuando le canté Feliz Cumpleaños … A lo mejor debería dejar de ser una cobarde y decírselo yo. Pero como sé cuánto le va a doler no tengo el valor para hacerlo.”

Marilyn ha pensado mucho sobre el asunto y tiene una teoría sobre los sentimientos del menor de los Kennedy. “Pienso que lo que pasó con Bobby fue que dejó de tener buen sexo con su esposa por un tiempo… Bueno, cuando empieza a tener sexo con el cuerpo que todos los hombres quieren, su moral católica tiene que encontrar una manera de justificar el engaño a su mujer. Entonces el amor se convierte en su excusa. Y si amas lo suficiente no lo puedes evitar y no puedes ser culpable de nada. Muy bien doctor, ese es el análisis de Marilyn Monroe sobre el amor de Bobby por mí.”


Optimismo

A pesar del despido de la Fox, Marilyn es optimista. Planea hacer Shakespeare y ganarse un Oscar con su actuación. Además ha aprendido a gozar como Dios y el doctor Greenson mandan.

“Lo que le dije cuando comencé a ser su paciente es verdad: nunca había tenido un orgasmo. Me acuerdo bien de que usted me dijo que eso sucede en la mente, no en los genitales, y que había un obstáculo en mi mente que me impedía tener uno, que era por algo que me pasó cuando era muy joven (existen rumores de que Marilyn fue violada por un tío), algo de lo que me sentía tan culpable que no me permitía disfrutar del mayor placer que existe.

Después dijo que íbamos a probar un acercamiento diferente, que me iba a enseñar a estimularme yo sola, que cuando hiciera exactamente lo que usted me decía iba a tener uno y que después de que lo hiciera sola, iba a tenerlos con mis amantes. (…)Dios lo bendiga, doctor. Lo que usted dice es palabra santa para mí. Hasta ahora tuve un montón de orgasmos. No sólo uno, sino dos o tres con hombres que se toman su tiempo. (…) Nunca lloré tan fuerte como lo hice después de mi primer orgasmo. Fue por los años en los que nunca había tenido uno. Qué años perdidos.”


Asuntos privados

En otro pasaje de las charlas que mantuvo con su psiquiatra, y que ahora se dieron a conocer públicamente, Marilyn hace una mención casi escatológica sobre las enemas. Un tema que la averguenza y que prefería mantener en secreto.

Y en ese asunto vincula a Mae West. También con alusiones escatológicas. Pero aprovecha la ocasión para desearle a la mítica actriz que viva hasta los 100 años porque se trataba de una mujer encantadora.

“Y eso lo digo pese a que rechazó hacer una película conmigo. Algo que muestra, sin duda, lo inteligente que es.”

Marilyn despertó pasiones no sólo entre los hombres. Y se lo contó a su psiquiatra. Recordó un encuentro íntimo con Joan Crawford en una habitación decorada al estilo mexicano.

“Oh sí, Crawford … Fuimos a la habitación de Joan...Ella estaba muy apasionada y gritaba como una maníaca. La próxima vez que la vi, ella quería seguirla. Le dije en la cara que no me gustaba hacerlo con mujeres. Después de que la desplanté, se volvió odiosa conmigo.”

Antes de que termine el año Crawford va a estrenar ¿Qué pasó con Baby Jane?, ese magnífico duelo actoral que la eternizará en el firmamento de las grandes actrices, un lugar al que Marilyn ha hecho cualquier cosa por entrar. Para empezar, casarse con (el escritor) Arthur Miller.

“Casarme con él fue mi error, no el suyo. No pudo darme la atención, el calor y el afecto que yo necesitaba. No está en su naturaleza. Arthur nunca creyó que yo fuera demasiado inteligente. No pudo compartir su vida intelectual conmigo. En la cama éramos más o menos. El no estaba muy interesado, y yo hacía unas actuaciones excepcionales para hacer que él se interesara. Pero sabe doctor, creo que el padre de Arthur sentía por mí un amor más auténtico que el propio Arthur.”


Altanero y arrogante

Al principio las cosas no fueron tan mal. Miller incluso la acompañó a Inglaterra, donde ella estaba filmando El príncipe y la corista, con Lawrence Olivier.

En su desesperado intento por hundir a la rubia superficial sobre la que había edificado su carrera, Marilyn se aguantaba hasta los mohínes del actor inglés.

“Olivier vino a mi camarín enojado por arruinar la escena. Lo calmé diciéndole que su Hamlet era la mejor película jamás hecha. Usted sabe que ganó un Oscar por ella. Pero el príncipe real era … Era superficial, no, esa no es la palabra, era altanero, arrogante, un esnob, un consentido y quizá ligeramente antisemita, pero el condenado, qué gran actor era.”

Cuando regresaron de Inglaterra Marilyn se enteró de que estaba embarazada. Pero el embarazo era ectópico y tuvo que abortar. Para consolarla después de la pérdida, Miller le regaló el guión de Los inadaptados , la película que iba a poner a Marilyn en otro lugar. Sin embargo, cuando llegaron al set de filmación las cosas fueron distintas. Habían pasado cuatro años desde su casamiento en 1956.

Marilyn había perdido otro bebé y su gran adicción a los tranquilizantes no le permitía llegar al set a horario.

Incluso a veces tenían que maquillarla acostada, mientras trataban de despertarla. Clark Gable, su coprotagonista, habituado a llegar puntual y con los diálogos aprendidos, se exasperaba.

“Clark era muy bueno conmigo y yo no me lo merecía. (En ese momento) estaba teniendo problemas con Arthur, me sentía mal y a causa de ello retrasaba mucho el rodaje. Clark me protegió de (John) Houston (el director), que insistía en hacérmelo pasar mal. En las escenas con beso, lo besaba con cariño verdadero. No me quería acostar con él pero deseaba que supiera lo mucho que me gustaba y lo que lo apreciaba. Cuando volví al rodaje después de un día de descanso, me dio una palmada en la cola y me dijo que si no me comportaba, me daría una buena paliza. Lo miré a los ojos y le dije: ‘No me tientes’. El se rió tan fuerte que tenía lágrimas en los ojos.(…) Entonces quería que fuera mi padre. No me hubiera importado que me pegara siempre y cuando después me pidiera perdón abrazándome y diciéndome que era la nena de papá y que me quería. (…) Cuando murió (al día siguiente de terminar de grabar), lloré durante dos días seguidos. No podía pegar un ojo ni comer.”

Desde que Marilyn se divorció de Miller, Joe DiMaggio (ídolo del bésibol) ha estado muy cerca suyo. Algunos dicen que hasta planea pedirle que se vuelva a casar con él.

Cuando Marilyn muera será él quien reclame su cuerpo y lo haga enterrar en una ceremonia íntima en el Westwood Memorial Park de Los Angeles.

Allí le llegarán las rosas rojas que por veinte años Di Maggio le enviará tres veces por semana.

“Joe D ama a Marilyn Monroe y siempre lo hará. Yo lo amo y siempre lo haré. Pero Joe no pudo permanecer casado con Marilyn Monroe, la famosa estrella de cine. Joe tiene en su terca cabeza la imagen de una tradicional esposa italiana. Una esposa fiel, que hace lo que él le pide y se dedica entera a él. Doctor, usted sabe que esa no soy yo.”

Ivonne L ’Estrange

Hay que ser muy macho para ser tierno


Ultimamente se reitera, en especial en los medios, un chiste lamentable: observar en varones una cierta manera de quebrar las muñecas. Apenas eso resultaría evidencia cautiva o clandestina de (¡ay!) una supuesta falta de hombría. Vaya estupidez. He visto repetidamente ese sketch de humor fácil en donde todo gira alrededor de la manera en que se produce la torsión y caída de la mano hacia atrás. A veces, la típica situación de comedia se traslada a la vida real y en oficinas o facultades se condena a todo aquel que flexiona los miembros superiores de una determinada manera, como una contraseña de poca hombría.

Creo, más bien, que en esta tierra de hijos del rigor lo que se condena es la ternura. La necesaria ternura para reconocer públicamente que uno se equivoca y que no siempre la culpa la tienen los demás. Para consentir como propio el derecho de la pérdida. Para admitir que, con frecuencia, uno duda, está asustado y tiembla. Para, en fin, permitirse perder la manito en lontananza.

Nos cuenta el diccionario que tierno es aquel dotado para la blandura, autorizado para la delicadeza, condicionado para la flexibilidad. Es también aquel ser con la posibilidad de impresionarse y sensibilizarse por cualquier expresión extraña o ajena. Es complejo ser barra tierna en un país en donde mandan diversas e insoportables barras bravas de toda calaña y de cualquier clase social. Es demasiado riesgoso ser y parecer un tierno sin ligarse el sambenito de gil, la marca de flojo o el garrón de tonto irredento. Tierno es el que puede y sabe abrir su corazón; tierno es el que acepta cuestionarse y revisarse a fondo, como quien se practica una radiografía periódica de las emociones; el que traspone ciertos bordes y es capaz de desafiar algunos límites, aunque eso no lo haga quedar como un duque.

Hay que ser muy macho para ser tierno en la Argentina. Es que cuando se examina la historia reciente de esta nación de torcedores de brazos, se verifica que en la primera línea de su frente práctico y moral se ubicaron mujeres, madres y abuelas, y no varones, que se quedaron perplejos, paralizados de miedo, tumbados de depresión o simularon tener que seguir en sus ocupaciones. Por eso, los tiernos de hoy jamás osarán decir que las mujeres, ajenas y sobre todo propias, son unas brujas y, todavía menos, unas jabrus.

Para el tierno en general, aceptar los vaivenes del mundo, asumir las renuncias, sufrir las postergaciones, luchar contra los modelos tradicionales, es una pelea constante; en especial, porque se arranca desde la derrota. Y para el tierno nativo, la dificultad es doble, porque influye la particular condición del machismo argentino, la ardua imposibilidad de aceptar las derrotas y de demostrarnos buenos perdedores, sin ser señalados como tontos, débiles o irresolutos. Por eso, los tiernos no sólo están entre nosotros: están en nosotros. Hay un tierno en el alma. Anímese a descubrirlo.

Carlos Ulanovsky

Un taxi (boy) llamado deseo


La prostitucion, conocida como siempre como el oficio más antiguo de la humanidad, ha sido asociada a las mujeres. Investigaciones, sobre todo sociales, han tratado a través de los años de desentrañar esta ocupación mientras son infinitas las narrativas y producciones fílmicas en que las mujeres son las únicas que pueden prostituirse. ¿Y los hombres? Parece ser muy poco lo que se conoce sobre el trabajo sexual masculino.

Existen múltiples tabúes para preservar el imaginario que gira alrededor de las concepciones culturales de la masculinidad donde los hombres no son supuestos como objetos de codicia sino como dinámicos agentes de la misma. Serian activos proveedores de sexo más que receptores pasivos.

El cuerpo del hombre no es objeto de intercambio. La confrontación con estos tabúes por parte de los investigadores tiene un correlato en tabúes similares propios del colectivo conformado por los trabajadores sexuales, y decimos colectivo ya que es una población que podría caracterizarse en diferentes subgrupos y sin conciencia de pertenencia a ellos sino mas bien lo contrario.

Introdúceme

Prostitucion deriva de prostituir, que tiene su origen en el latín prostituere, una palabra compuesta por pro (delante) y statuere (exponer). Primera aproximación, ¿adelantar el cuerpo, exponiéndolo? ¿El cuerpo propio, el ajeno?

¿Puede entenderse la prostitucion solo como una practica realizada con fines de lucro o mediante el pago de un precio? ¿O también como el comercio del cuerpo, el negocio de la carne, la introducción de un deseo?

Si bien tendemos a pensar la prostitucion como una unidad de sentido, no es lo mismo pensarla para los heterosexuales que para los homosexuales.

¿Todo intercambio de cuerpos, sexo y dinero es prostitucion? ¿No se pondrán en juego otros deseos? Y no solo por parte de la clientela… ¿No quedará chica la idea limitada de la prostitucion para nombrar todos estos intercambios? Los factores que inciden en el ejercicio de la prostitucion son complejos y pueden concebirse desde lo psicológico, social y económico.

Psicológicamente, la prostitucion puede ser tomada como una forma ficticia de revalorizarse como hombre, es decir, constituirse en un macho cogedor, en el penetrador, el que tiene el poder de entrar, penetrar al otro cuerpo y ser valorizado desde una retribución económica. ¿Un trabajador sexual es una constante puesta en juego de la masculinidad?

Desde lo socioeconómico, siempre se nos muestra una ruptura donde se manifiesta abiertamente que la prostitucion puede ser una forma más de subsistencia del hombre ante la pobreza. La franja mayoritaria de los hombres que practican el oficio mas antiguo del mundo comprende de los 16 a los 30 años y generalmente provienen de hogares cadenciados y tienen sobre sus espaldas no solo maltratos físicos sino también psíquicos. En menor medida que entre las mujeres, estos jóvenes son obligados por terceros a trabajar, lo que los hace entrar en el rango de esclavos ajenos en sus propios cuerpos. Esta caracterización se da comúnmente en los jóvenes que trabajan en la calle.

El circuito de trabajadores sexuales en la Ciudad de Buenos Aires estuvo tradicionalmente delimitado geográficamente por la zona comprendida entre las avenidas Santa Fe y Córdoba y las calles Anchorena a Rodríguez Peña.

Recorrer ese circuito pasadas las 23 horas es entrar en un lugar donde todo puedo estar permitido. El pago por sexo se inicia desde los 10 pesos y puede llegar a los 100. El publico “comprador” son hombres mayores de 40 años, que casi en su totalidad se mueven en automóviles. Sin embargo, crisis mediante, la realidad hoy es diferente. Se pueden encontrar trabajadores sexuales en cualquier lado y en cualquier horario. También encontramos que hombres de más de treinta años ingresaron a este mercado ante la imposibilidad de encontrar trabajo. La oferta se diversificó y, si bien tradicionalmente los taxi boys eran pensados cumpliendo un rol activo, de penetradores, hoy hay muchos que se ofertan como versátiles o, directamente, cumpliendo rol de pasivos, penetrados.

Si bien detrás de cada trabajador sexual podemos encontrar una historia que va desde el maltrato familiar hasta el abuso de drogas, no todos comienzan así. Hay chicos que al hacer su comino out familiar son echados de la casa y encuentran en el trabajo sexual una forma fácil de supervivencia.

También hay otras motivaciones, como la permanente búsqueda de fantasías o el mero encuentro de placer y donde juega un rol ¿determinante? el dinero.

¿Soy un VIP?

¿La importancia de ser en este oficio está dada según a quien o donde atienden? Por sus imponentes cuerpos han pasado políticos, artistas, periodistas, escritores, empresarios y personajes que no imaginaríamos nunca. Son los chicos que trabajan en agencias de acompañantes o solos en sus departamentos. Sus tarifas se inician donde terminan las de los otros. La hora del servicio se cotiza en no menos de 100 pesos para el mercado nacional que se transforman en dólares si el cliente es turista. También obtienen grandes diferencias cuando el cliente los solicita para que funcionen como acompañantes en su estadía en el país, independientemente del acto sexual. Estos trabajadores van a los domicilios particulares, los hoteles de lujo, o bien, atienden en sus departamentos privados.

Las penas

Aunque en la mayoría de las legislaciones, el trabajo no es considerado un delito –mientras al mismo tiempo se preparan constantes reglamentaciones para erradicarlo-, algunas de sus actividades, como el sexo o el levante en la vía publica, reciben sanciones legales. En Argentina eso sucedía con los edictos policiales. Estos edictos fueron la peste no solo para los trabajadores sexuales sino también para las mujeres y travestis que ejercían el oficio. Mas tarde su reemplazo por las contravenciones mantuvo desde el encubrimiento las mismas formas.

En algunos países, sobre todo centro y sudamericanos, se crearon figuras delictivas para ejercer estas persecuciones, tales como corrupción de menores, lenocinio y contagio de enfermedades venéreas.

Servicio de delivery

En la actualidad podemos distinguir niveles o tipologias de este oficio. Por un lado tenemos lo que podemos definir como trabajadores sexuales de alto nivel, que trabajan en ámbitos exclusivos o aparecen bajo el disfraz de otras actividades, trabajos o profesiones (artistas, modelos, etc.). El trabajo sexual medio es aquel que se ejerce generalmente en grupos coordinados por una persona con mayor experiencia que los chicos y también es ejercido en departamentos privados, saunas disfrazados como masajes con relax. Por otro lado también existe un trabajo sexual que centra su actividad en boliches y pubs. Por ultimo, lo que puede llegar a parecerse más a la idea mas clásica de prostitucion es aquella que se ejerce en la calle, incluyendo estaciones y baños públicos.

Un apartado especial son las agencias de escorts que pueden ser consideradas verdaderas y lucrativas empresas. Al consultar agencias de acompañantes, todas coinciden en que el trabajo sexual masculino es un negocio que, a nivel general, crece a pasos agigantados en nuestro país, sobre todo en la Ciudad de Buenos Aires.

Uno de los factores clave en ese sentido es el auge del turismo en contraposición a la grave crisis socioeconómica que atraviesa nuestro país; es decir tanto los que gerencian los lugares como los propios trabajadores sexuales ven en esto una pronta y lucrativa salida laboral. El perfil de los clientes de las agencias se segmenta en hombres de 30 a 50 años, casados y solteros, profesionales de nivel socioeconómico alto.

Estas agencias exigen que el perfil del trabajador sexual se encuadre dentro de los 21 a 26 años, que estén muy bien físicamente, que sean en lo posible musculosos pero armónicos, que la cara esté en concordancia con el cuerpo y tengan muy buena dotación. También es muy importante que puedan establecer un vínculo con el cliente más allá del sexo. No son pocas las agencias que se jactan de tener chicos universitarios y que hablan ingles.

Si hablamos de preferencias sexuales, los clientes están interesados en que los chicos puedan cumplir diferentes roles, aunque casi siempre solicitan activos por la asociación entre este rol y una mayor masculinidad.

La irrupción de diferentes prácticas es cada vez más común. Los clientes piden que los servicios incluyan SM, lluvias de todo tipo, escenas de dominación, humillación e insultos. Otra cosa frecuente es el interés de los clientes por sentirse usados incitando a “sus chicos” a pedirles regalos.

Al publicar un aviso pidiendo trabajadores sexuales, en general se presentan entre treinta y cuarenta personas, la mayoría de las cuales suelen ser desocupados o con reales necesidades económicas, pero también están quienes buscan hacer realidad sus fantasías y un porcentaje menor que lo hace solo por placer.

Los dueños de las agencias coinciden en decir que este es un trabajo que no les insume mucho tiempo ni energías, solo la administración del sitio web (para aquellos que lo tienen), publicidad y la atención telefónica. Además, aseguran, es compatible con cualquier otra cosa que deseen hacer; algo en lo que coinciden muchos de los mismos escorts, de los cuales no pocos son estudiantes o sostienen otro trabajo.


Extraído de Revista NX nº 104

octubre 30, 2005

Censuran bodas gay en Los Simpsons


Los seguidores de Los Simpsons en América Latina quedaron frustados por la cancelación del cápitulo "There's Something About Marrying" en el que Patty, la cuñada de Homero, se confiesa lesbiana y Springfield legaliza los matrimonios gays.

Aunque el Canal Fox había rotado una promoción anunciando el estreno del episodio el pasado 31 de julio, a última hora el canal decidió pasar otro capítulo, también de la nueva temporada.

El año pasado en Estados Unidos, este capítulo de las bodas gays en Springfield, produjo un fuerte rechazo de grupos conservadores en un año en el que estas uniones fueron centro de controversia política.

Los Simpsons es la serie de dibujos animados con más temporadas al aire. Sus contenidos, siempre polémicos, han incluido temas controversiales como la inmigración en los Estados Unidos, la donación de órganos, la guerra de Irak y el robo de identidad.

Sin embargo, ningun tema había provocado tanta reacción de las ligas de televidentes -dominadas por los conservadores- como el capítulo sobre el matrimonio gay.

No es la primera vez que Los Simpsons abordan el tema de la homosexualidad.

Antes, Homero, el personaje principal intenta quitar todo rastro de homosexualidad de su hijo Bart, llevándolo a conocer una fábrica de acero en la que todos los obreros resultan gays.

En una temporada más reciente Homero se separa de su esposa y comparte departamento con dos homosexuales en el barrio gay de Springfield. Aunque vuelve con Marge, antes del final del capítulo, uno de sus compañeros de departamento lo besa. Esta escena ha sido retirada por algunos canales como Telefé en Argentina.


Detalles del Capítulo

En el episodio "There's Something About Marrying", la ciudad de Springfield legaliza el matrimonio gay, sin embargo el Reverendo Alegría anuncia que no casará a ninguna pareja homosexual.

Ante esta situación Homero hace un curso acelerado de ministro y decide hacer las bodas en su propia casa. A pesar de que Marge no está convencida de lo que sucede, su hermana Patty le pide a Homero que la case con Verónica, su novia golfista. Una boda que corre peligro por una revelación sorprendente sobre la sexualidad de Verónica.

www.sentidog.com

En Colombia, máquinas que fuman, que brindan, que firman.


BOGOTA (El Tiempo/GDA).- Fumar no es exclusivo de humanos. Ni brindar y emborracharse. Y, ¿quién habló de tocar la guitarra? Como si fuera poco, tampoco son ya actividades propiamente humanas firmar, apagar y prender la luz cuantas veces se quiera, o hinchar por el equipo favorito. Son tareas que bien pueden ser desarrolladas por máquinas, según quedó comprobado oficialmente el sábado en Bogotá, cuando se inauguró una curiosa exposición de máquinas que hacen cosas impensables. Se trata de aparatos creados por Adriana Salazar y Alexandra McCormick, que -con cita previa y hasta el 22 de octubre- pueden apreciarse en el 302 Taller de Artistas.

Cuando uno entra, la primera máquina que ve es la que fuma. Tal vez la estrella de la exhibición, se trata de un pulmón de vidrio, representado por un tubo de laboratorio capaz de succionar el humo del cigarrillo. A su lado espera la máquina que brinda. Son dos brazos metálicos en cuyos extremos hay sendas copas que se tocan con movimientos acompasados. Lo más curioso es que, transcurridos unos segundos, el tronco de la máquina (si se puede llamar así) comienza a perder el equilibrio, como si le temblaran las rodillas. Por algo McCormick y Salazar bautizaron su exhibición Máquinas que hacen cosas y cosas hechas con la mano: todas sus creaciones funcionan con energía, motores, poleas y cables. Pero la virtud está en que no son robots propios de películas de ciencia ficción, sino que son sólo unas cuantas máquinas haciendo tareas raras y hasta divertidas, tanto que logran sacarle una sonrisa al público. Por eso las acomodaron dispuestas por todo el salón, para que interactúen con los visitantes. Un apartamento dúplex estilo loft, que comparten con otros tres artistas, hace las veces de oficina, sala de arte y, por supuesto, galería. Allí aprovecharon toda el área social (con chimenea incluida) y no se salvaron siquiera las paredes ni las columnas, pues ahí está el resto de la exposición, es decir, las cosas hechas con la mano. A propósito, habrá que tener cuidado antes de recostarse en cualquier parte: uno podría encontrarse con una columna... de espinas. Sí, las mismas de las rosas. Desde hace unas cuantas semanas, las artistas se han dedicado a disecar espinas de rosa para luego pegarlas, una a una, a la columna principal del edificio, la que atraviesa todos los apartamentos. Otro protagonista es el dúo de guitarra y teclados, instrumentos que se interpretan a sí mismos. Y, colgados de las paredes, la máquina porrista (dos penachos rojos que se baten con mucho ritmo), el plumero y el aparato que prende y apaga la luz, pegado por supuesto al interruptor. Para terminar, sobre una mesa camina un lápiz atornillado a una polea. Es la máquina que firma. Para dejar constancia de que la muestra no es una locura, es verdad.

Kesmira Zarur Latorre

La Luna de Valencia


Son cinco años ya. Cinco miserables y soreticos años. O quizas sean solo cinco pequeños e invisibles años de esperanza? Nostalgias de un tango abandonado a su maldita suerte en el medio de la tierra de nadie o de muchos pero no la mia. Nostalgias de añorar algo que no pudo haber pasado y que tampoco va a llegar a pasar por aqui adentro de este cuerpo de sangre, mierda, cachos de huesos, tripas y bofe. Melancolia como siempre tan barata que me penetra sin siquiera hacerme gozar un miserable orgasmito. Abandonado por mi mismo en el medio de un camino a contramano, lastimado y sangrando por la herida donde comen estos malditos cuervos grandes como gatos grandes que atacan hasta a los perros de dientes amarillos y humedos del jugo de los niños desprepuciados que les sirvieron de alimento en esta naturaleza sabia.
Cinco años de soledad compartida mirando el mar de tierra adentro que nos moja hasta los pelos del orto que se achican junto a tus miedos y tus faltas de seguridad y tus faltas de compromiso ante esta causa perdida que no me permite ni siquiera recibir una mierdita de migajas de cariñito que no venga solo de tus uñas tan largas y llenas de brillo y esplendidamente pintadas y confeccionadas en las casas de descuentos para las putas como vos tan putas de recuerdos olvidados entre las cucarachas de tu croquetita. Y pensando solo en el llanto del silencio. Y no abriendo tu gran destino de puton inmaculado, santo de todos los santos, santificado sea tu orto, hagase mi voluntad en esta tierra que de tan santa ya se cago de infierno. Y amurallados todos juntos le pedimos a las piedras ya que dios se colgo en otra fiesta.
Mal de amores. Mal de olores. Mal de mar. Mal de miedos.
Miedo a no llegar adonde no se que quiero llegar. Miedo a avanzar a los saltos sin pisar los casilleros correctos de este juego tan divertido que no se jugar y que si me quedo me entristezco. Irse es tan dificil como estar. Juego de valientes, perdido entre la arena de mis ojos y el rojo que el cielo bebe de la boca de los muertos que esperan su lugar en el cielo rojo. Pidiendo auxilio hacia oidos olvidados que no escuchan mas que lo que hablan. Y buscando una palabra de buen aliento entre los mogolicos y retardados que no dudan en recibir a cualquier puto del orto que llora viviendo los lugares y los momentos dando su vacio de amor tan lleno de buenas palabras de ser lo que se es.
Que se es cuando se es? Soledad de ser lo que se es. Y el viento golpea fuerte contra los vidrios de las ventanas que no tengo en este templo de mujeres renegadas por su concha de asquerosa presencia femenina convencidas de ser lo que son. Pura carne de cerda, botellas de leche de pequeños guerreros jamoncitos. Infectadas de religion berreta. Manipuladas y manipuladoras de los sentimientos que se deben sentir. Y se deben pagar. Y estan en deuda y se olvidan y el angel atrasado se traga todas las uvas del semillon que las penetra y las voltea y las rebela y las desordena y las eleva hasta una altura donde llegan a ver el barco que se va junto al angel que les robo sus libros y sus carteras y sus fotos y sus relojes llenos del tiempo del pasado que tambien les suena a tango que no conocen y que no cantan.
Aprendi algo en estos años? Aprendi algo en mi vida? Me pregunto y tengo repuestas que no me llevan a ninguna parte. Donde se cambia de tren en el medio del viaje? Que elogios tiene mi presencia? Cuanta agua aun debe brotar de mi alma hasta purificar este karma de ser lo que se es?
Tiempo para dejar de tener tiempo. Apurando los tantos que ya no hay tiempo. Escuchando los gritos del angel y viendolo a contraluz abriendose de alma hacia mi, moviendo sus manos freneticamente… Gritos de angel que suenan como cantos de angel, pidiendome perdon por ser solamente un tarado mas disfrazado de angel. Angeles de anunciaciones, angeles de la muerte, baile de disfraces donde todos somos angeles. Angeles asesinos y angeles pasteros. Angelitos negros rellenos de blanca y lechosa espumita del corazon del angel. Angel mio que estas aqui a mi lado y atrasas en tiempo y provocaciones. Reflejos tardios y decisiones equivocadas. Fisurado y desafinado, improvisando mi cancion junto al coro. Ladron de tristezas y bailarin supremo por sobre todos los canguros.
Yo llegue y las flores ya estaban marchitas. Creo que yo no las marchite.


Fabian Bachrach

Borges, el hermano de Norah



Borges, Jorge Luis, era hermano de ella. Pero a ella, de por vida, la nombramos la hermana de Borges. Se llamaba Norah. Esa hache al final le ponía un suspiro a su nombre. Lo primero que hizo Norah fue nacer, el 4 de marzo del 1901. Después, se pasó la vida obediente al realismo. Pero cómo, si pintaba ángeles. Los pintaba "segura de que existían".

Hermano Jorge Luis ya entrado en la vejez dijo con arrasadora sencillez: "Qué me hubiera costado ser un poco más bueno". En lo íntimo de esa despojada confesión había un tributo a su hermana, la que alguna vez le aconsejó: "Nunca digas nada que no dé alegría a alguien".

No necesitó envejecer ni morirse, Norah, para ser olvidada. Ella, con su demasiado apellido, ya estaba condenada a ser la hermana de. Pero esa fatalidad no le agrió el carácter ni le trizó el corazón, no le produjo cólicos de alma. Al contrario, paladeó la desatención padecida por su notable obra de pintora. No era mediática, ni antimediática. Era como era. »

Para Hermano José Luis, Georgie, el mundo había sido creado por una caterva de "ángeles deficientes". Para ella el mundo era otro paraíso más, poblado de ángeles cordiales. Para ella, entre los humanos no ser bueno resultaba muy pero muy difícil. Sentía la estupidez como "una suerte de inocencia" y al mundo como algo dulce, "lástima el ruido de los autobuses".

La conocí a los 95 años de su edad, en el abril de 1997. Conversamos un año y tres meses antes de su muerte, que sucedió el lunes 20 de julio de 1998, discretísima. En realidad no se murió, Norah se apagó como se apaga con su zurcido el atardecer. Y empezó a vadear esos ángeles que habitan el Cielo que ella daba por descontado.

La conocí porque Virginia Crespo, una entrañable amiga de Norah y su familia, me llevó un par de mañanas hacia ella. No fue un reportaje aquello, ni lo quiso ser. Hasta se acurrucó el impertinente grabador. Y mi tímida cámara fotográfica sólo quiso tomarle las manos y una estrella de diez puntas. (Dicen los maestrudos que al lector, así en la literatura como en el reportaje, nunca hay que anticiparle las claves del personaje. Y dicen también que el entrevistador debe mantener distancia, no involucrarse con el entrevistado. Al caraxus con eso. Ya están dadas las claves y señales de identidad del personaje y ya estamos avisando que aquí nos encontraremos no con una persona sino con un ser. En cuanto al distanciamiento: soy de los que no cree en ángeles ni en parientes celestiales. La vez que se me cruza uno no le voy andar haciendo caso a los manuales.)

No sé por qué. O sí sé. Ahora solicito al lector que se saque los zapatos y el reloj y la urgencia; y por favor que apague el celular. Por más que estemos en el famoso siglo veintiuno.

(Está sentada, con un trajecito marrón, espigado, y un pañuelo de seda al cuello. Intenta ponerse de pie cuando la saludo con un beso. La primera pregunta brota inusitada:)

-¿Se acuesta muy tarde, Norah?

-Tan tarde como Virginia, creo. Y me levanto a las nueve.

-¿Pinta de noche?

-No, siempre por la mañana, y en mi casa. Los colores son del color que son sólo por la mañana. Atelier nunca tuve, y cuando pintaba no me gustaba que nadie me viera. ¿Ve esas fotos que están ahí? Guardan a mis nietos. Tengo nietos porque tengo dos hijos. Mis nietos son muchos y ruidosos. Por suerte ellos van tener hijos.

-A usted le gusta tener parientes.

-Cada vez que alguien nace yo digo: ¡alguien más para adorar!

-Borges, su hermano, alguna vez me dijo que aborrecía los espejos y los hijos porque multiplicaban el absurdo.

-Ah, Georgie. Georgie. él decía esas cosas sin querer.

-Cuentan que durante un viaje en avión, ante un chico que no paraba de chillar, invocó a Herodes.

­-Yo le decía que no dijera esas cosas. Georgie simulaba ser malo. ¿A usted le duele algo?

­-Si fuera Sabato le diría que me duele el país.

-Aparte de la patria de nuestra dulce bandera, a usted le está doliendo algo.

-El tobillo, un poco. Recién pisé mal en una zanja en la vereda, ésas del gas.

-¿Usted cree eso? Cuando abren zanjas en las calles es para buscar tesoros ocultos.

-Usted es tan imaginativa como su hermano. ¿Cómo fue la niñez de ustedes?

-Fue en Palermo, en la calle Serrano y fue en Adrogué y fue en un hotel que se llamaba Las Delicias. Casonas viejas, zaguanes, aljibes. Después viajamos a Ginebra y allí ingresé a la escuela de Bellas Artes. Me agregaron edad para ingresar. Georgie estaba en otra facultad, muchas veces iba en bicicleta a Francia, allí le enseñaban lo que a él le gustaba; tenía que atravesar un puente o la frontera. Iba en bicicleta ¡y él apenas veía! Ya tenía problemas Georgie, pero para no entristecer a mi madre él no se lo decía. Entonces madre lo dejaba ir en bicicleta. Aquellos años estuvimos en Lugano, en París, en Mallorca, allí conocí a mi esposo, Guillermo de Torre. Con Georgie extrañábamos una palmera de mi patria, altísima.

-Dicen que a usted le gustaba trepar a los árboles y a su hermano no.

-Sí, yo subía a los árboles, él me seguía un poco nada más y me decía "cuidado, Noringa". Yo le decía "no tengas miedo, Georgino, si falta mucho para el cielo". Ah, el cielo, allí están los que no están. Siempre rezo por ellos y no me olvido de nadie. El cielo tiene colores suaves y no tiene autobuses. ¿Me está mirando los zapatos? Me los puso Lidia para recibirlos a ustedes... Ella me cuida, me pone zapatos con taquito mediano aunque soy tan alta como mi hermano. Usted. usted.

-¿Qué me está queriendo decir?

-Usted tiene una nariz grande. A mí me gustan las narices grandes, hacia fuera, así, con una curvita, como la de Virginia.

-Y la de Barbra Streisand. Hay personas que se operan la nariz, ¿sabía?

-Son buenas personas, pero están locas. Dios da a cada uno la nariz que le corresponde.

-No hay narices equivocadas.

-No. Porque Dios no se equivoca.

(Norah ríe. Se esconde detrás de sus manos. Sin que le pregunte recuerda sus comienzos:)

-Al principio yo no dibujaba bien, no. Cuando fuimos a Europa con mis padres y con Georgie yo llevé un álbum para ir dibujando en el camino. Dibujos muy tontos. Algunos después fueron bordados en tapices por el padre Segade, el organista. Yo dibujaba y Georgie leía; él tenía una piel de tigre con cabeza y todo, se la trajo un tío del Sur. Entonces Georgie la extendía en el piso, se acostaba boca abajo sobre la piel, ponía el libro sobre la cabeza del tigre y así se pasaba días enteros, leyendo allí.

-Borges adoraba los tigres.

-El sí. A mí no me gustaban los tigres ni nada que tenga que ver con batallas, con fuerza. En la vida y en la pintura me gustan las cosas suavísimas. Que los colores se fundan uno con el otro.

-A su hermano lo atraían las historias de malevos, el culto del coraje.

-Yo a los malevos ésos los detestaba. Y mi madre también. Por Dios. Pero lo que sí nos gustaba a los dos eran los patios ajedrezados en blanco y negro. Con aljibes. Nuestra casa de Serrano tenía plantas y árboles y un cerco. Entonces Georgie le llamaba a eso "el laberinto del jardín".

-Con Guillermo de Torre se conocieron muy jóvenes.

-Muy jóvenes, hace tanto, en España. Durante años estuvimos escribiéndonos cartas. El mar nos separaba, yo empecé a odiar los océanos. Por Guillermo conocí a Picasso y a Unamuno y a García Lorca. Todas las tardes se encontraban en un café. Lorca era aaaalto.

-Tenía entendido que era más bien bajo.

-Era alto. Porque era poeta. Los poetas siempre son altos.

-Su hermano no simpatizaba mucho con Lorca, decía que era un andaluz profesional.

-Mire, Virginia pone las manos igual a las que yo pinto. Quienes mejor pintaban las manos fueron Boticelli y Picasso, que se casó con una amiga mía que se llamaba. no me acuerdo. Perdí la memoria, ¿me pasó un camión por encima.? ¿Le conté que Georgie casi no veía pero lo mismo viajaba en bicicleta? Pero su bicicleta era mágica, porque lo paraba justo donde debía bajar.

-Increíble, Borges en bicicleta.

-Y en tranvía. Se subía a ellos y se ponía a pensar poemas y epitafios, entonces a veces se pasaba y le decía al guarda que le diera otra vuelta, y el guarda se enojaba.

-¿Cómo se llevaba usted con semejante hermano?

-Nunca nos peleamos porque éramos contrarios. A él le gustaba una cosa y a mí otra. Nos complementábamos. A mí me gustaba jugar, a él le gustaba leer y mirar tigres. A Georgie le gustaba conversar y a mí me gustaba el silencio. En mis cuadros he pintado jovencitos silenciosos que viven esperando amor. Y el amor no les llega en mis cuadros. Pero ellos lo están esperando. Eso pinto.

-Usted es pintora porque es poeta.

-Poeta es Juan Ramón Jiménez. A Georgie le gustaba mucho más Whitman. Sabe, en Niza había un circo romano, entonces él se levantaba temprano, iba al circo y empezaba a gritar los poemas de Whitman. Demasiado ruidoso ese Whitman, a mí me gustan las cosas quietas. Georgie decía que yo pintaba para dar alegría a los espectadores. Uno debe dar alegría. Mire, ¿ve esa estrella de diez puntas colgando? Siempre me inspira. Dormir la siesta también. Ayer soñé que en Mendoza se derrumbaba una montaña. Pero sueño también cosas dulces, con mis colores compuestos, con un naranja que casi es rosado.

-Un color que está entre el naranja y el ocre.

-Adivinó. ¿Usted es crítico de arte?

-No, trato de escribir en castellano.

-Ah, qué bien. Sabe, a mí no me gusta el colorado vivo. No lo puedo resistir, como a los tigres y a los malevos. ¿Habrá algún lugar con malevos buenos...? ¿Le contaba de.?

-De la siesta, de sus sueños.

-Ah, sí, me gusta la siesta porque durmiendo sueño y así conozco cada vez más colores. Hace unos años que mi pulso no es tan bueno conmigo, y dejé de pintar. Pero no importa, porque cuando duermo pinto, sueño con colores tan lindos. Usted me está mirando las manos.

-¿Por qué las esconde, Norah?

-Qué horror. Demasiado largas. Virginia las tiene lindas. Georgie también tenía manos lindas.

-¿Cómo era su padre?

-Era muy alto y tenía los hombros muy anchos. Era callado, no le gustaban las fiestas, invitaba gente a casa, entonces ahí hablaba sobre el origen de las palabras.

-¿Y su mamá?

-Una belleza. No sabía cocinar, yo tampoco. Pero le gustaba hablar, recibir visitas, servirles riquísimas comidas. Tenía un lindísimo perfil y quería que yo la dibujara, pero a mí no me gustaba porque tenía el cuello corto. ¿Ve esa foto?, allí yo estoy con un tapado que mi madre me compró en París. Ella me ponía demasiado paqueta y a mí me gustaba la sencillez. A Georgie también. Mi hermano era tan distraído, a veces soñaba despierto y yo tenía que acertarle en los ojales los botones del saco. Leía y soñaba poemas todo el tiempo. A mí no me hizo falta leer, mi hermano y mi marido leyeron todos los libros del mundo. Georgie no consiguió que me gustara el Quijote, pero sí Eça de Queiroz.

-Se está tapando la cara con las manos. ¿De qué se ríe?

-De la mala sangre que se hacía Georgie cuando yo le decía que me gustaba la parte de la aparición de la santa en el libro La gloria de don Ramiro. Se ponía muy mal y decía: "Qué guarangada, ¡cómo puede estar Larreta en esta casa!", y abría las ventanas. Cuando se ponía así yo le decía Georgino.

-Hablando de gustos, ¿cuál es su pintor preferido?

-El Greco. Lo adoro. Sus cuadros son un poco pintura y un poco escultura. No son aplastados, tienen relieve. Otro que me gusta es Picasso. De por aquí Spilimbergo y. Lidia, ¿cómo se llama ese pintor que me » gusta mucho? Ah, sí Mónaco. El que me resultó poco simpático fue Miró. Muy vanidoso. ¿Usted sabe que Picasso dejó muy vacía la última parte de su Mademoiselle D'Avignon? A mí no me gustan los espacios vacíos.

Aunque para mí ahora todo es vacío. Ya no pinto, pero me las arreglo bien para comer los soufflés de choclo. En París la dueña del hotel nos hacía soufflé. No me gusta tanto el vino, pero adoro la granadina.

-¿Qué otras cosas adora?

-A mi marido, a mis hijos, a mis nietos, a mis padres que eran mágicos, a mi hermano, a todos los que están naciendo. A los pobres los adoro. Y adoro a Belgrano. Era un santo ese hombre. ¿Conoce la Oración por la Bandera ?...

-No. ¿Usted es muy religiosa?

-Rezo el padre nuestro y el avemaría y el rosario. El credo nunca lo puedo terminar. Rezo para que los ausentes no se sientan solos en el cielo. Por los que están vivos también rezo, para que estén siempre gorditos y buenitos. De las iglesias prefiero esos altarcitos que están a los costados. El Vaticano nunca me atrajo. Difícil encontrar un papa para ser retratado. Los curas y monjas más pobres son los que más quiero, pobrecitos.Sabe, me duele que ellos no puedan casarse y tener familia. Nadie debiera estar solo.

-El mundo, el de afuera, ¿qué le parece?

-Hace tanto que no salgo, pero escucho los autobuses. Si salgo me tienen que sostener y a veces puedo hasta golpearme la cabeza en el techo. Afuera hay gente muy apurada. No es mala gente, pero hay hombres algo tontos.

-¿Tontos por qué?

-Porque llevan la plata a los bancos, fíjese.

(Concluye el primer encuentro. Norah nos invita a comer panqueques con verdura. Virginia Crespo le promete volver en una semana. Norah me dice: "Usted tiene el pelo largo. Sabe, es muy lindo el pelo así. No se lo va cortar, ¿no?" Todo es singular en ella: es una anciana muy criatura que impone su rara ley de gravedad. Vive suspendida en una leve paradoja, se columpia todo el tiempo entre el ingenio y la ingenuidad, entre el candor y la picardía. Ella, Norah, es una dulzura que esconde granitos de sal. Todo llega, y el próximo martes también. Apenas la saludo me dice algo sorpresivo:)

-Gracias. Muchas gracias.

-Estoy invadiendo su casa, ¿por qué me agradece?

-Porque no se cortó el pelo y porque trajo a sus manos. Que son tan lindas. Mire esa foto: estábamos en Ginebra y tengo 15 años. Ay, mis piernas, demasiados finas. Debieron ser más redonditas. Y mis manos también. En mis cuadros siempre todo es redondo y dulce y quieto. Al nacer mi primer hijo me pusieron una máscara, anestesia. Cuando desperté le vi la cabeza y quedé extasiada, porque era redonda como a mí me gusta.

-¿Tiene algún color que prefiera?

-El azur. El azur no es azul, ni es celeste, es azur. ¿Usted conoce el poema A mi bandera, de Juan Chassaing? Me lo trajo mi hijo Miguel el otro día para que yo se lo lea a los niños y aprendan a amar a la patria. Escuche: "Página eterna de Argentina gloria. melancólica imagen de la patria.". Me gusta eso de "melancólica imagen de la patria". La bandera es buena. Usted seguro que ama la bandera, porque tiene el pelo lindo. Lo tiene tan largo como Jesucristo. ¿No me cree? Mire este devocionario: Jesucristo, con el pelo largo, abriendo una puerta de madera.

-Su hermano, Borges, no era creyente.

-Una vez le leí una oración de San Francisco de Asís y le gustó y me dijo que se iba a hacer cristiano. Ay, Georgie, Georgie. Mi hermano era muy inteligente pero.

-¿Pero?

-Era muy inteligente en los grandes temas, pero en los pequeños detalles de la vida no sabía nada. Georgie no sabía ni quién era, ni dónde había nacido, nada sabía. A él le gustaba subirse a algo que llamaba tranvía, pero que ya no era tranvía, para ponerse a recitar en voz alta. En eso era valiente. Oliverio Girondo también era valiente. Escribió el poema para ser leído en el tranvía ¿no?... A Georgie también le gustaba mucho nadar. A nadar aprendió porque lloraba mucho.

-Explíqueme un poquito.

-Cuando estábamos en Ginebra lloraba, estaba triste o neurasténico. El médico dijo que necesitaba mar y entonces fuimos a Lugano. En un botecito salíamos, nos bajábamos a veces y nadábamos como los perros. Georgie no nadaba abajo del agua, de espalda hacía la plancha y murmuraba poemas. Mi madre nos miraba desde el balcón. ¿Usted va a hacer algunas fotos con esa máquina?

-Me gustaría fotografiarle las manos. Y esa estrella que cuelga allí.

-¿Cabrán mis manos tan largas, cabrá mi estrella de mil puntas en una máquina tan chiquita? No quisiera desilusionarlo.

-Norah, por favor escríbame su nombre en esta hoja.

-Ya se lo estoy dibujando a mi nombre. una. dos. tres veces. ¿Vio? No le mentía: mi mano tiembla. Se lo tendría que haber dibujado mientras dormía.

-No hablamos todavía de Bioy Casares.

-Era tan buen mozo Adolfito. Una vez le ilustré una tapa y estaba tan agradecido... El fue criado como un príncipe. La madre no le había contado nada de lo que era el mundo. Adolfito después habrá aprendido. El y Georgie caminaban y reían como locos. Ninguno salía sin el otro... Georgie caminaba afirmándose en Adolfito, entonces le decía que ocho horas había que caminar, que ocho horas había que dormir, que ocho horas había que leer, que ocho horas había que escribir.

-¿Y cuándo comían?

-¿Comían? No sé, olvidé tantas cosas. Sí recuerdo que yo era muy traviesa. Georgie me seguía y me ocultaba su miedo y yo avanzaba y entonces ahora me arrepiento. Ya no soy traviesa, me gusta que en mis cuadros todo esté quieto y en silencio.

-Usted, como pintora, es una gran cazadora de fragmentos de sosiego.

-Qué palabras lindas me dice. ¿Sabe por qué puede decirlas? Porque tiene el pelo largo como Jesucristo.

-¿Usted lee los diarios, Norah?

-Lidia me los pone, pero es poco lo que » leo, no me gustan las guerras, los accidentes, esas cosas. Por eso yo pinté lo que pinté. Acá hay un cuadro que se llama Encuentro en el cielo, es aquél. ay, no me puedo dar vuelta. En esos cuadros todo es quieto, a los colores duros los aclaro y a las líneas duras las redondeo y a los espacios vacíos los lleno con una niña, con una manzana. Me gustan las peras, por su forma.

-A Borges una vez le pregunté por la fruta que más le gustaba y me dijo "las uvas", no me dijo "la uva" como racimo. Le contesté que esa respuesta tal vez explicaba que fuera cuentista y no novelista. También me comentó que no conocía las nueces. ¿Me habrá dicho la verdad?

-A veces Georgie se volvía Georgino.

-Como cuando decía que Gardel era un cantor abominable.

-Georgino se entretenía diciendo esas cosas. Yo he llorado mucho escuchando Sus ojos se cerraron... Pero nadie sabe esto porque nunca quise ser famosa. Muestras hice pocas para evitar la publicidad y no tener que saludar a tanta gente. Siempre preferí estar con mis amigas pobres tomando el té y comiendo pan con manteca.

-¿Cómo se hace para conseguir un mundo mejor?

-Que me perdone Georgie. con menos tigres, sin ninguna guerra, con más silencio, sin autobuses, con más fotografías en colores.

-¿Para qué sirven las fotografías en colores?

-A Luis y Miguel, mis hijos, les gusta sacar fotografías en colores, maravillosas. Cuando los niños están inapetentes les muestran esas fotografías, entonces ellos se quedan satisfechos como si hubieran comido. Le quiero contar algo, arrímese: mi hijo Miguel nació creyendo que si los animales no hablan es porque no les enseñamos. Entonces a un animalito pequeño que teníamos él se pasó los días enseñándole a hablar.

-¿Y aprendió el animalito?

-Sí, parece que sí. Si nosotros podemos hablar cómo no iban a poder los animalitos. Dígame, ¿en la casa donde usted vive hay aljibe?

-Aljibes no quedan en esta tierra. ¿Habrá aljibes en el cielo?

-Sí, allí hay. Para que Georgie sea feliz.

-Entonces da por seguro que su hermano fue al cielo.

-Era bueno. Todos somos buenos. Mi hermano no tenía tiempo de ser malo, leía todo el día. A veces decía cosas que no daban alegría, pero las decía por decir... Mi hermano está en el otro paraíso. Porque hay dos paraísos. Este es un paraíso, no nos damos cuenta por los ruidos y los autobuses. El otro paraíso está en el cielo.

-¿Recuerda su prisión durante el primer gobierno de Perón?

-Ah, ya me había olvidado. Por cantar el Himno en la calle Florida nos metieron en la cárcel. A mi madre en su domicilio, por su edad.

-Borges escribió que allí estaba rodeada de prostitutas y que le mandó a decir a su mamá, para no preocuparla, que la cárcel era lindísima.

-Estábamos en la cárcel del Buen Pastor, yo a esas mujeres de la vida les enseñaba dibujo, y rezaba con ellas.

-Pero la cárcel no era lindísima.

-Sí que era lindísima, tenía pisos ajedrezados con baldosas blancas y negras. Y esas mujeres eran tan buenas... Es tan lindo ser bueno. Todos nacimos para ser buenos.

-Para usted, ¿Perón era bueno?

-Recemos.

-Norah, no sé rezar.

-Acérquese, lea conmigo y en voz alta esta plegaria de San Francisco de Asís.

-Sí, leo con usted.

-". Donde haya odio, sienta amor; donde haya lujuria, perdón; donde haya duda, fe; donde haya desaliento, esperanza." ¿Ve que puede rezar...? "Donde haya sombras, luz; donde haya tristeza, alegría. Oh, divino Maestro, concédeme que no busque ser amado, sino amar, porque perdonando es como tú nos perdonas, y viviendo en Ti es como nacemos a la vida eterna." Sabe, yo lo cambié: puse viviendo en Ti en vez de muriendo en Ti.

-Norah, ya la dejamos tranquila. Usted tiene que almorzar.

-Sí, comeré la comida que hace Lidia y después me acostaré a dormir... Soñando haré unos dibujos lindísimos... Después, cuando despierte, mi mano de dibujar descansará. Entonces me va a gustar mirar por la ventana para saber si es de día o si es de noche.

(Difícil transmitir el singular estado en el que dejamos a Norah Borges. Es una anciana intensamente leve. Ella no está cometiendo el peor de los pecados, no ser feliz, porque ahora sí lo es, desde ese sosiego que fue bordando en su larga vida. Al llegar a la puerta nos volvemos porque, afortunadamente, Virginia Crespo ha olvidado algo. Veo unos segundos más a Norah; ahora está con los ojos cerrados, sonríe plácidamente. Me acerco y le pregunto:)

-Norah, ¿qué está mirando con los ojos cerrados?

-No se fueron. Qué lindo.

-Ya nos vamos. Antes cuénteme en secreto qué esta mirando con los ojos cerrados.

-Se lo diré si usted me promete que no se cortará el pelo.

-Se lo juro si quiere.

-Veo una bicicleta.

-¿Con su hermano arriba?

-Con Georgie, sí. y la bicicleta mágica lo está llevando, llevando. Y no se perderá Georgie, porque la bicicleta ha sido siempre buena con él.

Rodolfo Braceli

Para saber más:
wwww.hum.au.dk/romansk/borges/spanish.htm
www.me.gov.ar/efeme/jlborges

Norah, por su hermano

"Norah, en todos nuestros juegos era siempre el caudillo; yo el rezagado, el tímido, el sumiso. (.) En la escuela el contraste se repitió. A mí me intimidaban los chicos pobres (.) mi hermana, en cambio, dirigía a sus compañeras."

"Nuestras infancias, como es natural, se confunden, pero siempre fuimos distintos. Sin embargo, nunca dejamos de entendernos."

"Durante toda la adolescencia la envidié porque se encontró envuelta en un tiroteo electoral y atravesó la plaza de Adrogué, un pueblo del sur, corriendo entre las balas."

"Hacia mil novecientos veinte, año en que regresamos de Europa, me ayudó a descubrir la ajedrezada y desparramada ciudad de Buenos Aires, nuestra patria."

"Cuando Norah ensayó la litografía, escribía poemas, pero los destruyó para no usurpar lo que ella juzgaba mi territorio."

"Piensa que uno de los fines del arte es dar serenidad. (.) Una vez me aconsejó que no dijera nada que no diera alegría a alguien. Descree del arte ingenuo. Y si pinta ángeles, es porque está segura que existen."

"Norah padeció la desdicha, que bien puede ser una felicidad, de no haber sido nunca contemporánea. Cuando en la década del veinte regresamos a Buenos Aires, los críticos la condenaron por audaz; ahora, abstractos o concretos -las dos palabras son curiosamente sinónimas- la condenan por representativa."

Norah, por su hijo Miguel

"A diferencia de su mediático hermano (Jorge Luis), nunca concedió entrevistas, ni apareció en televisión, ni siquiera una vez apareció en público. Las instituciones oficiales no la reconocieron y los círculos académicos la mantuvieron ajena."


"Sabemos que los hermanos Borges fueron constitucionalmente tímidos; lo que ocurrió con mi tío fue que la ceguera, la fama y los años le dieron una impermeabilidad de impunidad y desparpajo para soltarle cualquier cosa al que tenía enfrente. Con otras palabras: Tío, como no podía leer ni escribir, pasaba el rato, entretenido con los invisibles y ocasionales interlocutores, con las preguntas muchas veces disparatadas o tontas que le hacían, y con sus propias respuestas a lo Wilde, Groussac o Bernard Shaw."


"Mi madre, en cambio, en plena posesión de sus sentidos, siempre pudo ocuparse de la pintura, de­sentendiéndose así de la presencia de otra gente. O quizá la intensa autoconciencia de su superioridad intelectual hizo que se atrincherara cómodamente en la pintura."

(Del libro Apuntes de familia, de Miguel de Torre Borges / Alberto Casares Editor)


Rodolfo Braceli

Nació en 1940, en Luján de Cuyo, Mendoza. Poeta, ensayista, narrador, dramaturgo, cineasta, periodista. Varios de sus libros fueron traducidos al inglés, el francés y el italiano. Sus reportajes latinoamericanos fueron publicados en 23 países y en 9 idiomas. Para el cine escribió y dirigió Nicolino Intocable Locche.

Ganó el premio Pléyade a la Mejor Nota del Año (1996), por su entrevista a Gabriel García Márquez. Por Y ahora la resucitada de la violenta Violeta, obtuvo el Primer Premio Municipal de Teatro (Buenos Aires, bienio 1990-1991).

Su vasta producción supera la veintena de libros y abarca todos los géneros. Entre ellos, los ensayos Don Borges, Argentinos en la cornisa y De fútbol somos.

"Disgayland: fantasías animadas de ayer y hoy"


Que en el mundo "nada es verdad ni mentira, todo es según del color del cristal con que se mira" se nos aparece como un tópico, ciertamente cursi, que, como buena parte del refranero, dice verdades como puños, a saber, verdades que se consolidan a puñetazos que impactan sobre el impávido rostro de quienes acaban por ser víctimas de dichas verdades. Los gays y las lesbianas constituyen un sector de la sociedad especialmente proclive a tener que escuchar y, en su caso, esquivar, estas verdades con apariencia de gancho de izquierda o, más bien, de derechas: aunque, en lo que a discriminación y violencia de género se refiere, no caben demasiados distingos políticos.

El filme "El celuloide oculto" (de Robert Epstein y Jeffrey Friedman, USA, 1995), no recomendado en nuestro país para menores de 13 años, lleva a cabo un sólido desmantelamiento del tópico del cristalito con el que echamos una mirada al mundo y de la fragilidad de dicho cristal cuando la realidad hace que estalle y se nos estrelle en toda la estúpida cara de quien quería verlo todo color de rosa. Dicho filme, a modo de documental, nos muestra los esfuerzos ímprobos que gays y lesbianas llevaban haciendo durante años (todos los años de la historia del cine) para ver en las producciones de Hollywood hasta el más mínimo rastro que pudiera pasar desapercibido a una mirada desatenta de una huella de homoerotismo, de un guiño hecho a un público al que no se le podía ofrecer un discurso, un imaginario más explícito por motivos evidentes. Es sorprendente descubrir toda una gran corriente homoerótica subterránea que atraviesa filmes de renombre, superproducciones conocidas por todos, pelis del oeste, donde la homosexualidad se abre camino un poco como siempre lo hizo en el seno de las sociedades represivas: estando pero no estando, con esa forma de presencia-ausencia espectral que tanto asusta al heterosexismo dominante, víctima del pánico de no acabar de conocer muy bien a un enemigo indefinible, contra el que no se sabe a ciencia cierta cómo luchar de modo eficaz. Al final se acaba casi siempre a cañonazos. La cosa es no ponerse delante. Asunto difícil que históricamente ha causado demasiados estragos.

En nuestro país, el libro de Ricardo Llamas "Miss Media. Una lectura perversa de la comunicación de masas" (Barcelona, Ediciones de la Tempestad, 1997) nos abrió los ojos por primera vez a la sutileza homoerótica presente en los medios de comunicación. Su "lectura perversa", como la de "El celuloide oculto", no consiste en la inocencia de cambiar el color de los cristalitos para ver las cosas de otra manera. Puestos a desmentir la simple acusación de que los gays lo único que hacemos es forzar las cosas y buscarle tres pies al gato, queriendo vernos reflejados donde estamos por completo ausentes, deseando, humano deseo, identificarnos con los modelos mediáticos que se nos proponen en vez de que éstos nos resulten por completo alérgenos, casi podríamos calificar a estas lecturas de lecturas "ultrarrealistas" o, sencillamente, de "realistas". Cuando un gay echa un vistazo a lo que sucede en su derredor no necesariamente "delira" ni se encierra en un mundo paranoico construido a su imagen y semejanza, que habla de él todo el tiempo (aunque el mismo Freud reconocía que en todo delirio existe siempre un granito de verdad, ein Körnchen Wahrheit). Más bien esta mirada autorreferencial omnipresente parece caer del lado de la heterosexualidad, que fracasa estrepitosamente en su intento de construir un espacio aséptico de autorreferencialidad en el cual quede excluido lo gay. Con cristales o sin ellos, con visión de rayos X o infrarrojos, utilícese la metáfora que se prefiera, el espectador del filme aludido o el lector de "Miss media" acaba dándose cuenta de que existe un "cacho" de realidad que hasta entonces se le escapaba y que no hace falta ser gay para percibirlo. Tal vez tan sólo algo de entrenamiento e interés. No vamos a descubrir ahora que todo conocimiento es interesado y más aún el "nuestro", portador de un señalado interés emancipatorio. Desde luego, nada ilustrado. No se trata de ilustrar, de iluminar todavía más. Demasiados focos acaban cegando y disimulando las arrugas de los protagonistas, quemando las zonas de sombras, aplanando los relieves. A veces lo evidente no es lo que el foco vuelve blanco del todo, indiscernible; la evidencia pasa quizás por intensidades graduales de luminosidad, justamente las que permiten ver un cierto colorido antes de que toda la gama se funda en el blanco.

"El celuloide oculto", decía, no es apto para un público menor de trece años. Puede deberse a su temática gay. Antes de los trece años hay cosas que mejor no deben saberse. Sin embargo, el experimento que os quiero proponer hoy se adapta perfectamente al público infantil, es más, está hecho expresamente para ellos, para las niñas y los niños: los dibujos animados. En los dibujos animados se halla presente, nada nuevo por otra parte, todo el ideario y los principios de la sociedad que, dibujándolos, se dibuja a sí misma y se transmite amablemente entre risas, persecuciones, batacazos y candor a los más pequeños inculcándoles sus propios esquemas. Entre los que se encuentra, evidentemente, la representación dominante de la masculinidad, la cuestión del género, de la identidad sexual, del papel social de gays y lesbianas, etc. Trataremos pues de analizar tres ejemplos (Space Jam, El toro Ferdinando y Bichos) escogidos un poco al azar, valdrían cualesquier otros, sobre la construcción y el reflejo del sujeto homosexual en los dibujos animados y el modo en el que los gays resultan especialmente adecuados para verse convertidos en personajes de dibujos animados, dotados de una especial ternura, simpatía y vis cómica. En qué medida los personajes gays de dibujos animados puedan convertirse en modelos de identificación o de rechazo según sean presentados será asimismo objeto de controversia. De lo que no cabe duda es de que los niños, que tanto parecen preocupar al discurso explícito acerca del bienestar social en la actualidad, también tienen su pequeño derecho a ser niños gays y niñas lesbianas y poder tomarse la papilla a gusto, dicho en términos técnicos, sexualmente apuntalada, con personajes de dibujos animados que se correspondan con una opción sexual y una actitud ante la vida lo más parecido posible a la suya en vez de dibujos que les produzcan vómitos, eructos y desgana. Los padres y las madres saben de sobra que su niño les come mucho mejor desde que le ponen "Bichos" en vez de "Bambi" y que su hijita devora desde que le compraron "Mulan" y se olvidaron de "La Cenicienta". Nada es casual.

Besar a la blanca-Nieves o besar al negro-Jordan: el despertar a la sexualidad

Sólo unos padres muy retrógrados obligarían a estas alturas a que sus hijos vieran Blancanieves. Puede que esto suceda, incluso a menudo, pero los Digimon, las Bolas de Dragón, los Pokemon y compañía arrasan con el romanticismo barato de los cincuenta. Los Estados Unidos parecen estar perdiendo la batalla en lo que a educación infantil, a través de la pequeña o gran pantalla, se refiere. La esquicia de las "mangas japonesas" deja fuera de juego a cuantos aún sitúan este término junto a otros que marcaron épocas pretéritas de la alta costura como "cuello Mao", "cintura imperio", "escote palabra de honor", etc. Sirva esta puntualización tan sólo para reconocer que, de entrada, reducir nuestra investigación a los dibujos animados procedentes de las factorías Disney o Warner implica un sesgo nada despreciable y un resabio de candor eurocéntrico inexcusable. Quienes seguimos siendo fieles a Disney y a sus novelas familiares neuróticas ya hemos perdido el salto generacional que nos impide orientarnos en las inextricables genealogías esquizoides de las mangas niponas. Por muy deleuzianos que nos reclamemos, seguimos siendo freudianos hasta la médula en esto de los dibujos animados.

Pero en los Estados Unidos también se ha producido una transformación en el ámbito de las películas de animación. Una muestra de ello fue la combinación en la pantalla del pretendido mundo de irrealidad de los dibujos con la introducción de personajes de carne y hueso. Hay múltiples ejemplos de ello: Pedro y el dragón Elliot, ¿Quién engaño a Roger Rabbit?, Space Jam, filme este último del que analizaremos una secuencia, tal vez su mejor secuencia, la más popular, que se utilizó con profusión a la hora de publicitar la película. Se trata de la secuencia del beso de Bugs Bunny y Michael Jordan. Habría mucho que comentar acerca de los efectos de sentido y la significación que supone fundir el mundo de la realidad y el mundo de la ficción, la situación de seres humanos y dibujos animados en un mismo plano, la confusión de límites, la indistinción de barreras, el desdibujamiento del sujeto y la humanización del dibujo. El hermeneuta hará, si quiere, su particular agosto con una fuente inagotable de recursos heurísticos y correspondencias muy fáciles de establecer. Basta con trasponer metafóricamente estos dos mundos en conflicto a otros dos mundos cualesquiera y establecer paralelismos. La tentación está en no hacerlo.

Volviendo a la secuencia del beso y situándola en su contexto más inmediato, ésta se produce una vez Michael Jordan ha sido abducido del mundo real de los humanos al mundo en dos dimensiones de la Warner. El ajetreado viaje y la precipitada caída a un césped dibujado le provoca una pequeña conmoción que, ya que hemos ingresado en otro ámbito distinto al de la vida real, es convenientemente indicada con unos pollitos que revolotean en torno a la cabeza de Michael. Cuando éste abre los ojos, al primero que ve es a Bugs Bunny zampándose su habitual zanahoria. La aturdida reacción de Jordan comienza por espetarle a Bugs esta pregunta: "Eres un dibujo, no eres real" [A mí esto me recuerda la reacción entre estupefacta, ingenua y asombrada de algunos gays armarizados, heterosexuales en apuros ante su ¿primera? relación homosexual, habitualmente muy alcoholizados para afrontar semejante circunstancia vital; de pronto, tras haber "consumado", miran a su pareja de turno como si ésta fuera un dibujo animado, boquiabiertos, como si se hubieran acostado con Bugs Bunny: eres un dibujo, no eres real, como tampoco lo es el polvo que acabo de echarme con un tío, como tampoco es real que me ha gustado, etc.]. A lo que Bugs replica desafiante: "Con que no soy real, ¿eh? Si no fuera real, ¿podría hacer esto?". Y acto seguido le estampa un rotundo beso de ventosa en los labios. Acostumbrado a ver cine de animación, el eco de esta secuencia se hace evidente: es la versión posmoderna, a la Warner, del beso Disney de los cincuenta. Lo que estos besos tienen de común es su función de corte, de transición, de despertar. Del maleficio, el encantamiento, el sueño, la magia, la irrealidad al mundo convencional de la vigilia y de la realidad más prosaica. De la virginidad atolondrada al ingreso en la sexualidad.

Con lo que llegamos, por fin, al objeto de nuestro discurso: la sexualidad de los dibujos animados y su cambio a lo largo del tiempo. No es éste lugar para hacer un recorrido histórico exhaustivo de dicha evolución o involución, a lo más sólo tendremos espacio para establecer nítidos contrastes saltando abruptamente en el tiempo los demasiados años que separan Blancanieves de Space Jam, las múltiples fronteras que separan a Michael Jordan del Príncipe (su diverso grado de realidad ontológica, no sólo por su condición o no de dibujo animado, sino por ser Michael un personaje célebre, más célebre que el Príncipe de Blancanieves, compartiendo en su inmortal popularidad planetaria casi el mismo estatuto que Bugs Bunny, metamorfosis que parecen sufrir todas las grandes estrellas; por no hablar de su pertenencia a razas diferentes, etc.) y el salto, también, que supone establecer paralelismo alguno entre un clásico de Disney y una película de segunda fila de la Warner. El beso de Blancanieves es muy sencillo de analizar: chico con iniciativa besa a chica desmayada; beso heterosexual; rol masculino tradicional como tradicional es el de ella en lo que a sexo se refiere. Beso lícito, inmaculado, puro y lleno de amor verdadero: amor verdadero que es el que surge entre hombre y mujer, con una misma posición social, guapísimos ambos, con roles jerárquicos y de sumisión perfecta e inamoviblemente distribuidos, ambos también de raza blanca y dibujos animados los dos.

El desafío de la Warner es realmente una ofensiva en todos los frentes. La función del beso es, sin embargo, en términos explícitos, la misma: Bugs no encuentra otro modo de convencer a Jordan de que su mundo es real y de que él, Bugs, es real (de que las maricas existen), no halla otra manera de despertarlo de su sueño de hombre unidimensional (y heterosexual) que dándole un beso en los labios. Sólo que esta vez los sujetos que intervienen en el beso han cambiado bastante. No perdamos de vista ni un solo momento que esto lo están viendo niños. Niños que ven cómo Bugs Bunny besa en los labios a Michael Jordan para despertarlo de su sueño. Niños que ven cómo la reacción de Jordan es de asco inequívoco por la expresión de su gesto y por la acción consecuente de limpiarse la boca con desagrado tras el beso. Evidentemente, ahí, en el beso al negro-Jordan hay una enseñanza lo mismo que la había en el beso a la blanca-Nieves. Los guionistas (Leo Benvenuti, Steve Ruonick, Timothy Harris y Herschel Weingrod) están intentando transmitir algo, quieren hacer un gag, mover a la risa provocando una situación cómica contando con la empatía del espectador quien, supuestamente, casi obligadamente, ocupará el lugar de Jordan y querrán hacerle sentir lo que sintió Jordan al ser besado en la boca por Bugs. Sólo que siendo los niños tan pequeños, más que empatía y complicidad con el guionista, que es lo que nos pasa a los adultos (?), tal vez lo que hagan sea simplemente aprender la lección sobre sexualidad que se les trasmite cinematográficamente, a saber: si te besa Bugs Bunny en los labios tu reacción ha de ser de asco y deberás limpiarte la boca. Y el niño lo graba en su mente, lo archiva para saber cómo reaccionar ante una situación parecida. En este preciso instante la cosa empieza a chirriar en mi mente y quizás en muchas otras mentes infantiles: ¿Por qué tendría que sentir asco si me besa Bugs? ¡A mí me encantaría! No comprendo la reacción de Jordan. ¿Por qué pone esa cara y se limpia? ¿Tienen saliva los dibujos animados? ¿Son húmedos los besos de Bugs Bunny? ¿Raspa la lengua de los conejos? Yo he besado muchas veces a conejitos de verdad: es estupendo, hacen cosquillas, son suaves y buenos. También he besado a Mickey en Disneyland París... ¿debería haber reaccionado de otro modo?, ¿escupiendo, diciendo ¡puaj! y limpiándome?

Colapso del pequeño espectador. Colapso mío. Por muchas más razones que seguro también comparten los más pequeños. Para empezar, ¿por qué, como espectador, habría de identificarme con Michael Jordan? ¿Porque él es humano y Bugs no? Puestos a elegir, siempre me he sentido más identificado con Bugs que con Jordan. Al menos es un caso hipotético. Mi caso, si se quiere. Sólo que entonces, si yo soy Bugs, de lo que tengo que hacerme a la idea es de lo que se siente al besar en los labios a Michael Jordan. Estas cosas suceden: yo era de los que se identificaban con el coyote y odiaba al correcaminos; siempre detesté a Piolín, todavía hoy le tengo ganas; yo era Bubu, no Yogui; en otras cosas soy más tradicional, por ejemplo, encuentro imposible identificarme con los malos de Disney: con Cruela, con Maléfica, con la bruja de la manzana, con la serpiente Ka o con Shere Kan. No se trata de llegar a la identificación tampoco, se trata de ocupar el lugar de un personaje: más recientemente, aunque hace ya algunos años, ocupé el lugar de Pocahontas, debatiéndose entre Cocoon, su novio de la tribu de toda la vida y Jonathan Smith. He de decir que no comparto en absoluto su elección. Los dibujos animados están llenos de hombres guapos y deseables, perfectos objetos de deseo. Esto llega a ser tan evidente que hay quien no lleva a sus hijos a ver Hércules porque no quieren que vea a un héroe que hacía mariconadas. Habrá de disculpárseme el tono autobiográfico y confesional pero es el camino más corto para evitar objeciones como que no hay deseo sexual en los dibujos animados o que los personajes de ficción no despiertan la libido tanto como si fueran de carne y hueso.

Pero volvamos al punto crucial en el que se produce una identificación "extraviada" del espectador que acaba besando a Jordan. Esta trayectoria libidinal debería estar bloqueada pero, de hecho, no lo está. Es posible hacer este camino. Sólo que ello implica una inmediata sanción: el asco de Jordan. Ésta es la moraleja, la sutil introducción de que algo no está bien: un beso puede producir en el otro una reacción de asco. Hay besos que dan asco. Hay besos asquerosos. ¿Cuáles? Abruptamente, a un nivel mínimo de interpretación, Space Jam nos dice que el beso en la boca de Bugs Bunny a Michael Jordan resulta asqueroso, al menos para este último. Al comienzo de la película, Michael fue besado, lamido enteramente por su perro al llegar a casa, mostrando idéntica reacción. Puede ser una pista, una posible interpretación: a Michael no le gusta que le besen los animales. Pero el abanico de posibilidades que pueden explicar su asco es inmenso. Y todas estas posibilidades, a la vez, se entrecruzan como motivos lícitos que pueden despertar el asco, predominando una u otra, o varias. Como adultos que somos y acostumbrados al mundo heterosexual, aparte de lo desagradable o no que resulte besarse con animales, mucha gente lo hace, no está del todo mal visto (mientras no se crucen las barreras de la zoofilia), la explicación quizás más evidente del asco de Jordan al ser besado por Bugs es que Bugs es un tío y Jordan no soporta que un hombre le bese en los labios. Esta es toda la risa que provoca el gag: reírse de los maricones. Hay que ver, no obstante, la situación en su conjunto. Los niños van al cine acompañados de sus padres. Y ríen unos y ríen otros. Pero, ¿de qué se rien los niños y de qué se ríen los padres? Hasta una cierta edad los niños no saben cuándo hay que reírse ni cuándo algo es gracioso: aprenden cuándo y por qué y cuánto hay que reírse. Si los padres se ríen, se ríen los hijos. La risa es una conducta aprendida. La risa paterna arrastra e instruye la risa de la prole. Sólo años más tarde sabrán los niños de qué se estaban riendo cuando Bugs besó a Jordan. Sólo años más tarde comprenderán por qué ellos no tenían ganas de reírse; porque besar a un conejo no da risa, es agradable sin más, pero se rieron porque sus padres se reían. O descubrirán que se reían porque con Bugs siempre te da la risa; se reían de la pura felicidad que supone besar a Bugs... pero que sus padres se reían por otros motivos. ¿Y si el beso a Jordan se lo hubiera dado una coneja, la novia de Bugs que sale más adelante? ¿Seguiría siendo todo tan gracioso? ¿A qué se debería la risa? Tal vez yo vea así las cosas por ser hombre y por ser gay. Otros las verán de otro modo. Pero resulta indudable que en la escena del beso de Space Jam hay una censura explícita al beso homosexual entre varones. Los niños aprenderán esto entre otras cosas, por no entrar en el monto añadido de culpa que habrán de sufrir si a alguno encima se le ha ocurrido identificarse con Bugs Bunny para poder besar imaginariamente a Michael. Empezamos a rozar la pequeña gran tragedia del niño gay.

Mas no quiero ser maniqueo ni monotemático. El asco puede deberse, como ya he señalado, a muchos otros factores. Hagamos una sucinta enumeración de dichos factores, de los que ya conocemos dos. 1) el asco a ser besado por un animal y 2) el asco a ser besado por un hombre; 3) a Jordan le da asco ser besado por un personaje de ficción, no le gusta que le besen los dibujos animados; 4) a Jordan no le gusta que le besen los conejos (ni los perros), otros animales puede que sí; 5) a Jordan no le gusta ser besado por desconocidos o gente a la que no conoce lo bastante, prefiere saludar estrechando la mano a esta otra forma de saludo; 6) a Jordan no le gusta que le besen individuos de la raza blanca, si admitimos que Bugs es de raza blanca más bien que negro, variable racial nada despreciable; 7) a Jordan simplemente no le gusta Bugs, porque no está cachas, porque es feo, porque no es su tipo; 8) a Jordan no le importa en absoluto que le bese Bugs pero detesta que le huela el aliento a zanahoria; 9) a Jordan le fastidia el beso de Bugs porque sólo practica el sexo entre deportistas. No queramos ser exhaustivos. Socialmente, dependiendo también del contexto, cada uno de estos factores será preponderante o calará más hondo en el espectador, llegará a ser más o menos relevante despertando su correspondiente conciencia de culpa.

Parecería que hemos agotado el bombardeo y la tormenta cerebral que puede provocar esta simple escena en las conexiones sinápticas del espectador, más aún si es de corta edad. Nada más lejos de la realidad. Nos falta analizar el por qué del beso, por qué Bugs decide besar a Jordan sin solicitar su consentimiento como hiciera el Príncipe de Blancanieves hace muchos, muchos años. ¿Se trata de acoso (homo)sexual? ¿Cuál es la motivación, el deseo que lleva a Bugs a besar al jugador? ¿Se moría de ganas de besar a Jordan e inventó la triquiñuela de que la mejor forma de demostrarle que era real era besándolo, robándole un beso? Puede que estemos asistiendo a una escena romántica de beso robado, a un enamoramiento silencioso y delicioso de un tímido conejo, que sólo ve la luz fugazmente en esta súbita manifestación de cariño. Pero la primera lectura, aquella que resulta más evidente es que el beso de Bugs es fruto de la provocación, Bugs utiliza el beso como humillación: buena lección para los infantes. Un beso puede ser extremadamente violento, puede reducir el otro a la nada, sobre todo si un hombre besa a otro hombre para someterlo. Estamos hartos de ver esta escena entre machos: te beso porque soy un tío y soy tan tío que puedo besarte, soy activo, y encima eres tú el que se siente culpable y queda de maricón, de pasivo impotente. Otra cosa sería meterse a analizar en profundidad este desbordamiento de testosterona, o lo que tengan los conejos. Vayamos más deprisa. Bugs también puede haber besado a Jordan porque le van los humanos; para hacerse el gracioso porque es un personaje simpático; para ver sencillamente qué se siente; porque le encanta la raza negra o porque es una víctima más del mito fálico que la acompaña, etc. La combinatoria que permite hacer esta escena en cuestiones de género, diferencia, opción sexual son prácticamente ilimitadas, tarea que queda para otra ocasión.

De flores y abejas: el doloroso picotazo de la virilidad

El toro Ferdinando es un cortometraje de Disney, que obtuvo un Oscar en 1938 dentro de la categoría de "Mejor corto animado". Podemos darle cuantas vueltas queramos e intentar marear la perdiz hasta la saciedad como en el caso anterior del beso de Bugs y Jordan, pero nadie se llevará a engaño con tan solo ver una vez este corto: el toro Ferdinando es inmediatamente y sin transición alguna el prototipo tradicional de varón afeminado y pusilánime. La censura a nivel consciente es mínima por no decir inexistente. El contenido manifiesto aparece tal cual, brutalmente, sin disimulo. Ni siquiera los dibujos animados, ni que se trate de un toro parecen servir de excusa. Porque definitivamente se tratará de un toro, sí, pero amariconado. Casi parece superfluo realizar una lectura o una interpretación de El toro Ferdinando porque ya todo se halla explícito, resulta obscenamente palpable. Tan palpable como la heterosexualidad de La dama y el vagabundo, por ejemplo, todos son ejemplos válidos de heterosexualidad en la filmografía de animación hasta una época reciente, salvo contadas excepciones. Curiosamente, la excepción es un cortometraje, un episodio marginal, mucho menos conocido que el resto de personajes de Disney.

La historia de la vida de Ferdinando es singular. Comienza la narración cuando aún es muy pequeño, apenas un becerrito que vemos entre los demás pero que, pronto, se va a hacer notar. A diferencia de sus compañeros, Ferdinando lleva siempre las orejas gachas, con actitud risueña, pacífica, no salta ni corretea, ni mucho menos se dedica a guerrear con los demás becerros dándose todo el día de topetazos. A Ferdinando lo que le gusta es "aspirar el perfume de las flores a la sombra de un alcornoque" entre profundos suspiros y miradas perdidas en el cielo, yendo de allá para acá contoneándose en sus andares despaciosos. El narrador del cuento, en un momento dado, nos informa de que: "su mamá se entristecía a veces al verle tan ensimismado y tan solito"... y tan maricón. El típico niño rarito que no juega al fútbol, ni se ensucia la ropa, ni quiere saber nada de los otros niños. Si ya encima le da por coger florecillas silvestres, hacer ramos y coronas y pasarse el día aspirando su aroma, lo más probable, y esta es la hipótesis más suave, es que su madre le diga, como hace su madre vaca: "Hijo mío, Ferdinando, ¿por qué no juegas como los demás becerritos y les das topetazos?". El cortometraje nos ahorra las humillaciones de los compañeros, el mal rollo de Ferdinando, la imposibilidad de mantener una actitud como la suya sin el más mínimo desgaste psicológico, la presión del medio, el sinvivir de la escuela, el horror del padre, la visita al psiquiatra y, de adolescente, aunque estas cosas se van dejando de hacer, a la casa de putas con papá a ver si se espabila. Pocos gays se han librado de este recorrido siniestro quemando cada una o varias de estas etapas.

La infancia de Ferdinando parece, empero, libre de estas preocupaciones. Ante la inquietud de su madre, responde: "Me gusta más sentarme aquí en paz y aspirar el perfume de las flores silvestres". Evidentemente, Ferdinando es el prototipo de niño gay desde el punto de vista heterosexual. La infancia de algunos gays guarda un gran parecido con la de nuestro toro, la de otros ni siquiera coincide mínimamente. Cuestión de estereotipos. Habrá gays que no se sientan en absoluto identificados con Ferdinando y heterosexuales que sí, pero esa no es la cuestión. Nadie piensa, viendo este corto, que Ferdinando es el arquetipo de un heterosexual de letras. Sorprende en la narración de la historia el juicio de valor que emite la voz en off acerca de la actitud de la madre de Ferdinando ante la respuesta de su hijo: "Y como era una madre indulgente dejábale seguir sentadito absorto en su dicha". ¿Qué ha querido decir realmente al calificar a la madre de Ferdinando de "indulgente"? ¿Acaso está insinuando que Ferdinando es como es porque su madre lo deja y le permite esas actitudes florales? ¿Tal vez deja entrever la posibilidad de que, de no ser su madre tan indulgente, Ferdinando sería como los demás becerros? ¿Es culpa de la madre y de su educación indulgente el comportamiento de su hijo? ¿Podemos pensar que el narrador está haciendo alusión a que con un poco más de mano dura al niño se le iban a quitar todas sus tonterías? Evidentemente sí. A Ferdinando lo que le hace falta es un bofetón y ser educado como un niño. Y si no quiere, se le obliga por la fuerza. Algo nos debe sonar de todo esto. Madre indulgente, por no decir sobreprotectora y consentidora, niño mariquita. A todo esto, ¿dónde está el padre de Ferdinando? Sencillamente no está. Probablemente lo mataron en una corrida. Perfecto. Madre indulgente sobreprotectora-padre ausente: niño homosexual. Las causas están claras. Lo que el corto no dice es por qué el número de becerros homosexuales, dado que sus padres están ausentes necesariamente por haber sucumbido al estoque de un torero, no es sorprendentemente mayor. Será que la homosexualidad tiene una causalidad multifactorial.

Nuestro protagonista crece. Curiosamente es negro zaino, mientras que los demás toros son marrones. Su estampa es la más fiera; Ferdinando es el más grande y el más fuerte (su pusilanimidad no proviene del lado físico, no es un toro escuálido ni enclenque) sólo que persistía con la manía esa de pasarse el día suspirando y oliendo flores mientras sus compañeros rivalizaban para ver quién iba a una corrida. El día de la selección, mientras los ganaderos ojeaban los toros, que se esforzaban en alardes de valentía y fortaleza, Ferdinando seguía despreocupado a lo suyo, "seguro de que no lo elegirían a él". En estas, se dirige a su alcornoque para estar a la sombrita, con la mala fortuna de que "se sentó sobre un abejorro". La picadura del insecto entonces le hace reaccionar como un "hombre", le supone una especie de inyección de virilidad exultante aunque de efectos momentáneos y limitados en el tiempo. Del dolor sale disparado y en su loca carrera, bufando como alma que lleva el diablo, con un aspecto aterrador, destroza un muro, derriba a los demás toros como si fueran bolos y hasta arranca de raíz su alcornoque favorito. Parece que en lo que se refiere a la virilidad todo es ponerse. Ferdinando puede pero no quiere. Algo muy distinto a querer y no poder o a no querer ni poder. Para ser del año treintayocho el corto hasta resulta moderno. Como resultado de su exhibición de fuerza por encima de la media, lo seleccionan para la corrida.

En la plaza, Ferdinando vuelve a hacer de las suyas. El picotazo de heterosexualidad o de virilidad, tanto da cuando se juzga la orientación sexual por actitudes externas fácilmente identificables, le duró lo que el escozor. Asustado en los toriles, lo único que le hace salir a los medios galopando es el ramo de flores que le acaban de tirar al torero. Ve una flor y se pierde. En medio de aquel mundo hostil e incomprensible, el ramo le pareció un oasis. Al verlo salir, cundió el pánico y la expectación hasta que Ferdinando: "Sentóse tranquilamente y empezó a aspirar el perfume de las flores". Ensimismado, no hace ni caso de las provocaciones ni la desesperación del matador que le suplica le embista y le dé una cornada (sin comentarios), hasta el extremo de rasgarse la chaquetilla y ofrecerle su pecho a Ferdinando. Éste, para su sorpresa, descubre en el pecho del torero una flor tatuada con la leyenda "Daisy", deja momentáneamente el ramo y le da un cariñoso lametón al antológico tatuaje que acaba por poner a su hipotético enemigo de los nervios. Dos no pelean si uno no quiere. La lástima es que esto sea mentira y la actitud de Ferdinando no sea sin más traducible en términos de heterosexismo y homofobia. Menos aún la conclusión del cuento, donde nuestro toro mariquita: "continúa hasta la fecha a la sombra de su alcornoque favorito aspirando la fragancia de las flores silvestres en dulce paz y es muy feliz".

La mariquita: un bicho raro con crisis de identidad

Una de las puestas en escena más significativas del sujeto homosexual llevadas a cabo por Disney tiene lugar en Bichos, su tercer filme de animación por ordenador después de las dos entregas de Toy Story, películas estas tres que, sorprendentemente, superan con creces, en lo que a guion se refiere y a la construcción de los personajes, a los clásicos de animación convencional de la factoría. Podríamos llevar a cabo una lectura de conjunto de Bichos en la que veríamos cómo el contexto general de la película sirve de encuadre perfecto para situar la problemática de la visibilidad homosexual, de la doble vida del individuo gay, del solapamiento en su existencia de la verdad y la mentira y de la generalización que tiene lugar a lo largo y ancho de todo el largometraje de una noción de verdad ficticia o ficción verdadera, más allá de la cual no se puede ir, a saber, del borramiento de un punto de referencia privilegiado desde el cual poder decidir entre lo verdadero y lo falso, lo auténtico y la mera apariencia.
El núcleo argumental del filme es la vida de un hormiguero que vive bajo el chantaje periódico de los saltamontes, a los que han de ofrecerles comida a cambio de que éstos no les destruyan el hormiguero. Flic es la hormiga protagonista que decide partir del hormiguero para buscar ayuda fuera. En la gran ciudad confundirá a una compañía de circo con un montón de valientes y terroríficos insectos, contratándolos para defender su hogar amenazado.

El personaje sobre el que nos vamos a centrar se llama "Francis", un insecto perteneciente a esta compañía de artistas de circo, gente de teatro especializada en el fingimiento, en hacer parecer verdadero lo que supuestamente no lo es, el mundo de la representación frente al de la realidad. Los compañeros de Francis son una araña, un escarabajo rinoceronte de aspecto terrorífico pero absolutamente tímido y asustadizo, y un insecto palo que se queja todo el tiempo de que nunca puede hacer de sí mismo, sino de escoba, de astilla. Llega a decir literalmente que él no es más que atrezzo. En una escena de la película, Francis lo lleva agarrado volando y, al atravesar las ramas de un árbol, se le cae y sigue volando con una ramita de verdad sin darse cuenta del cambiazo. La confusión reina hasta tal punto que el insecto palo lo único que se le ocurre decir para ser visto es : "Soy el único palo que tiene ojos". Dicha compañía teatral va a ser tenida todo el tiempo por el hormiguero por un aguerrido ejército de mercenarios que van a luchar contra los saltamontes. Flic sabe la verdad pero la oculta. También él miente, todos mienten. Todo el hormiguero llega a verse envuelto en una gran mentira: construir un pájaro falso con hojas para asustar a los saltamontes. Cuando al final empiecen a pedirse explicaciones, todos habrán mentido. La escena más terrible, cruel y sanguinaria de la película es cuando un pájaro, esta vez de verdad, acaba comiéndose al jefe malo de los saltamontes. Resulta verdaderamente impactante por lo inusitado de tal demostración de violencia en una película para niños. Sin embargo, por primera vez en la historia del cine de animación, Bichos vuelve a sorprendernos cuando, tras los créditos, aparecen una serie de tomas falsas en las que los protagonistas aparecen como actores de verdad, como personajes reales que han estado actuando en la película. En una de estas secuencias vemos la toma falsa de la escena en la que el pájaro se come al saltamontes, descubriendo que el pájaro utilizado en la película era una maqueta, un engendro mecánico y que la muerte, efectivamente, no se ha producido. La línea del horizonte de lo verdadero como punto último de referencia se va desplazando continuamente, quedándonos con la idea de que dicho desplazamiento puede ser ilimitado, con lo que, finalmente, careceríamos de criterio para discernir entre lo verdadero y lo falso, para desenmascarar la apariencia y el fingimiento. Se podrá decir que el criterio de verdad de Bichos, la verdad última y lo que decide al fin y al cabo son precisamente las tomas falsas: extraño criterio de verdad posmoderno donde a lo último que se puede aspirar en la escala del saber, como máximo referente de autenticidad es, justamente, a la toma "falsa", desechada, inválida, inservible.

Mas volvamos a nuestro personaje, Francis. Francis es un insecto, una mariquita. Nada de particular en que un personaje de una película de bichos sea una mariquita. La asociación del significante "mariquita" con un uso peyorativo para insultar a los homosexuales varones no necesariamente ha de estar implicada y no ocurre del mismo modo en todos los idiomas. La homonimia existe, pero jugar con ella no es de obligado cumplimiento. Tampoco es el caso de que estemos forzando nuestra interpretación y, guiados por nuestro particular interés, nos fijemos en el personaje de la mariquita para extraer de él un material que confirme o apoye tesis previa alguna. Todo es mucho más fácil y evidente. Francis es una mariquita y en Bichos se utiliza la homonimia de este vocablo para crearle a Francis una crisis de identidad: Francis es insultado, vejado, humillado por propios y extraños que lo llaman mariquita en sentido peyorativo, refiriéndose directamente a su opción sexual. El propio personaje está construido, como veremos a lo largo de seis secuencias significativas, desde la ambigüedad que supone portar este nombre, ser (una) mariquita.

La primera aparición de Francis ocurre cuando sale a escena, en el circo, para actuar. La actuación consiste en aparecer disfrazado de flor y recitar poesías. Francis lleva una corona de flores y sus movimientos son decididamente afeminados. Su rostro es absolutamente femenino, con dos parches de colorete y enormes pestañas. Su gesticulación, su vuelo, sus ademanes nos hacen pensar en todo momento que la mariquita es de sexo femenino. En medio de la actuación, dos moscardones que están entre el público, llevados por esta misma presunción, increpan a Francis groseramente: "¡Eh, nena! ¿Quieres salir con un insecto de verdad?". La oposición entre "la mariquita" y "un insecto de verdad" es inequívoca; una mariquita no es un insecto de verdad. Donde dice "insecto", evidentemente, hay que poner "hombre": la mariquita no es un hombre de verdad, un machote. Paralelamente, las moscas, están haciendo alarde de su hombría ante lo que presumen es una mujer, ofreciéndose sexualmente a ella como hombres de verdad. A Francis esto parece no gustarle y se va volando delicadamente -todo está preparado para engañar al espectador- hacia las moscas. De repente, su actitud cambia, se arranca la corona de flores, la tira con violencia y les espeta a las moscas: "¡Qué! ¿Que por ser una mariquita tengo que ser chica?"; éstas reaccionan con asombro, lo mismo que nosotros: "¡Ahí va, es un tío!". Las apariencias, también en este caso, nos habían engañado. Se puede ser una mariquita y ser del sexo masculino. Parece ser que ésta no era la primera vez que le sucedía esto a Francis y no será la última. Al contrario, todo el mundo dará por supuesto que la mariquita es de sexo femenino. El enfado de Francis es monumental y saca a relucir su lado más machirulo y viril, un vozarrón en tonos bajos y rotos, un comportamiento desafiante y agresivo, completamente macarra. Tanta exteriorización de violencia hace llorar incluso a unas pequeñas larvas que hay entre el público, que se asustan del miedo que les da Francis cuando abandona su habitual aspecto de mariquita. Una mariquita que es un tío y además es un broncas asusta a cualquiera, además de sorprender.

Una segunda secuencia nos muestra a su amigo, el insecto palo, terciando en la disputa con las moscas: "No habléis así a Mari". Francis responde: "Te he oído larguirucho". Su propio amigo no le llama por su nombre, sino que le llama Mari, burlándose de él, entrando en el juego. Hasta ahora tenemos planteado un problema, digámoslo así, de género: Francis es un hombre con un "cuerpo de mujer", un hombre, un insecto de sexo masculino que pertenece a una especie cuyo nombre genérico es el de "mariquita", lo que induce al equívoco. Pero este problema viene a solaparse con un segundo problema no menos importante, a saber, que "mariquita" no sólo es un nombre que lleva a pensar en lo femenino -por la semejanza con el morfema de genéro "-a"-, sino que es un término corriente en castellano para designar peyorativamente a los gays. Francis, además de sufrir un problema de género, padece las consecuencias de una opción sexual socialmente denigrada. Francis es un hombre con apariencia de mujer, pero sigue siendo un hombre; Francis es un hombre en el cuerpo de una mujer, un transexual; Francis es además (una) mariquita, digámoslo también, un travestido. Las cosas se le complican muchísimo: no tiene más opción que la de escoger entre transexual o travestido, heterosexual o gay. Todo ello por ser portador del significante "mariquita". Dejemos aquí, por el momento, la cuestión. Y sigamos con la caracterización progresiva del personaje.

Una tercera secuencia nos muestra el encuentro con las moscas, después del desafío de Francis, en un bar, ya fuera del circo. Éstas aparecen y, al verlo, dicen: "¡Ahí está esa!", designándolo en femenino. Y empieza una brutal escena, una horrible escena de provocación y de humillación de una violencia de género absolutamente increíble: "¿Cómo estás marinena?", "¡Qué bonita! ¡Qué bonita es la mariquita!", dicen las moscas, que son tres y una es enorme, mientras sujetan cada una las alas de Francis y las mueven de arriba abajo. El espectador gay, yo en este caso, se siente por completo horrorizado al ver retratado de esa forma tan realista algo demasiado conocido y que pone los pelos de punta. En una película de dibujos animados, en una película inocente para niños cuyos personajes son insectos, de pronto aparece una escena de humillación y violencia contra una mariquita tal cual. En esta secuencia del bar, a mi juicio y desde mi sensibilidad, es clara la preponderancia de la discriminación por opción sexual, por ser marica, sobre la de género. Se pueden hacer muchas lecturas de esta escena, pero quien no reconozca a dos sujetos homófobos humillando a un gay, llamándolo "marinena" y diciéndole "qué bonita es la mariquita" sencillamente no está interpretando, está participando en un cierto holocausto. No se necesita mayor confirmación. Aun así la cosa sigue y se disipa cualquier equívoco posible cuando una de las moscas le dice a Francis: "¡Vamos, payaso, levántate y lucha como una chica!". Esta vez se dirige a él en femenino, se da por enterado de que es un hombre, pero le dice que luche como una chica. No recuerdo ninguna otra escena de cine no animado tan descarnada como ésta.

Una cuarta aparición de Francis, menos violenta en los términos y queriendo ser más simpática, nos lo muestra rodeado de las hormigas benjaminas del hormiguero que lo han hecho su héroe. Éstas aparecen y le dicen: "Señorita Francis [...] Por votación será nuestra madrina honoraria". Las pequeñas lo han tomado sin más por una señorita y lo han convertido en madrina. Su nombre, encima, es susceptible de declinarse en femenino, ya que en nada estorba al oído que el señor o el señorito Francis, pueda pasar a ser la señorita Francis. Nuestro protagonista se resigna. Éste parece ser su sino.

Poco después, de nuevo rodeado e incordiado hasta el infinito por sus pequeñas admiradoras, dejándose hacer, dos señoras hormigas que contemplan la tierna escena se dicen la una a la otra: "Mira, es como una madre para todas". Francis también es madre. No puede evitar esta actitud maternal tampoco. Todo le va estupendamente de cara a la galería y recibe aprobación y obtiene incluso éxito social cuando se comporta como una mujer. Cuando decide mostrarse tal y como es, como un hombre, las larvas del circo salen llorando y, en esta escena, cuando se cansa de ser madre y madrina y espanta a las hormigas, todas las pequeñas que tanto lo adoraban se echan a llorar. A Francis le cuesta mucho trabajo ser auténtico. No le dejan ser lo que es. En cuanto lo intenta, es inmediatamente sancionado. Si es que sabe lo que es y quién es, lo que quiere y lo que le gusta, cuándo finge y cuándo no: está absolutamente extraviado en lasperformatividades de género.

La última secuencia en la que se resuelve el peculiar conflicto de esta mariquita sucede del modo siguiente: Flic, la hormiga protagonista, se siente derrotado. Todo le ha salido mal y exclama desconsolado: "Dime una cosa que haya hecho bien". Sus amigos del circo intentan consolarlo de algún modo hasta que el insecto palo da con la clave para nuestro asunto: "De no ser por ti, Francis no habría entrado en contacto con su lado femenino". Outing a lo bestia. Delante de todo el mundo, su mejor amigo reconoce que Francis tiene un lado femenino que no quería reconocer, pero que por fin lo ha hecho. La mariquita intenta resistirse, pero no puede: "¿Ah sííí? Pues,... ¿sabes?... tienes razón".

La solución final del conflicto de identidad parece suavizar las cosas y dejarlo todo en tonos grises, en vez de los tonos rojos sangre de la mariquita, salpicados y contrastados por negros puntos. Moraleja Disney: todo los hombres tienen su lado femenino y está bien y es bueno que lo reconozcan y lo asuman para ser más felices, más sincero consigo mismos y mejores hombres, al fin y al cabo. El problema es cuando dicha problemática se vehicula a través de un significante tan marcado como es el de "mariquita" que lleva las cosas por muy distintos derroteros, cambiando el escenario completamente y remitiendo a una problemática social mucho más sangrante. Aparte de que esta magnífica moraleja de Disney en absoluto concuerda con la mayoría de las mentalidades paternas y maternas que están viendo la película. A muy pocos padres les agradaría ver (ni mucho menos contribuir ni fomentar) cómo su hijo va descubriendo e integrando sin conflictos su lado femenino. A casi ningún padre le agradaría que, después de ver Bichos, su hijo saliera de la sala impactado por Francis, habiéndose identificado con él hasta la médula y que en adelante Francis fuera su héroe en vez de Flic, la hormiga audaz, valiente y aventurera, verdadero protagonista de la historia. Seguramente, cuando su hijo le pidiera tener Bichos en vídeo y le exigiera comprarlo con la carátula de Francis (el vídeo se comercializa con cuatro carátulas distintas, una de ellas, con la mariquita), a lo mejor no se plegaba a sus deseos, poniendo quizás como excusa, que lo importante es la película, no la carátula, sin querer dar su brazo a torcer.

Lo más curioso de la crisis de identidad de este bicho raro que es la mariquita es que sólo se produce en estos términos para los espectadores castellanoparlantes. Es decir, que Francis sólo es homosexual cuando vemos Bichos en castellano, idioma en el que "mariquita" tiene esta connotación inequívoca (no queda excluido que ocurra también en otro idioma). En inglés, la lengua original de la película, las cosas suceden de otro modo: Francis no tiene ningún conflicto homosexual no asumido, su problema es sólo uno, que porta un nombre genérico que contiene dos lexemas, uno de los cuales es lady. En inglés[1], mariquita, el insecto, se dice ladybug o ladybird. ¿Cómo ser lady y ser un tío? es el problema de Francis en inglés. Lo que las moscas le dicen es: "Hey, cutie!, wanna pollinate with a real bug?". Una ladybug no es a real bug. Ladybug, para las moscas, parece ser una contradicción en los términos. Lo que intenta desmentir la respuesta de Francis: "So, bein' a ladybug automatically makes me a girl, is that it, fly boy?", con pocas probabilidades de conseguirlo, ya que, a todas luces, está diciendo una tontería: ser una lady no implica necesariamente ser una girl. Evidentemente que no, pero eso es algo que hay que explicárselo a las moscas, de género insecto, de género humano o de género imbécil. Es necesario explicar por qué se puede ser un hombre en un cuerpo de mujer, por qué se puede ser un hombre con aspecto de mujer, etc., etc., etc.
That's all folks!

[1] En alemán sucede algo semejante, con una ligera variación. Mariquita se dice Marienkäfer. En este caso, la feminidad viene significada, no por el nombre genérico lady, como sucedía en inglés, sino por el nombre propio Marie. Los juegos de palabras que, no obstante, tienen lugar son similares. No se dirá Srta. ni Lady Francis, sino Fräulein Käfermarie. Pudiéndose anotar además que, coloquialmente, ein netter Käfer equivale a una "chica bonita".

Paco Vidarte www.sentidog.com

Un minuto en el cono del silencio: murió Don Adams


Se fue el símbolo de una época, que atravesó sin embargo varias generaciones. Don Adams, el popular actor que protagonizó la serie El Súper Agente 86, murió el domingo a los 82 años en el hospital Cedar’s Sinai de Los Angeles. Según informó ayer su agente y amigo Bruce Tufeld, la salud de esta estrella de televisión de 82 años era muy frágil desde que se fracturó la cadera el pasado año. De hecho, hacía más de doce meses que Adams luchaba contra la infección pulmonar que causó su fallecimiento. Su verdadero nombre era Donald James Yarmy y había nacido en Nueva York el 13 de abril de 1923. Después de combatir como marine en Guadalcanal, durante la Segunda Guerra Mundial, Adams empezó a trabajar en el show de Ed Sullivan como cómico “stand up”. Sería el primer paso en el camino que lo llevó a Get Smart, un éxito inmediato que tendría fama mundial.
La recordada serie ideada por Mel Brooks y Buck Henry parodiaba a las películas de espionaje que abundaban durante aquellos años de Guerra Fría. En medio de un clima paranoide y patriotero en el que se combatía políticamente en todos los campos posibles, Maxwell Smart mostraba un modelo de héroe mucho menos avispado que el James Bond que había ideado Ian Flemming. Sus ineptitudes se hicieron populares entre el público de todo el mundo, al igual que los avanzados aparatos que utilizaba la agencia “C.O.N.T.R.O.L.”, entre los que se cuenta el famoso “zapatófono”.
“C.O.N.T.R.O.L” tenía su oficina central en el corazón de Washington, y su fachada era una vieja tintorería. La presentación, en la que Smart iba atravesando un conjunto de puertas, puede ser reconocida por personas de más de dos generaciones, al igual que el sacudón que el agente daba después de levantar el tubo telefónico de la cabina supersecreta que había en el interior del cuartel general. El objetivo de “C.O.N.T.R.O.L” era “poner a salvo la paz del mundo de las manos de los agentes de KAOS”, un trabajo que siempre estaba a punto de quedar inconcluso y que, décadas después, tiene reminiscencias extrañamente familiares.
La serie se inició el 18 de septiembre de 1965 y continuó durante cinco temporadas (cuatro en la NBC y una en la CBS). Durante ese período ganó dos veces el premio Emmy como mejor comedia y en tres ocasiones le proporcionó el galardón a Adams como mejor intérprete. Una de las fórmulas del ciclo que constó de 137 episodios fue el de manejar dos planos de la comicidad: uno lineal e ingenuo y otro cargado de referencias a la política, al statu quo y al estilo de vida estadounidense.
El actor llegó a escribir y dirigir algunos de los capítulos de la serie. Trabajaron con él la hermosa Barbara Feldon (La 99), Edward Platt (El Jefe), Robert Karvelas (Larrabee), David Ketchum (Agente 13), Bernie Kopell (Sigfrido) y Milton Selzer (Parker), entre otros. Muchos todavía recuerdan cómo la relación entre Adams y su colaboradora, la “agente 99” (Barbara Feldon), fue avanzando hasta el matrimonio en la serie, donde tuvieron gemelos. El programa todavía pervive en diversas señales de aire y cable de la televisión de habla hispana.
Después de Get Smart, la estrella condujo el programa Don Adams’ Screen Test, en el que los concursantes tenían que reproducir famosas escenas de películas. En los ’70 fue parte de una serie televisiva sin mayor repercusión llamada The Partners y también se ganó la vida haciendo humor en locales nocturnos donde desplegó su probado talento. Adams también prestó su voz al famoso dibujo animado Inspector Gadget antes de volver a personificar a Smart en las poco felices The Nude Bomb (El Súper Agente 86 y la bomba que desnuda) y Arnold y el Súper Agente 86.
Tuvo tres mujeres. Para trabajar tomó el apellido de la primera de ellas, la cantante Adelaide Adams, porque estaba cansado de que con su apellido irlandés y húngaro de Yarmy siempre lo llamaran entre los últimos a las pruebas de rodaje, que iban por orden alfabético. Sus matrimonios –que terminaron en divorcio en todos los casos– le dejaron siete hijos.
Aunque Get Smart fue el único trabajo de éxito de Adams, el actor señaló en una entrevista reciente que se sentía orgulloso dado que su única meta en la vida había sido la de “hacer reír al público”. El gremio de los temibles operarios de los recontraespionajes está de luto.

Facundo García.

La guerra del Che


Álvaro Vargas Llosa acaba de calificar al guerrillero argentino como "máquina de matar". O Donnell le responde. Un mito que resulta molesto.

Álvaro Vargas Llosa, cuyo mayor mérito literario es ser hijo de escritor famoso, ha publicado en distintos medios internacionales una serie de artículos denostatorios del Che Guevara que están en línea ideológica con sus exaltados apoyos a las invasiones de Afganistán e Irak, y a sus críticas a los movimientos populares latinoamericanos.
En el primero se extiende sobre el remanido argumento de la cooptación de la imagen del Che en camisetas y tatuajes por el sistema capitalista, aunque deja en claro a pesar suyo que la foto de Korda siempre es irritativa, desafiante, nunca banal, como lo demuestra su enojo porque Santana mostró al guerrillero argentino en su vestimenta cuando subió al escenario del Oscar para interpretar una canción que se refería… al Che.
En otro párrafo hace referencia a la reconocida honestidad del Che, reduciéndola a la sincera confesión en sus diarios de dolorosas acciones de guerra que Vargas (hijo) pretende identificarlas con malignidad personal. La elogiable honestidad de Guevara es la que unánimemente testimonian quienes compartieron sus años de funcionario durante los cuales no se permitió la más mínima prebenda, ni siquiera en cuidados que hubieran aliviado sus graves crisis asmáticas.

La máquina de matar. El segundo artículo lleva el poco sutil título de "El Che Guevara: una violenta, selectiva y fría máquina de matar", como si quisiera convencernos de ello antes de desarrollar sus argumentos. En él reitera fallas graves de investigación como que al amor de adolescencia de Guevara la llama "Chichita" cuando es "Chichina", a la quebrada del Yuro la llamará "barranco", equivocará la fecha en que Mobutu se consagrará presidente del Congo.

Para probar el alma demoníaca y asesina del Che, Vargas (hijo) reproduce una frase de la carta dirigida a una compañera de facultad en la que cuenta que durante su experiencia en Guatemala se convenció de que si Arbenz hubiera fusilado a algunos de los complotados en su contra "el gobierno hubiera conservado la posibilidad de devolver los golpes". Esa extrapolación, como todas las demás, oculta los muy interesantes argumentos de quien entonces no era más que un joven aventurero dolido por la injusta condición social de Latinoamérica y creía haber descubierto al culpable de ello, el capitalismo y su nave capitana, los Estados Unidos. La violencia de sus "marines" desembarcados para derrocar al democrático presidente Arbenz lo convence de que la única posibilidad de enfrentar y derrotar a un enemigo tan poderoso es también con la violencia. A esa convicción, que podemos o no compartir, dedicó su vida y por ella se inmoló.

En el voluntario falseamiento de la historia, en línea con los varios sitios de internet únicamente dedicados a denostar al Che, Vargas (hijo) miente "la ejecución de dos decenas de personas en Santa Clara". Es cierto en cambio que el Che asumió, por ser la máxima autoridad militar, la discutible tarea en la Fortaleza de La Cabaña de refrendar las ejecuciones dictadas por tribunales de justicia popular. Seguramente es lo más reprochable de su vida pero Vargas (hijo) se ocupa prolijamente de obviar que los ejecutados eran los asesinos y los torturadores de una dictadura como la de Batista, a cuya ferocidad el autor no se refiere en ninguna de sus líneas. Y que las ejecuciones, según la versión del respetado historiador norteamericano Hugh Thomas, no pasaron de 200 mientras que Vargas (hijo) prefiere contabilizar las 2.000 que esgrime el agente de la CIA Félix Rodríguez, el mismo que tendrá activa participación en el asesinato del argentino en La Higuera.

El puritano. En la tercera nota el Che es acusado de puritano. Está claro que calzaba mejor si Guevara hubiera sido alcoholista, drogadicto, pervertido sexual, ignorante, como lo fuera Batista. Pero como en realidad llevaba una vida casi monacal, la misma que recomienda a los combatientes en su manual del guerrillero, Vargas (hijo) lo acusa de querer imponer una absurda "sharia" para abolir la prostitución obviando que Cuba era un país al que los turistas extranjeros habían transformado en un inmenso lupanar. Una decisión relacionada con los derechos humanos de la mujer cubana que molesta al hijo de su padre.
Acentuando la pobreza argumental, Vargas (hijo) se explaya sobre "el impulso de desalojar a otros de sus propiedades" como si se tratase de una compulsión patológica, cuando es obvio que debería asociarlo con el concepto marxista, que el Che hacía suyo, de que la construcción del socialismo era incompatible con la propiedad privada. Es que para el argentino el cambio social no era una entelequia, lo que queda evidenciado en la formidable anécdota del encuentro Nasser-Guevara cuando éste le pregunta al presidente egipcio, quien hacía alarde de la revolución por él emprendida, "¿cuántas personas abandonaron su país debido a las reformas?". "Ninguna", respondió Nasser, quien a continuación no pudo disimular su disgusto cuando escuchó que "la profundidad de un cambio debe medirse por el número de personas que sienten que no tienen lugar en esa sociedad nueva". Lo insólito es que Vargas (hijo) la reproduce como crítica a Guevara

Lo que Vargas (h) no puede percibir por lo reaccionario de sus ideas es que es justamente esa vigorosa convicción en sus ideales, que a la postre lo llevaría a enfrentar hidalgamente la muerte, lo que garantiza al Che su supervivencia en un mundo donde las emociones se han vuelto "light", donde los principios se disuelven en la inescrupulosidad, donde el éxito mediático sustituye a la espiritualidad, donde el coraje deja paso a la astucia. La enorme mayoría de los que admiran a Ernesto Che Guevara no son marxistas ni comulgan con sus métodos, simplemente lo exaltan porque el Che sabía qué hacer con su vida y así justificó su paso por este mundo.

Vargas (hijo) se permite también ironizar sobre la concepción guevarista del "trabajo voluntario", el estímulo moral como contraposición del estímulo material preconizado no sólo por el capitalismo sino también por Moscú. Muy lejos de constituir "exquisitas oportunidades para fotos del Che estibador, el Che recolector de caña, el Che obrero textil", como si se tratase de "Carlitos policía" o "Carlitos bombero", Guevara estaba convencido de que una sociedad basada en el colectivismo debía ser partera del "hombre nuevo", alguien que no adorase al becerro de oro del consumismo, que no hipotecase su identidad en el "tener"por sobre el ser, que hiciera del trabajo no una penosa exigencia sino una contribución gozosa a un mundo mejor. Si el Che fracasó en ello, no deberíamos festejarlo.

En su obstinación por demonizar al Che, preocupado porque su ejemplo no cunda, Vargas (hijo) miente que el alejamiento de la Unión Soviética se debió a que Guevara "acusó a Moscú de ser demasiado blando ideológica y diplomáticamente". La verdad es que la disidencia se fundamentó en que el Che consideraba que la política económica que Moscú imponía en todos los países de su bloque, también en Cuba, estaba equivocada. Por ejemplo se opuso a la competitividad entre las empresas estatales que los economistas soviéticos suponían sería el antídoto para la baja productividad de los países socialistas por considerarlo un "caballo de Troya" de esencia capitalista que a la postre llevaría al derrumbe comunista.

De lo que se trata es de ocultar la confrontación del Che con Moscú pues eso contradice la estrategia, evidente en las notas de Vargas (h), de mostrarlo como un comunista frío, cruel y asesino, salteando la falta de apoyo del PC boliviano. Es que Guevara se había transformado en un incordio para la estrategia del PC en Latinoamérica, no sólo porque violaba la "coexistencia pacífica" sino también porque sus diferencias teóricas y metodológicas generaban escisiones "guevaristas"en los partidos oficiales. En los últimos de sus tiempos el Che tenía sobre sus talones no sólo a la CIA sino también a la KGB.
Una comparación desafortunada. El último artículo finaliza con una insólita comparación del Che ¡con nuestro Alberdi!, presentado como un pacifista gandhiano, ignorando que si bien se opuso a la guerra de la Triple Alianza estuvo junto a Urquiza en Cepeda y Pavón.
Conclusión: no serán escribas mediocres y funcionales como Vargas Llosa (hijo) quienes lograrán asesinar la memoria del Che, reivindicada por mejores escritores como mi amigo Eduardo Galeano:

"¿Por qué será que el Che tiene esa peligrosa costumbre de seguir naciendo? Cuanto más lo insultan, lo manipulan, lo traicionan, más nace. Él es el más nacedor de todos.
¿No será porque el Che decía lo que pensaba y hacía lo que decía? ¿No será que por eso sigue siendo tan extraordinario, en un mundo donde las palabras y los hechos muy rara vez se encuentran, y cuando se encuentran no se saludan porque no se reconocen?". l

PACHO O’DONNELL

Brutal paliza a un niño de dos años


Mientras sigue la conmoción por la muerte de la beba cordobesa Ludmila, cuyos padres se encuentran detenidos acusados de haberle dado la paliza que terminó con su vida, en Santiago del Estero se conoció ayer el caso de un menor de dos años que se encuentra con muerte cerebral como consecuencia del golpe que el padrastro le provocó en la cabeza al lanzarlo contra una pared.

La madre del menor santiagueño, oriundo de La Banda, a 7 km de la capital provincial, que se encuentra presa -al igual que la pareja-, decidió donar los órganos del niño cuyo deceso parece inminente.

El pequeño se encuentra internado en el Hospital de Niños Eva Perón de la capital santiagueña con un cuadro severo de edema cerebral, según informó Leandro Gamba, jefe del servicio de terapia intensiva de ese nosocomio.

La madre fue quien trasladó al menor al hospital, donde informó a los médicos que se había golpeado jugando. Ese argumento fue puesto en duda por los especialistas, que comenzaron a interrogarla. Finalmente, la mujer les confesó que su marido, padrastro de la criatura, lo había tomado del cuello y arrojado contra la pared de la casa en la que viven. La jueza de menores María Cuestas de Molina ordenó la detención de la pareja.

Representantes del Incucai local se entrevistaron con la madre del menor, la que decidió donar los órganos.

"Tenemos que tomar conciencia y decir firmemente que el maltrato infantil existe en Santiago del Estero", afirmó la titular de la Oficina del Derecho del Niño y el Adolescente, Miriam Romagnoli.

Por su parte, Gamba aseguró que en el hospital Eva Perón hay tres niños internados tras haber sido golpeados por sus padres, aunque ninguno con la gravedad del que se encuentra hoy con muerte cerebral. Al cierre de esta edición, el Incucai esperaba el permiso de la jueza para obtener la autorización por escrito de la madre del menor para comenzar con la ablación de los órganos.

Declaración

En tanto, en Córdoba, la muerte de Ludmila, la imputación de homicidio calificado por el vínculo, las evidencias de lesiones anteriores sobre la víctima y el hallazgo de restos de droga en el hogar se convirtieron en serias agravantes para la situación procesal de los padres de la beba de cuatro meses que permaneció cerca de una semana con muerte cerebral y que dio lugar a una controversia judicial sobre el retiro del respirador que tenía conectado.

Sus progenitores, Sebastián Alejandro Bachetti, de 22 años, un trabajador desocupado, y Estefanía Santa Cruz de 21, estudiante universitaria -oriunda de Reconquista, Santa Fe-, deberán declarar mañana ante la Justicia.

Fuentes judiciales dijeron ayer que ambos podrían verse aún más comprometidos por un informe de médicos forenses que registraron otras dos lesiones óseas anteriores -en una costilla y en una pierna- en la nena, presumiblemente como fruto de palizas a la que la habrían sometido sus propios padres.

Hijitus: 50 años del primer superhéroe argentino


Almería, España. En una de las paredes del Bar Tito cuelga una foto: un hombre de finos bigotes sostiene en un sus manos una estatuilla del Oscar. Más abajo, un retrato de Elías Disney, y al lado, una foto del médico Ginés Carrillo. Con ese tipo de datos, el libro "Hollywood's Dark Prince", intenta demostrar que Disney es hijo ilegítimo del Doctor Carrillo y de una lavandera de la zona, llamada Isabel Zamora, que lo lleva a Estados Unidos y lo abandona a los pocos meses.

Mezcla de realidad y ficción, es pura coincidencia que también en Almería, en 1929, haya nacido Manuel García Ferré. Con 17 años— escapado de la guerra civil española— recorrió las redacciones de Buenos Aires hasta que en 1952 Constancio Vigil aceptó en Billiken su primera historieta, "Las Aventuras de Pí-Pío". La historia de un canario que pasa de linyera a sheriff en el ecosistema de la imaginaria Villa Leoncia. En esa saga, Ferré alumbró su sueño más exitoso: Hijitus.

Primitivo y casi ajeno al más difundido, el niño, descendiente de faraones, debutó en la tira en septiembre de 1955. Era entonces de cabeza ovalada y llevaba seis largos pelos y una galera desfondada. Contemporáneo al Tetsuwan Atom (Astroboy), creado con la inocencia y el poder necesario como para detener tragedias atómicas como Hiroshima.

De Villa Leoncia, Hijitus saltó a la tele, 1967, con "Las Aventuras de Súper Hijitus", el primer dibujo animado argentino hecho para TV. A diario, millones seguían la historia de un chico pobre (contemporáneo también al Juanito de Berni) cuyo sombrero mágico lo elevaba a superhéroe protector de Trulalá. Los capítulos de Hijitus iban de lunes a sábado por Canal 13 y se repetían, todos juntos, en los ómnibus históricos "Sábados Circulares" y "La Feria de la Alegría".

El mundo ni enterado, pero Hijitus adelantó el reloj al incorporar personajes reales en sus aventuras: por Trulalá pasaron el animador de animadores Pipo Mancera, el cantante beat Donald y Ulises Barrera, voz del box. Lo mismo, pero después, hizo Matt Groening en Los Simpson.

Frente a enlatados yanquis y japoneses, Hijitus mandaba. Así, pasó a forma cinematográfica y hasta se exportó al resto de Latinoamérica. El merchandising florecía en golosinas, remeras, juguetes y colonias, leche chocolatada, figuritas. García Ferré, como Disney, tenía su imperio. Pero en Trulalá, una ciudad arrabalera, apenas urbana, cuyo héroe vivía en un caño, el "medio caño" que el desarrollismo imaginó como alternativa al rancho.

Cincuenta años después, es imposible no ver a Villa Leoncia y Trulalá como postales del paisaje cultural argentino. "¿Que un personaje de un artista tan popular y con una capacidad creativa como García Ferré cumpla cincuenta años y no se realicé ningún tipo de festejo es, cuando menos, una falta de respeto, no?", sentencia Pablo Sapia, curador e impulsor de la muestra en homenaje a Hijitus que abre el Centro Cultural Recoleta el 22. Para Sapia, que fatigó cuatro meses hasta convencer al ermitaño dibujante de esta muestra, el paralelo entre Ferré y Disney es inexacto. "La mayor diferencia es que Disney era un gran conductor para el que trabajaban muchos artistas mientras García Ferré creaba y dibujaba solo".

Solo, como su inocente y poderoso Hijitus, acaso un huérfano trasplantado del horror de la guerra civil española.

En números:

45
Es el número de episodios de "Súper Hijitus" que se pasaron por Canal 13 entre 1967 y 1974. Los episodios iban de lunes a sábados y duraban media hora.

1996
Es el año en que se repuso la serie al mediodía y alcanzó los nada despreciables doce puntos de ráting. No tuvieron éxito, en tanto, los nuevos capítulos aggiornados a la década del noventa.

1973
El año en que se estrenó el largo "Las aventuras de Hijitus". La serie de TV era en blanco y negro pero se filmó en color para el futuro.

Fernando García y Matías Repar

Las Muletas


Una vez un hombre se lastimó una pierna. Tuvo que caminar con una muleta. Esta muleta le resultaba muy útil, tanto para caminar como para muchas otras cosas. Enseñó a toda su familia a usar muletas, transformándose pronto en un objeto utilizado en la vida diaria. Era parte de la ambición de todos el llegar a poseer una muleta. Algunas estaban hechas de marfil, otras adornadas con oro. Se abrieron escuelas para enseñar su uso; fueron creadas cátedras para ocuparse de los aspectos superiores de esta ciencia.

Unas pocas, muy pocas, personas empezaron a caminar sin muletas, Esto era considerado escandaloso, absurdo. Además existían tantos usos para las muletas. Algunos protestaron y fueron castigados. Trataron de demostrar que una muleta podía ser usada a veces, cuando fuese necesario, o que muchos de los usos que se le daban a las muletas podrían ser suministrados de otras formas. Pocos escucharon. Para vencer los prejuicios, algunas personas que podían caminar sin ellas comenzaron a actuar de una manera totalmente diferente a la establecida por la sociedad. No obstante, seguían siendo pocos.

Cuando se descubrió que, habiendo usado muletas durante tantas generaciones, pocas personas podían, de hecho, caminar sin ellas, la mayoría «demostró» que eran necesarias.

«Aquí - dijeron - tenemos un hombre. Traten de hacerlo caminar sin muletas. ¿Ven? No puede.»

«Pero nosotros estamos caminando sin muletas», les recordaron los que caminaban normalmente.

«Eso no es cierto, es una mera fantasía de ustedes», dijeron los tullidos, que para entonces también estaban volviéndose ciegos; ciegos porque se rehusaban a ver.



Historia Sufí

Camelias fragantes


SALZBURGO

Hacia 1840, según dice la leyenda, un granjero normando, menesteroso y sin escrúpulos, vendió su hija de 16 años a un aristócrata, el duque de Guiche, quien, además de hacerla su amante, enseñó a la muchacha literatura y buenas maneras. Ella se llamaba Alphonsine Plessis, pero se rebautizó Marie, porque